Casi 159 millones de brasileños están habilitados para votar este domingo en unas elecciones presidenciales marcadas por la polarización entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Las últimas encuestas ubican al actual mandatario en ventaja, pero sin garantizar una victoria en primera vuelta. Además de presidente, Brasil renovará gobernadores, la Cámara de Diputados y parte del Senado.
Brasil llega este domingo a una de las elecciones más disputadas de los últimos años. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva buscará un nuevo mandato frente a Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Aunque la elección presidencial cuenta con 12 candidaturas habilitadas, las encuestas concentran la disputa en Lula y Bolsonaro. El escenario mantiene abierta la posibilidad de que ninguno consiga superar el umbral necesario para resolver la presidencia en primera vuelta.
En ese caso, ambos podrían volver a enfrentarse el 25 de octubre.
La elección también trasciende la disputa entre dos candidatos. Los principales espacios políticos llegan a las urnas con proyectos diferentes sobre el papel del Estado, la política económica, las relaciones internacionales y la inserción de Brasil en un escenario global marcado por la competencia entre Estados Unidos y China.

Lula llega primero, pero sin una ventaja decisiva
Lula encara la elección al frente de una amplia coalición política y con Geraldo Alckmin nuevamente como candidato a vicepresidente.
El armado reproduce en buena medida la estrategia electoral que permitió el regreso del dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) a la presidencia en 2022. La alianza reúne al PT con el PSB y otros partidos que acompañaron al oficialismo durante el actual período de gobierno.
Las encuestas colocaron durante las últimas semanas a Lula por delante de Flávio Bolsonaro, aunque con una distancia insuficiente para considerar definida la elección.
Datafolha registró, en uno de sus últimos relevamientos, 42% para Lula y 38% para Bolsonaro sobre el total de votos. Al considerar solamente los votos válidos, la relación se ubicó en 45% contra 40%.
Las mediciones posteriores mostraron una diferencia todavía más estrecha, reforzando la incertidumbre sobre el resultado.
La tendencia también coincide con otros estudios mencionados durante la campaña, que mostraron a ambos candidatos separados por pocos puntos.
Por esa razón, el escenario de una segunda vuelta continúa siendo una posibilidad concreta.
Flávio Bolsonaro busca heredar el espacio político de su padre
Flávio Bolsonaro llega a la elección como principal representante del espacio político construido alrededor de Jair Bolsonaro.
El candidato del PL concentra buena parte del voto conservador y de derecha, aunque compite sin una coalición partidaria comparable con la construida alrededor del PT.
Su candidatura también proyecta sobre la elección brasileña debates que exceden las fronteras del país.
Entre ellos aparece la relación con Estados Unidos y, particularmente, con la administración de Donald Trump. Los textos analizados señalan el acercamiento del bolsonarismo con Washington como uno de los elementos que atravesaron la campaña.
Al mismo tiempo, Brasil mantiene una relación económica estratégica con China, su principal socio comercial, y ocupa un lugar central dentro de los BRICS.
Esa combinación convierte la elección en un acontecimiento observado más allá de América Latina.
Dos proyectos políticos frente a frente

La disputa electoral vuelve a enfrentar a dos espacios con concepciones diferentes sobre el rumbo de Brasil.
La coalición encabezada por Lula reivindica una mayor intervención estatal, políticas sociales y una estrategia internacional vinculada con una inserción multipolar.
El bolsonarismo, en cambio, propone profundizar una agenda económica más orientada al mercado, acompañada por posiciones conservadoras en materia social y de seguridad.
La política exterior también constituye uno de los puntos de diferenciación.
Brasil tiene un peso determinante en América del Sur y participa de espacios internacionales como los BRICS, mientras mantiene relaciones económicas decisivas tanto con China como con Estados Unidos.
El resultado electoral podría, por lo tanto, tener consecuencias sobre la orientación internacional de la principal economía latinoamericana.
Casi 159 millones de brasileños habilitados para votar
El padrón oficial está integrado por 158.765.543 electores.
La legislación brasileña permite votar desde los 16 años. El sufragio es obligatorio entre los 18 y los 70 años y optativo para otros segmentos establecidos por la normativa electoral.
La votación se realizará mediante urnas electrónicas.
Además de presidente y vicepresidente, Brasil elegirá gobernadores y vicegobernadores en los estados y el Distrito Federal.
También estará en juego la totalidad de la Cámara de Diputados, integrada por 513 bancas, además de una parte del Senado.
Por eso, la elección no solamente definirá quién ocupará el Palacio del Planalto. La composición del Congreso será determinante para establecer el margen político que tendrá el próximo gobierno.
Doce candidatos compiten por la Presidencia
Aunque la polarización concentra la atención en Lula y Flávio Bolsonaro, otras diez candidaturas participan de la elección.
Entre ellas aparecen Ronaldo Caiado, Romeu Zema, Augusto Cury, Renan Santos, Rui Costa Pimenta, Samara Martins, Edmilson Costa, Hertz Dias, Wilson Grassi y Clariana Barão.
La candidatura de Pablo Marçal, del PRTB, fue rechazada por la Justicia Electoral.
La presencia de candidatos de centroderecha, liberales y distintas vertientes de izquierda puede resultar relevante para determinar si alguno de los dos principales aspirantes consigue evitar el balotaje.
Los sondeos, sin embargo, muestran una fuerte concentración del voto entre Lula y Bolsonaro.
Lula busca otro mandato a los 80 años

La elección agrega otro elemento histórico.
Lula, que cumplirá 81 años el próximo 27 de octubre, intenta renovar su mandato después de una trayectoria electoral que atraviesa casi cuatro décadas de la historia política brasileña.
Fue candidato presidencial por primera vez en 1989, cuando perdió frente a Fernando Collor de Mello.
Volvió a competir en 1994 y 1998, elecciones ganadas por Fernando Henrique Cardoso. Finalmente llegó a la presidencia en 2002 y consiguió la reelección en 2006.
En 2018 intentó volver a presentarse, pero su candidatura fue inhabilitada por la Justicia Electoral.
Cuatro años después regresó a las urnas y derrotó a Jair Bolsonaro en las elecciones de 2022.
Ahora su principal adversario lleva nuevamente ese apellido, aunque esta vez se trata de Flávio Bolsonaro.
Una elección con impacto regional e internacional
La disputa brasileña excede las fronteras nacionales.
Brasil es la principal economía de América Latina, uno de los países más poblados del continente y un actor central en las relaciones entre América del Sur y las grandes potencias.
Su vínculo comercial con China, su participación en los BRICS y su relación con Estados Unidos colocan a la elección dentro de una competencia internacional más amplia.
Pero la primera definición estará exclusivamente en manos de los electores brasileños.
Las encuestas muestran a Lula en ventaja, aunque con una diferencia reducida frente a Flávio Bolsonaro. La dispersión de votos entre las otras diez candidaturas puede terminar siendo decisiva.
Si ninguno alcanza la mayoría requerida este domingo, Brasil deberá regresar a las urnas el 25 de octubre.
Será entonces cuando la confrontación que dominó toda la campaña quedará reducida a dos opciones y el electorado definirá quién conducirá al país durante el período 2027-2031.

