Perú: la izquierda da el golpe con Roberto Sánchez y derrota a la hija de Fujimori

Por Cecilio Panella

El candidato izquierdista Roberto Sánchez se impone ajustadamente en las elecciones presidenciales del Perú, superando a la candidata derechista Keiko Fujimori.

Escrutadas el 95% de las mesas, Sánchez obtiene el 50,10% de los votos, contra el 49,90% de la hija del ex dictador Alberto Fujimori (1990-2000).

Una diferencia de solo 0,19%, esto es apenas 35.143 votos

La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) pidió a los candidatos y a la población que esperen el conteo del 100% de los votos para tener el resultado definitivo, que estaría a mediados de julio. 

La segunda vuelta en el Perú se realizó este domingo en un ambiente de polarización e inestabilidad política, y enfrentó dos visiones del país situadas en dos extremos.

Por un lado, Keiko Fujimori, que enarbola el legado de su padre, y, por otro lado, Sánchez, quien reivindica la figura del expresidente de izquierda Pedro Castillo (2021-2022), encarcelado por un intento de autogolpe en 2022 y al que el candidato ha prometido indultar. 

Fractura expuesta

La elección volvió a trazar una división territorial donde la costa urbana y la capital se inclinaron por Fujimori mientras el sur andino, la sierra y la Amazonía respaldaron a Sánchez.

Algo así como la capital Lima vs. el Perú profundo, dos países geográficamente irreconciliables, donde se replican desigualdades históricas.

En la costa, más urbana y conectada a la economía formal, se impuso Fujimori. En la sierra, en cambio, el resultado se invirtió de manera contundente y ganó el candidato progresista. En la selva, Sánchez también logró ventaja.

Lima se volcó por Fujimori —con casi dos de cada tres votos—, mientras que el sur andino respaldó masivamente a Sánchez, con picos de votación en Puno, Apurímac y Ayacucho.

El mapa electoral revela un Perú partido en dos. Por un lado, un eje costero con cabecera en Lima y Callao, donde predomina el llamado “capitalismo popular”, atravesado por informalidad y emprendedurismo.

En contraposición, un Perú andino, especialmente en el sur, con raíces culturales distintas, históricamente postergado en términos de desarrollo e inclusión, y con un fuerte sentimiento de distancia respecto de Lima y la clase política. 

El sur del país, en particular, es el territorio que sufrió la represión de las fuerzas de seguridad del gobierno de la cuestionada Dina Boluarte. En varias de esas regiones se registraron la mayoría de las cerca de 50 muertes durante la represión de las protestas tras la caída de Castillo en 2022

Inestabilidad política

La elección se presentó además como un nuevo capítulo de la prolongada crisis política peruana. En menos de una década, el país tuvo ocho presidentes, entre destituciones, renuncias y gobiernos interinos, lo que erosionó la confianza ciudadana en las instituciones.

El próximo gobierno nacerá con una debilidad de legitimidad de origen muy marcada.

Sánchez tendrá frente a sí un desafío complejo: gobernar con una sociedad partida prácticamente en dos y sin una mayoría clara de respaldo.

El candidato izquierdista llega al gobierno con 12% de votos propios (los que sacó la primera vuelta).

Futuras negociaciones para la gobernabilidad

En este marco, el próximo presidente del Perú deberá negociar con el Congreso para tener gobernabilidad, lo que no parece sencillo de conseguir para Sánchez, ya que el Legislativo tiene mayoría de fuerzas de derecha.

Una alternativa de negociación es el centrista Jorge Nieto, sociólogo y académico, quien llegó al cuarto lugar en la primera vuelta con el 11% de los votos con su Partido del Buen Gobierno.

Seguramente la derecha presione para revertir muchas de sus promesas de campaña de Sánchez sobre una estatización amplia de la economía peruana, lo que puede causar problemas al interior de la coalición que lo llevó al gobierno. 

Lo dicho, su electorado principal son los sectores más golpeados en un país de enormes inequidades sociales.

Otro modelo

En lo económico, Sánchez plantea una mayor supervisión estatal de los recursos naturales, incluyendo la revisión de los contratos mineros y de gas, la imposición de impuestos sobre las ganancias extraordinarias y un tributo sobre el patrimonio a las personas de mayores ingresos.

En materia social, Sánchez propone elevar el salario mínimo de 1130 a 1814 soles (de unos 332 dólares a 534), promover el “crédito barato” para emprendedores y ampliar la asistencia social.

En Perú, un cuarto de la población peruana está en la pobreza (25,7%). Y el 32,8% del resto se encuentra en situación de “vulnerabilidad monetaria”. 

Si bien técnicamente no son considerados pobres porque cubren apenas la canasta básica, están en un riesgo muy alto de volver a caer en la pobreza por cualquier mínima circunstancia.

En cuanto a la inseguridad, otro de los temas que preocupan a los peruanos, Sánchez sostuvo que no puede resolverse sin reformas institucionales:

“Es el momento de luchar contra la inseguridad recuperando la democracia”, afirmó.

Propuso combatir la corrupción dentro de la policía, crear una fuerza de investigación especializada y promover cambios que permitan una participación más efectiva de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad, pero bajo control institucional.

El sombrero de Pedro

Sánchez, de 57 años, es un psicólogo con una larga trayectoria política. Es congresista y fue ministro de Comercio Exterior y Turismo del expresidente Castillo, a quien fue a visitar a la cárcel este domingo.

Hijo de migrantes de la sierra andina, casado y padre de dos hijas, nació y creció en la provincia agrícola de Huaral, a unos 75 kilómetros al norte de Lima.

Sánchez fue el elegido por Castillo para competir en su nombre en estas elecciones tras haber sido el único ministro que se mantuvo de principio a fin en su Gobierno, hasta que el entonces mandatario fue destituido y capturado tras intentar sin éxito un golpe de Estado contra el Congreso que dominaba el fuijmorismo y sus aliados de derecha.

Lo primero que hará, prometió Sánchez, será indultar a su mentor, un maestro rural y sindicalista que le entregó su sombrero campesino de paja de palma, ala ancha y copa alta, de la norteña región andina de Cajamarca. 

Lo visita a menudo en la cárcel y lo emuló al llegar montado a caballo al cierre de campaña de la primera vuelta del 12 de abril, en la que sorpresivamente logró colarse en el segundo lugar, entre 35 candidatos.

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