En medio del brutal ajuste, Milei apuesta a la violencia en las redes sociales

El gobierno de Javier Milei lleva adelante un brutal ajuste que ha dejado miles de trabajadores en la calle, jubilados pauperizados, empresas cerradas, reformas laborales que vuelven al siglo pasado, planes sociales caídos, cierres de estructuras públicas vitales para la sociedad, salud y educación en crisis, entre otros dramas, que afronta día a día el pueblo argentino.

Sin embargo, el gobierno ha instalado en las redes sociales una realidad paralela que es el escenario fundamental para su política.

Para Javier Milei estas plataformas no son solo un canal de comunicación, sino un verdadero campo de batalla donde el insulto, la descalificación y la polarización parecen ser las armas preferidas.

Un repertorio de agresiones sin precedentes

Un informe reciente del Foro de Periodismo Argentino (Fopea), titulado “El insulto como estrategia, revela datos alarmantes: entre diciembre de 2023 y septiembre de 2025, Milei publicó más de 16.800 mensajes con contenido insultante, despectivo o estigmatizante en X (ex Twitter). 

Esto significa que uno de cada siete de sus posteos contiene agresiones, con un promedio de 60 mensajes ofensivos por día.

El análisis clasifica los insultos en cinco categorías: despectivos, estigmatizantes, de animalización, repulsivos y sexualizados. Entre los términos más utilizados figuran:

Según otro estudio de la consultora Ad Hoc, “La provocación permanente”, Milei acumuló más de 1500 insultos entre enero de 2023 y junio de 2025, convirtiéndose en el político no anónimo con mayor cantidad de agresiones en redes sociales en Argentina en los últimos dos años y medio.

Blancos preferidos: periodistas y opositores

Los profesionales de la comunicación son uno de los objetivos principales. El mismo informe de Fopea señala que un tercio de los ataques a periodistas en el país provienen directamente del presidente. En múltiples ocasiones, Milei ha calificado a informadores de “delincuentes del micrófono”, “extorsionadores” o “cómplices de un modelo siniestro”, generando un clima de intimidación que ha sido condenado por organizaciones de defensa de la libertad de expresión.

Un episodio especialmente grave ocurrió en 2025, cuando el mandatario publicó y republicó más de 65 mensajes contra la periodista Julia Mengolini, acompañados de un video falso que difamaba su imagen. Expertos advierten que este tipo de acciones no solo dañan la reputación de las personas, sino que también ponen en riesgo su seguridad física y psicológica.

¿Estrategia o estilo?

Para muchos analistas, el uso sistemático del insulto no es un desliz, sino una estrategia calculada. “Milei marca el tono de la conversación digital. Es el principal provocador no anónimo, y además es premiado electoralmente por eso. Genera agenda a través del insulto”, explica Lucas Raffo, director de Ad Hoc.

Esta dinámica tiene consecuencias profundas en la cultura política. “Hay una estética del insulto que se legitima desde la cúspide del poder. Otros lo imitan: empresarios, periodistas, opositores y oficialistas. Eso genera un clima de época violento, crispado, con pocas chances de diálogo”, advierte Raffo.

El politólogo también señala que esta forma de comunicar erosiona la institucionalidad y degrada el debate democrático, reemplazando la argumentación por la humillación pública y convirtiendo las diferencias ideológicas en conflictos personales.

El costo social de la polarización

Más allá de las cifras, lo más preocupante es el impacto en la sociedad. Los posteos de Milei no quedan confinados a las pantallas: se propagan rápidamente, amplificados por una red de seguidores y cuentas afines, generando una espiral de odio y división.

En un contexto donde Argentina enfrenta desafíos económicos y sociales complejos, muchos preguntan si este estilo de liderazgo contribuye a construir consensos o, por el contrario, profundiza las brechas que ya existen.

Como señala el informe de Fopea, “el insulto como estrategia no resuelve problemas, sino que los agrava, y convierte la política en un espectáculo donde lo que importa no es la verdad, sino la victoria a cualquier precio”.

Hoy, la pregunta que queda en el aire es: ¿hasta dónde llega la libertad de expresión y dónde empieza el abuso de poder?

Mientras tanto, las redes sociales siguen siendo el escenario donde se juega parte del futuro de la democracia argentina, y cada tuit es una piedra más en la construcción —o en la destrucción— del tejido social.

Foto de Portada: fopea.org

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