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El plan de «Toto» Caputo hace agua por todos los costados

El plan económico de Caputo hace agua por todos lados y la gente se moviliza.

Escrito por Carlos Ríos

Análisis de situación económica

Está cada vez más claro que el plan de Luis “Toto” Caputo, avalado por el presidente Milei, hace agua por todos los costados. Por mas que no lo reconozcan, se ha agotado al cocinarse en su propia salsa

Aunque festejen el hecho de que en medio de una recesión brutal pocas veces vista, la inflación tendría un supuesto curso descendente, todos los indicadores de la economía real están en abrupta caída.

Desde la recaudación fiscal, que se asienta en impuestos regresivos como el IVA y otros que afectan al consumo popular y no afectan, como debería ser, a los ingresos de las grandes fortunas.

Para obtener artificialmente esta inflación dentro de un dígito, el gobierno debió postergar varios aumentos de tarifas y transportes, tirarlas para adelante. Es decir que vuelve a dibujarlos números e incurre en contradicciones grotescas.

Veamos una de esas contradicciones grotescas:

Milei dijo que enviará una ley al Congreso para que, quién emita dinero, vaya preso. En tal caso, él mismo debiera estar bajo rejas. Ha emitido y lanzado al mercado más de 12 billones de pesos a la circulación desde que asumió en diciembre pasado. En parte para comprar dólares y el resto debió “esterilizarlos” canjeando pesos por deuda en dólares.

Ningún indicio muestra una recuperación económica, sino que, por el contrario, estamos en una depresión inédita con el cepo al dólar cada vez más reforzado.

No hay motor, ni fuerza motriz que vislumbre la reactivación.

No hay ningún motor, ninguna fuerza motriz que vislumbre cierta reactivación. Los salarios en los niveles más bajos y las jubilaciones y pensiones por el piso. Además, ha caído la recaudación fiscal en un 24%por efecto de la recesión.

Esto último es lo que les dificulta seguir dibujando el superávit fiscal. El cual está basado en pisar todos los pagos, endeudándonos con un criterio “de caja” contrario a toda lógica contable.

Desconocen lo que siempre hemos reiterado: la economía argentina crece sólo si se incrementa el empleo bien remunerado con jubilaciones y pensiones dignas.

En ese proceso, se debe empujar la actividad productiva volcando los recursos
que están en la especulación al proceso de inversión, elevando de esta manera el nivel de la actividad económica.

Todo esto exigirá una reforma monetaria que no sea una mera eliminación de ceros. Sino que oriente e impulse las tenencias dinerarias ya existentes, en el sentido de la producción y el trabajo.

Este impulso, en un círculo virtuoso, hará crecer nuestra economía. Esta depende, básicamente, en un 70%, del mercado interno, más allá de lo que digan los mentores del atraso y la dependencia.

Aquellos afirman que nuestra salida es incrementar, a como dé lugar, las exportaciones primarias y la inversión de capitales de monopolios extranjeros, con concesiones que lesionan nuestra soberanía y nuestro patrimonio y continuar pagando el tributo al FMI y al capital financiero.

¿Qué vino a hacer Luis Caputo?

Luis Caputo está en la cuerda floja por una razón fundamental: hizo lo que vino a hacer, para beneplácito de unos pocos timberos de las finanzas, pero no puede sostenerlo más ni continuar en estas condiciones catastróficas. Sus cuentas no cierran y debe apelar a nuevos trucos.

¿Qué vino a hacer Caputo?:lo que sabe hacer un “mesadinerista” como él y Bausili; ambos empleados de BlackRock.

Vino a hacer exactamente lo mismo que hizo cuando fue Ministro de Finanzas, primero y luego, presidente del Banco Central (BCRA) con Macri: atraer dólares golondrinas.

Esos capitales golondrina, no fueron (en tiempos de Macri) ni son ahora con Milei, inversiones reales que fueran a la producción y generaran empleo. Son de carácter puramente especulativo que, con la bicicleta financiera y la plata dulce,más el crédito que les dio el FMI,lograron ingresar más de 100.000 millones dólares de los cuales 86.200 millones de dólares (el 86,2%) terminaron fugándose, impunemente, a las guaridas fiscales.

Ahora, en tan sólo cinco meses, se han endeudado por la mitad de esa cifra. Han entrado al país, según datos oficiales de la Secretaría de Finanzas de la Nación,en bruto, la cifra 52.857 millones de dólares. Volumen muy superior, incluso, a la recaudación fiscal del mismo período.

Es el negocio de la vieja bicicleta financiera, o CarryTrade. Entraron dólares de afuera y de inversores locales y pasaron esas tenencias a pesos. Como la tasa de interés de esas inversiones en pesos, es mayor a la devaluación programada, genera una valorización en dólares inmensa.

Un mecanismo simple y conocido.

El mecanismo es simple y conocido. Entran en dólares, se pasan a pesos, obtienen rendimientos con intereses que no hay en ningún lugar del mundo, y luego se retiran pasándose a dólares nuevamente.

Pero, para que el negocio cierre, el dólar debe mantenerse relativamente estable. Y allí entran en contradicción con los monopolios exportadores de cereales que quieren un dólar más alto y un peso devaluado, para ganar más.

Son contradicciones por arriba. Los de “arriba” no se pueden poner de acuerdo. El cóctel se hace explosivo cuando los de “abajo” no quieren seguir siendo esquilmados. Algo de esa combinación se está armando.

Esa política de la dupla Milei-Villarruel, para la que opera Caputo, aparentemente se consumió en su propia salsa: no hay más dólares para seguir alimentando la bicicleta financiera.

Se corre el peligro de un efecto “puerta doce” por una eventual corrida al dólar de estos timberos financieros, para completar el mecanismo y fugar sus ganancias en moneda dura.

A lo anterior se suma la no renovación de los plazos fijos que, licuados, no cubren ni siquiera la inflación.
Desde luego que nadie, en estas circunstancias, quiere ingresar más dólares.

El síndrome “frazada corta”

Respecto a lo que genéricamente llaman “el campo” no hay respuesta en ese sentido.

Por un lado, los pequeños y medianos productores se ven forzados a vender gran parte de la producción cosechada para pagar deudas y afrontar los gastos de una nueva cosecha.

Por otro lado, los latifundistas se llevan, limpio de polvo y paja, un promedio del 30% de toda la producción a través de arrendamientos y distintas formas de alquileres. Llegan a veces a un 50-60% de la cosecha del campo alquilado, según el grado de productividad que rindan.

Estos especulan, esperando una devaluación o ventaja similar, como la baja de retenciones, para liquidar la producción que almacenan y se cotiza en dólares.

Lo mismo sucede con los monopolios que controlan el grueso de las exportaciones y la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina. También con el Centro de Exportadores de Cereales, cuyo vocero ha dicho que “el mercado de granos necesita un mejor precio”.

Tienen en su poder 100 millones de toneladas de granos para exportar, pero van a liquidar lo justo y necesario para cubrir sus costos y gastos; nada más.

Tampoco vienen dólares ni del FMI ni de los fondos buitres, como BlackRock, Vanguard, Fidelity, Greylock, PIMCO, entre otros. Los capitales chinos, a la vez, no están dispuestos a ampliar el SWAP y podrían,incluso,reclamar el pago de una deuda por 5.000 millones de dólares tomada por el gobierno anterior.

Es lo que se llama el síndrome de “frazada corta”. Si se tapa la cabeza, se destapan los pies, y viceversa, entre los propios de “arriba”

El plan económico es un cadáver insepulto

Los números no cierran. Las disputas por arriba se incrementan y la protesta del pueblo es creciente.

Eso explica la crisis de gabinete en curso y la inestabilidad política y social en el marco de un mundo cargado, por la disputa entre las grandes potencias, de factores de guerra.

El plan económico es, como hemos analizado, un cadáver insepulto. Pero solo no se va a caer. Requiere, la lucha popular organizada para torcerle el brazo a esta política y lograr una salida popular a esta crisis estructural.

Una carta escondida puesta en juego recientemente:

Veamos en el DNU-2024-459-APN-PTE del 24 de mayo de 2024 publicado en el Boletín oficial https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/308175/20240527

en donde se redobla la apuesta financiera y la eventual utilización del CarryTrade para tratar de estirar por más tiempo el desenlace de la crisis en curso.

El citado DNU autoriza y amplía la emisión de Letras del Tesoro reembolsables durante el Ejercicio 2024, “prevista en el artículo 38 de la Ley N° 27.701 de Presupuesto General de la Administración Nacional para el Ejercicio 2023” por la suma de 35 Billones de pesos, o su equivalente en otras monedas; si tomamos un dólar de 1.000 pesos, serían 35.000 millones de dólares de nuevo endeudamiento.

Según la Secretaría de Finanzas de la Nación, durante el período Diciembre 23– Abril 2024, (ver cuadro elaborado por Horacio Rovelli en su artículo https://www.elcohetealaluna.com/destino-final-2/, se emitieron títulos públicos, como señalamos anteriormente, equivalentes a 52.857 millones de dólares.

Si sumamos este dato oficial a los mencionados 35.000 millones de dólares, estamos hablando de un endeudamiento récord de casi 88.000 millones de dólares. Equiparable al doble de la deuda externa tomada por Macri con el FMI pero en sólo seis meses.

Estos saqueadores tienen una “solución” para tratar de atraer más dólares y han puesto gran parte de sus fichas en esa jugada que está contenida en la ley “Bases” que se está discutiendo en el Senado.

Esa jugada, a la medida de la dependencia y la entrega del patrimonio nacional, consiste, por un lado, en tratar de aprobar el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y, por otro lado, el régimen de blanqueo de capitales para transformar a nuestro país en una guarida fiscal. Un verdadero paraíso financiero del narco lavado.

Falsos diagnósticos de la crisis económica y social

Es necesario redoblar la lucha, desde abajo, contra este paquete de medidas marcando a fuego a aquellos que pretenden aprobar estas leyes convirtiéndose en “infames traidores a la patria”, como reza la Constitución en su artículo 29.

Por un lado, está el gobierno de Milei – Villarruel y el círculo rojo que, por ahora, lo rodea, que dicen y repiten: “no hay plata”.

Por otro lado, están los que diagnostican que el problema argentino es que “no hay dólares” y sufriríamos, por esa supuesta falta, de una “restricción externa”

Ambos diagnósticos confluyen, a la hora de la verdad, en que la única salida es impulsar, a como dé lugar, seduciendo al capital extranjero y nativo asociado.

Subordinado a las distintas potencias que nos rapiñan, con una concesión tras otra, la entrega nacional, remachando la matriz productiva basada en la dependencia y el reinado todopoderoso del latifundio parasitario en el campo y el parasitismo del capital financiero.

Hay plata y hay dólares. Lo que pasa es que hay que animarse, ponerle el cascabel al gato y, por lo tanto, ir a recuperar los recursos económicos allí dónde éstos están concentrados. En las manos de una minoría oligárquica e imperialista que controla los resortes fundamentales del estado.

¿Dónde están concentrados esos recursos que son nuestros y que necesitamos para lograr poner de pie la Argentina?

Veamos algunos números necesarios para graficar la necesidad de recuperar nuestros recursos.

La renta parasitaria que se llevan los terratenientes, sin invertir un solo peso ni dólar, son cerca de 15.000 millones de dólares anuales. Depende del nivel del precio internacional de los productos exportados y del rendimiento de la cosecha.

Los grandes oligopolios controlan y deciden lo que se produce, las formas en cómo se produce y, como consecuencia de dominar estas dos condiciones iniciales, definen cómo se distribuye lo producido.

En tres años y medio, con Alberto Fernández, levantaron 70.000 millones de dólares que equivalen a 20.000 millones por año. Con Milei están aún más a sus anchas y la siguen levantando con pala.

Los oligopolios que concentran las exportaciones del agro-negocio se llevan una suma anual de unos 40.000 millones de dólares.

En el último tiempo, como hemos analizado, la Argentina se está convirtiendo en un país donde las finanzas toman un protagonismo decisivo.

Encima quieren convertir a nuestro país, con otro blanqueo mediante, en una guarida fiscal para beneplácito del narco-lavado.

Con la deuda externa que implica un drenaje de, como mínimo, unos 40.000 millones de dólares por año, sólo para el pago de intereses de la deuda con el FMI.

Los bonistas privados, siempre y cuando se allanen a las exigencias leoninas de los organismos de crédito internacionales que tienen con sus condicionamientos, de hecho, intervenida nuestra economía y finanzas.

Por otro lado, la deuda cuasi fiscal (Pases Pasivos, LECAPs, Bopreal y otros bonos en dólares) devengan intereses, como mínimo, por otros 40.000 millones de dólares anuales.

Partiendo de que nuestro PBI es, aproximadamente, 500.000 millones de dólares anuales. La cuenta parcial, hasta dónde contabilizamos, son 155.000 millones de dólares. Esto equivale a un saqueo del 31% de todo el PBI de un año

Otras formas por donde se drena la riqueza

Faltaría identificar y contabilizar otras formas y maniobras por dónde sistemáticamente se drena la riqueza que generamos.

La energía, el gas y petróleo, la mega minería. Además de las maniobras abiertamente ilegales tales como la sobrefacturación de las importaciones y la subfacturación de las exportaciones y el contrabando.

Tampoco consideramos, hasta ahora, lo que recauda el sistema fiscal (29.7% del PBI equivalente a unos 148.500 millones de dólares) y la manera en cómo usan esos recursos.

El actual régimen tributario es muy regresivo y termina, en lo esencial, subsidiando o beneficiando a los poderosos que más tienen.

Ese es el conjunto del tributo que se cobra anualmente la dependencia, el capital financiero como parte de esa dependencia, y el parasitismo del latifundio.

La succión de esta riqueza social está basada en aplastar el esfuerzo productivo de nuestro pueblo. Y cuenta con la existencia de una herramienta esencial: este estado oligárquico e imperialista que garantiza el sostenimiento al actual sistema económico y social.

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