
Por Cecilio Panella
La multitudinaria marcha a La Paz, que encabezó el expresidente Evo Morales, profundizó la división de la izquierda boliviana, producto del enfrentamiento que mantiene con su ex delfín, el actual mandatario Luis Arce.
Esa movida política evidenció la fuerza social que conserva el exlíder cocalero, aun cuando no controla los resortes del Estado, en manos de su rival.
Todo en medio de las urgencias de una crisis económica que ha desgastado al gobierno, que afronta problemas como la escasez de dólares y combustible, y el encarecimiento de algunos productos básicos.
Pero el tema que verdaderamente importa a todos los sectores políticos y sociales que integran el poderoso Movimiento al Socialismo (MAS), es la candidatura de Evo en 2025.
La inhabilitación del expresidente es resultado de una sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), que también está a cargo de un recurso legal que le podría quitar a Morales el partido con el que quiere participar en las elecciones del año próximo.
“Marcha para salvar Bolivia”
Morales llegó marchando hasta La Paz desde Caracollo, en la región andina de Oruro, una localidad ubicada a 189 kilómetros de la capital del país.
Durante todo el trayecto, que tardó siete días en recorrer, quedaron en evidencia las diferencias que lo separan del presidente Arce y de su gobierno.
El gobierno de Arce consideró que la marcha buscaba un “golpe de Estado” para que asuma la Presidencia del país, el titular del Senado, Andrónico Rodríguez, quien se encuentra más cercano al expresidente.
“Han hablado de guerra civil y de derramamiento de sangre en las calles, esto excede nuestras normas de convivencia pacífica y hasta encubre una posición política de sedición que ningún gobierno toleraría, y nuestro Gobierno hasta hoy ha respondido a estas provocaciones con el llamado al diálogo”, afirmó Arce.
Asimismo, rechazó “cualquier tipo de extorsión o condicionamiento, en contra de la voluntad del pueblo expresa en las urnas”.
“Si Lucho (Arce) quiere seguir gobernando, primero que cambie a ministros narcos, a ministros corruptos, a ministro drogos [drogadictos], que cambie a los ministros racistas”, advirtió Evo sin mencionar a ningún funcionario en particular.
Pero se refería a los ministros de la Presidencia, María Nela Prada; de Gobierno (Interior), Eduardo del Castillo; de Justicia, Iván Lima, y de Obras Públicas, Edgar Montaño.
Tras la movilización, Evo retornó a la región cocalera del Chapare, su bastión en el Trópico de Cochabamba.
En tanto, el vicepresidente del MAS, Gerardo García, afín a Morales, ratificó que si Arce no atiende sus demandas, iniciarán bloqueos de carreteras en todo el país desde el próximo lunes (30 de septiembre).
Escasez de dólares y combustible
Entre los años 2006 y 2017, Arce fue el ministro de Economía de los diferentes gobiernos de Morales, en los que Bolivia experimentó un alto crecimiento económico de la mano del aumento del precio de las materias primas que exportaba.
Sin embargo, en estos últimos meses como presidente ha visto cómo el país padece una crisis económica.
Los principales problemas se encuentran en la escasez de divisas y la devaluación de la moneda local frente al dólar; también en la escasez de combustible, que el propio Ejecutivo ha reconocido.
Según datos del Banco Central de Bolivia, las reservas de divisas en el país han pasado de un pico superior a los 15.000 millones de dólares en el año 2014, a bajar de los 2.000 millones en este 2024.
El pasado junio, el presidente Arce reconoció la escasez de combustible en un país que, según datos oficiales, ahora importa el 56% de la gasolina y el 86% del diésel que consume.
Interna prolongada
Morales y Arce están distanciados desde finales de 2021, en una larga batalla por el control del MAS, a raíz de diferencias en la administración del Estado que se profundizaron ante la necesidad de renovar la dirección nacional del partido, algo en lo que ambas facciones no han podido ponerse de acuerdo.
Evo, quien lidera el MAS desde hace 27 años, ya fue presidente de 2006 a 2019, año del golpe de Estado en su contra, y ha insistido en su candidatura con el argumento de que ser reelecto era “un derecho humano”.
El exmandatario culpa a Arce de haberse “vendido a la derecha”, querer achicar el Estado y seguir la “fórmula del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional”.
“Me equivoqué con Lucho para presidente. Ahora nuestra obligación es recuperar la democracia”, aseguró Evo, decepcionado con la elección de su candidato.
Como jefe del MAS, Morales decidió que su exministro de Economía representara al partido en las elecciones de 2020, en las que él no podía participar.
El escenario político
La confrontación entre Morales y Arce por la candidatura de su partido para el 2025 sacude la política del país del Altiplano.
La derecha boliviana apuesta a que se consolide esta división de la izquierda, para así tener alguna chance de ganar la elección presidencial.
Claro que para eso deberá lograr la unidad, pero la oposición está dividida y uno de sus principales líderes, el gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, está preso por las protestas antigubernamentales de 2019.
En este contexto, cabe destacar que luego de lograr un acuerdo en la Asamblea Legislativa Plurinacional, el Gobierno de Arce aprobó en agosto la suspensión de las elecciones primarias para las presidenciales de 2025.
La suspensión de las primarias se logró en consenso entre las fuerzas políticas, pero Evo percibe que es una medida antidemocrática con el objetivo de impedir su candidatura.
Y denunció “una componenda del gobierno de Arce con la derecha”, que pretende robar la sigla del MAS a través del uso arbitrario e ilegal de las instituciones del Estado”.
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