Agosto, mes de las infancias: números, chicas y chicos

Trabajo adolescente y empleo juvenil en Argentina durante el mes de las infancias

Por Carlos del Frade

La digestión social

Así le llamaron al caldo social, económico, cultural y político que transitó la Argentina entre el siglo diecinueve y el veinte.

Miles de inmigrantes que nunca pudieron hacer la América y miles de afrodescendientes y otros tantos miles de habitantes originales que fueron explotados en forma simultánea a la concentración de tierras y riquezas en pocas manos.

En semejante proceso, feroz y silenciado por medios oficiales e historias impuestas, las chicas, los chicos y la pibada eran deglutidos en el altar que prometía la división internacional del trabajo y la brillantez del país del primer centenario.

Desde entonces surgió la idea de la piba y del pibe que trabajaban para ganarse el pan. En el campo, la montaña o las ciudades puertos que surgían como consecuencia del modelo dependiente, la granja del mundo y el patrón del planeta, el taller del mundo, la rubia Albión, Gran Bretaña.

Las desigualdades

Al tiempo que avanza la destrucción del derecho laboral, crece el mundo invisible del trabajo adolescente en la Argentina que se desvanece.

“Desigualdades territoriales en la inserción laboral formal de adolescentes y jóvenes en la Argentina (2011-2021)” es el título del trabajo del Observatorio de Trabajo Infantil y Adolescentes de mayo de 2026.

Allí se señala que el empleo formal de adolescentes y jóvenes presenta una marcada concentración en las regiones centrales del país. En particular, la región Pampeana (32,3%), la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (24,3%) y los Partidos del Conurbano bonaerense (16,9%) reúnen más del 70% del total de los casos analizados.

A nivel provincial, esta concentración se explica principalmente por el peso de un conjunto reducido de jurisdicciones -CABA, la provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe- que en conjunto concentran más de la mitad del empleo formal juvenil.

Se observa un predominio sostenido de los varones en el empleo formal juvenil, quienes representan el 63,1% del total, frente al 36,9% de las mujeres. Esta desigualdad se verifica en todas las regiones, aunque con distinta intensidad: la participación femenina alcanza su valor más alto en CABA (42,8%), mientras que desciende significativamente en el NEA (30,9%).

A nivel provincial, estas diferencias se profundizan, con mayores niveles de participación femenina en CABA y menores en provincias del norte como Corrientes, Formosa y La Rioja.

La inserción laboral formal de los jóvenes reproduce las características productivas de cada región. En CABA predominan los servicios avanzados, mientras que en el Conurbano bonaerense y la región Pampeana adquieren mayor relevancia la industria manufacturera y el comercio.

La inserción laboral de adolescentes y jóvenes constituye una dimensión clave para comprender la dinámica del mercado de trabajo y las oportunidades de integración socioeconómica en la Argentina. En este proceso, el acceso al empleo formal adquiere particular relevancia, en tanto no solo implica mejores condiciones laborales y de protección social, sino que también incide en las trayectorias futuras de empleo, ingresos y estabilidad ocupacional.

A nivel provincial, el empleo formal de adolescentes y jóvenes se concentra fuertemente en un conjunto reducido de jurisdicciones. En particular, CABA (24,3%), los Partidos del Gran Buenos Aires (16,9%) y el resto de la provincia de Buenos Aires (13,2%) reúnen más de la mitad de los casos analizados. A este núcleo se suman Córdoba (8,6%) y Santa Fe (7,6%), reforzando el peso estructural del centro del país.

Por su parte, en provincias de la región Pampeana y Patagonia predominan situaciones intermedias, con niveles de participación femenina cercanos al promedio nacional, como en Santa Fe (34,3%), Mendoza (34,7%), Neuquén (35,2%) y Río Negro (35,4%), lo que refuerza su carácter más equilibrado en términos de composición por sexo. CABA y región Pampeana (patrón intermedio): CABA, Córdoba y Santa Fe muestran distribuciones cercanas al promedio nacional, con predominio del inicio después de los 22 años, pero con una presencia relevante de inserciones entre los 18 y 21.

Estos números ponen en evidencia la repetición de la matriz de la dependencia y su principal demostración: la vida laboral de las chicas y los chicos. En sus existencias se observan las consecuencias de un país saqueado, concentrado y deformado de acuerdo a la impunidad de los bloques dominantes.

En los niveles de empleo y desempleo adolescente también emergen las hipocresías que este mes de agosto, el de las niñas y los niños, dominan la realidad de la mayoría de los que alguna vez fueron los únicos privilegiados.

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