Sector nuclear argentino en alerta: trabajadores y científicos denuncian desfinanciamiento y riesgo para la soberanía energética

Trabajadores y científicos alertan en Diputados por la crisis del sector nuclear argentino, el desfinanciamiento de la CNEA y el futuro del CAREM y Atucha.

La crisis del sector nuclear argentino llegó al Congreso. Trabajadores, científicos, investigadores y especialistas plantearon ante la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados una serie de advertencias sobre el futuro de una actividad estratégica para la soberanía energética, el desarrollo científico y la industria nacional.

El debate se produce mientras la energía nuclear recupera protagonismo internacional y numerosos países avanzan con nuevas centrales y reactores modulares. En ese escenario, los expositores cuestionaron el desfinanciamiento de organismos y proyectos argentinos y alertaron sobre la posibilidad de perder capacidades construidas durante más de siete décadas.


El sector nuclear llevó la crisis al Congreso

Diputada Nacional Julia Strada – Presidenta de la Comisión de Economía

La Comisión de Economía de Diputados, presidida por Julia Strada, convocó una reunión sobre la “Situación del sector nuclear: implicancias económicas”, con participación de representantes y trabajadores vinculados a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Nucleoeléctrica Argentina (NASA), Dioxitek, CAREM 25, Instituto Balseiro, INVAP y universidades nacionales.

La preocupación atraviesa prácticamente toda la cadena nuclear: generación eléctrica, investigación, producción de radioisótopos, medicina nuclear, fabricación de tecnología, agua pesada, uranio y formación de recursos humanos.

Uno de los puntos centrales es el futuro de Nucleoeléctrica Argentina, operadora de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse. Estas centrales aportan de manera estable entre el 7% y el 8% de la electricidad del Sistema Argentino de Interconexión. Al mismo tiempo, el Gobierno impulsa una transformación de la empresa que contempla la incorporación de capital privado, aunque el Estado conservaría el 51% de las acciones y los derechos de voto.

“Están desmantelando el plan nuclear argentino”

Ignacio Cortez, integrante del Grupo Física Estadística e Interdisciplinaria de la CNEA y delegado de ATE, lanzó una de las advertencias más contundentes de la jornada.

“Argentina es un país que domina la energía nuclear y la estamos perdiendo. Están desmantelando el plan nuclear argentino”.

Cortez destacó que la Argentina invirtió 76 años en desarrollar sus capacidades y sostuvo que el país pertenece al reducido grupo de naciones capaces de desarrollar tecnología nuclear propia.

Según planteó, la inversión fundamental ya fue realizada durante décadas y su pérdida no implicaría solamente un retroceso científico: pondría en riesgo una herramienta estratégica para la soberanía energética nacional.

Atucha I y una advertencia por US$2.000 millones

Rodolfo Kempf – Físico e investigador de la CNEA. Especialista en Combustibles Nucleares y residuos radiactivos

Otro de los puntos críticos planteados ante los diputados fue la situación de Atucha I.

Rodolfo Kempf, físico e investigador de la CNEA, cuestionó las demoras relacionadas con la extensión de vida de la central y dirigió fuertes críticas contra el asesor presidencial Demian Reidel.

Kempf advirtió que una paralización definitiva de Atucha I podría convertir una instalación que genera electricidad desde 1974 en una central destinada al desmantelamiento.

Según sostuvo durante su exposición, ese proceso podría representar un costo de alrededor de US$2.000 millones.

El investigador también alertó sobre el vaciamiento del proyecto CAREM y pidió al Congreso intervenir para frenar lo que definió como la destrucción de un área emblemática del desarrollo tecnológico argentino.

La fuga de científicos y una capacidad difícil de recuperar

La crisis presupuestaria tiene además una dimensión que excede las instalaciones y los proyectos: la pérdida de recursos humanos altamente especializados.

La ingeniera nuclear Julieta Romero participó de manera remota desde Francia, país al que emigró, y describió las consecuencias que provoca la salida de profesionales formados durante años en instituciones argentinas.

Explicó que cuando un especialista abandona el país no solamente desaparece una línea dentro de una estructura laboral. También se interrumpe la transmisión del conocimiento hacia nuevas generaciones y pueden quedar proyectos sin las personas capacitadas para continuarlos.

Romero comparó esa pérdida de experiencia acumulada con “un bosque incendiado” que necesitará años para volver a crecer.

Trabajadores rechazan una eventual privatización

Franco Gómez Coria, trabajador de la Central Nuclear Embalse, advirtió sobre el peligro de perder décadas de conocimiento y desarrollo argentino y cuestionó la incorporación de personas sin experiencia específica en puestos de conducción.


Franco Gómez Coria, trabajador de la Central Nuclear Embalse

Su pedido a los legisladores fue directo:

“Les pedimos a todos que nos defiendan, no nos entreguen, somos un bien público”.

También Daniel Durán, trabajador de Atucha I y II, puso el foco sobre el valor económico y estratégico de Nucleoeléctrica Argentina.

Durán reclamó que, ante cualquier posibilidad de incorporación de capital privado, la sociedad conozca cuánto vale realmente una empresa que administra activos capaces de garantizar generación eléctrica de base durante las 24 horas, los 365 días del año.

Medicina nuclear: una capacidad estratégica en riesgo

La actividad nuclear argentina tampoco se limita a producir electricidad.

Gustavo Santa Cruz, doctor en Física de la UBA, destacó las aplicaciones nucleares destinadas a la salud y recordó las décadas de investigación y desarrollo acumuladas por la CNEA.

Entre ellas mencionó el programa de BNCT (Terapia por Captura Neutrónica en Boro) para tratamientos avanzados contra el cáncer y los desarrollos argentinos vinculados con protonterapia.

El especialista remarcó la importancia del apoyo estatal inicial para sostener este tipo de tecnologías, que posteriormente pueden alcanzar condiciones de autofinanciamiento.

RA-10: un reactor avanzado, pero sin infraestructura suficiente

Otra señal de alarma apareció alrededor del reactor RA-10, proyecto destinado, entre otras funciones, a producir radioisótopos de utilización médica e industrial.

Tomás Avalone explicó que el reactor está llegando a la etapa final de construcción, pero denunció que se eliminó el presupuesto correspondiente a plantas anexas necesarias para aprovechar plenamente su capacidad.

Además, sostuvo que el proyecto quedó con alrededor del 50% del personal necesario para garantizar su operación.

El problema adquiere una dimensión económica significativa: según la exposición realizada en Diputados, la planta asociada necesaria para la producción de radioisótopos por fisión tendría un costo estimado de US$250 millones.

Argentina importa desde India el agua pesada que podría producir

La situación de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en Neuquén, fue otro de los temas planteados.

Alejandro Lucastegui, trabajador de mantenimiento informático y tecnológico de la planta, denunció ahogo financiero y pérdida de personal.

Según explicó, la Argentina necesitaría disponer de un stock de alrededor de 500 toneladas de agua pesada para cubrir la vida útil y el funcionamiento de sus centrales.

Sin embargo, ante la falta de producción de la PIAP, el país está importando agua pesada desde India.

La paradoja expuesta ante los legisladores es significativa: una Argentina que desarrolló capacidad propia para producir un insumo nuclear estratégico termina dependiendo del abastecimiento extranjero para sostener parte de su matriz energética.

El reactor CAREM en Lima (Zárate, Provincia de Buenos Aires) se encuentran totalmente paralizados y sufriendo un marcado deterioro

CAREM: mientras el mundo busca reactores modulares, Argentina frena el suyo

El futuro del CAREM ocupó un lugar central en la discusión.

La economista Verónica Roberts destacó que existe un creciente interés mundial por la energía nuclear ante los problemas de abastecimiento energético y puso particularmente el foco en los reactores modulares pequeños (SMR).

Según explicó durante su exposición, existen alrededor de 90 proyectos de este tipo en construcción en el mundo, entre los que se encuentra el desarrollo argentino.

El diferencial del CAREM no reside solamente en su diseño, sino en la experiencia de fabricación y producción acumulada por el país.

Es precisamente ese conocimiento, según Roberts, el que otorga valor internacional al proyecto argentino.

Uranio: otro eslabón estratégico

El debate nuclear también alcanza a la producción de uranio.

Argentina posee recursos del mineral, pero actualmente depende de importaciones para cubrir las necesidades de sus centrales nucleares.

La recuperación de la producción nacional aparece así directamente vinculada con la posibilidad de avanzar hacia el autoabastecimiento nuclear y reconstruir una cadena integrada que abarque desde los recursos naturales hasta la generación eléctrica y las exportaciones tecnológicas.

El tema cobra mayor importancia ante el crecimiento internacional de la energía nuclear, el desarrollo de nuevas centrales y reactores modulares y la consecuente demanda de combustible nuclear.

Una industria estratégica en un mundo que vuelve a mirar la energía nuclear

La discusión que llegó al Congreso plantea una contradicción de fondo.

Mientras la energía nuclear vuelve a ocupar un lugar central en las estrategias energéticas internacionales, la Argentina enfrenta dificultades para sostener proyectos que representan décadas de inversión estatal, investigación científica, formación profesional y desarrollo industrial.

Atucha, Embalse, CAREM, RA-10, PIAP, CNEA, INVAP, Dioxitek, Nucleoeléctrica y el Instituto Balseiro no constituyen piezas aisladas. Forman parte de un entramado científico, industrial y tecnológico construido durante generaciones.

Por eso, el reclamo expresado en Diputados excede la situación presupuestaria de un organismo determinado.

Lo que está en discusión es qué modelo nuclear tendrá la Argentina en las próximas décadas: uno que preserve y amplíe sus capacidades científicas, tecnológicas e industriales o uno en el que parte del conocimiento acumulado durante más de 70 años termine perdiéndose mientras el resto del mundo vuelve a apostar por la energía nuclear.

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