Argentina e Inglaterra volverán a enfrentarse en una semifinal del Mundial. Una rivalidad atravesada por la historia, Malvinas y el fútbol que hoy suma un nuevo capítulo con Lionel Messi como líder de la Selección.
Hay rivalidades que nacen en una cancha. Otras, en los libros de historia. Argentina tiene un gran historial de disputas contra el imperio inglés, una rivalidad que atraviesa más de dos siglos y combina batallas, conflictos diplomáticos y partidos de fútbol que quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva. Cada vez que una camiseta celeste y blanca se cruza contra la inglesa, no se juega solamente un resultado: se revive una historia.
Todo comenzó mucho antes del fútbol. En 1806, durante la Primera Invasión Inglesa, el entonces Virreinato del Río de la Plata sorprendió al mundo al expulsar a las tropas británicas que habían tomado Buenos Aires. Un año más tarde, en 1807, el pueblo se unió y luchó con uñas y dientes, demostrando que la unidad podía más que el poderío militar del mayor imperio de la época.
Aquellas victorias sembraron un espíritu de resistencia que, pocos años después, desembocaría en la Revolución de Mayo y en el camino hacia nuestra independencia.
La historia, sin embargo, también guarda capítulos de profundo dolor y sacrificio. En 1833, el Reino Unido ocupó las Islas Malvinas, un territorio cuya soberanía la Argentina continúa reclamando hasta el día de hoy. Más de un siglo después, en 1982, la Guerra de Malvinas marcó para siempre el corazón de nuestra Nación y dejó una huella imborrable.
Más de seiscientos héroes entregaron su vida defendiendo con honor nuestras tierras, luchando con gran valentía dejando la bandera celeste y blanca en lo más alto, llevando consigo el orgullo y el compromiso de representar a todo un pueblo. Su memoria permanece viva en cada rincón de la Argentina y su legado nos recuerda que hay símbolos, valores y sentimientos que trascienden el tiempo. Porque las Malvinas forman parte de nuestra historia, de nuestra identidad y del corazón de todos los argentinos.
Pero si existe un escenario donde esa rivalidad encontró una expresión diferente, fue el fútbol.
El primer duelo mundialista llegó en Chile 1962, con victoria inglesa por 3 a 1. Cuatro años más tarde, en el Mundial de Inglaterra 1966, una polémica expulsión de Antonio Rattín dejó una herida que tardó décadas en cicatrizar.
Y entonces llegó México 1986. El 22 de junio de aquel año, apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, Diego Armando Maradona escribió una de las páginas más extraordinarias de la historia del deporte. Primero apareció la polémica “Mano de Dios”. Cuatro minutos más tarde, el capitán argentino recorrió más de medio campo dejando rivales en el camino para convertir el que la FIFA reconocería como el “Gol del Siglo”.
Argentina ganó 2 a 1 y ese partido trascendió el fútbol para convertirse en un símbolo del talento, la rebeldía y la capacidad de sobreponerse a la adversidad.
La rivalidad volvió a ofrecer un capítulo inolvidable en Francia 1998. Tras un vibrante empate 2 a 2, la Selección Argentina se impuso en la definición por penales y eliminó nuevamente a Inglaterra de una Copa del Mundo. En 2002, los ingleses se tomaron revancha con un triunfo por 1 a 0 en la fase de grupos.
Ahora, la historia vuelve a ponerlos frente a frente.
Otra vez un Mundial. Otra vez noventa minutos para escribir una nueva página. Ninguno de los jugadores actuales vivió las Invasiones Inglesas ni combatió en Malvinas. Tampoco pueden cambiar el pasado. Pero sí tienen la oportunidad de sumar un nuevo capítulo deportivo a una rivalidad que atraviesa generaciones.
Argentina llega con el peso de su historia y con la convicción de un pueblo que siempre encontró en la adversidad una razón para levantarse. Desde las calles de Buenos Aires defendidas en 1806 y 1807 hasta la magia de Maradona en el Estadio Azteca, pasando por la entrega de los héroes de Malvinas, existe un hilo conductor: la voluntad de no rendirse jamás.
Una vez más nos volvemos a cruzar. Esta nueva página de la historia tiene un protagonista que ya ocupa un lugar entre los más grandes: Lionel Messi, que ya no necesita demostrar quién es. Lo hizo todo.
Levantó 2 veces la Copa América (2021 y 2024), conquistó la Finalissima en 2022 y, finalmente, cumplió el sueño de todo un país al levantar la Copa del Mundo en Qatar 2022, además con la selección juvenil conquistó el mundial sub 20 en 2005 y el oro olímpico en Pekín 2008. Sin embargo, los grandes nunca dejan de escribir su legado.
A sus 39 años, nuestro capitán vuelve a conducir a una Selección que no se conforma con el recuerdo de la gloria. La Scaloneta llega a esta semifinal con la autoridad de un campeón. Superó cada obstáculo del camino, jugando un fútbol de alto nivel y sufriendo partido a partido, pero siempre sacó adelante su talento y mostró la solidez de un equipo que entiende que los partidos se juegan con el corazón y con la cabeza hasta el último minuto.
La selección inglesa llega a la semifinal tras eliminar a Noruega, equipo que contó con figuras como Haaland, Ødegaard y Sørloth. Los ingleses mostraron una gran resistencia física y poderío ofensivo debido a sus grandes figuras, como Bellingham (Real Madrid), Harry Kane (Bayern Múnich), Saka (Arsenal), Rice (Arsenal) y Pickford (Everton).
Pero el miércoles no se enfrentarán solamente a la Selección Argentina. Enfrente tendrán a los hinchas que coparán el estadio y a todos los argentinos que alentaremos desde cada lugar de Argentina y el mundo con la memoria colectiva más fuerte que nunca.
Messi nuevamente como estandarte
Y allí aparecerá otra vez Messi, acompañado por una generación que aprendió a competir hasta el último minuto, con el sacrificio de los veteranos y la confianza de los más jóvenes que sueñan con llegar a otra final.
Nuestra selección cuenta con Julián “la araña” Álvarez, Lautaro “el toro” Martínez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Cristian “Cuti” Romero, Lisandro “Licha” Martínez, Emiliano “Dibu” Martínez y cada uno de los hombres de Lionel Scaloni saben que vestir esta camiseta implica representar mucho más que un equipo de fútbol.
Representan a millones de argentinos que vuelven a ilusionarse con dar otra vuelta olímpica. Porque esta Selección recuperó algo que parecía perdido: la identificación entre el equipo y la gente.
No juega solamente para ganar. Juega para emocionar. Para hacer creer. Para demostrar que el esfuerzo colectivo puede vencer cualquier obstáculo. Y cuando la camiseta albiceleste late al ritmo de todo un pueblo, cualquier hazaña parece posible.
El fútbol no reemplaza la historia ni la guerra. Es un deporte, pero también es una oportunidad para honrar a un pueblo y su memoria. Celebrar la identidad y recordar que la grandeza de un país también se expresa en su capacidad para unirse detrás de una camiseta.
Cuando la pelota vuelva a rodar frente a Inglaterra, millones de argentinos volveremos a creer. Porque la historia enseña que las gestas no se anuncian: se construyen.
Que la pasión nos vuelva a unir detrás de un mismo sueño. Y como proclaman las estrofas de nuestro Himno Nacional Argentino: “Coronados de gloria vivamos … O juremos con gloria morir”.

