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El gobierno ignora la violencia contra las mujeres

Las voces de las afectadas de acoso sexual por el periodista Pedro Brieger

Por Gabriela Barcaglioni

El documento

Días pasados, exactamente el 2 de julio, se conocieron más de una decena de testimonios de acoso sexual del periodista Pedro Brieger.

Periodistas, alumnas, vecinas, compañeras pusieron en palabras los acosos, el exhibicionismo, los mensajes de tono sexual del periodista que era su compañero de trabajo, su profesor, su vecino, su director de tesis.

Todas situaciones de violencia que crearon un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo para ellas. Situaciones que devienen en abandono de carreras universitarias, trabajos, desistir de participar en coberturas periodísticas, renunciar a proyectos profesionales y laborales, mudarse. Cada una de las historias tienen nombre y apellido.

El testimonio representa una poderosa modalidad de narración, que asegura que se conozca un hecho y facilita que otras personas adquieran conocimiento acerca de la violencia de género que, en este caso, Brieger ejerció contra las mujeres que redactaron un documento leído en el Salón de las Provincias en el Senado de la Nación.

Aquel fue leído por algunas de las afectadas, acompañadas por integrantes de Periodistas Argentinas -que cobijó los primeros 19 testimonios-. Otras redes de periodistas como Periodistas de Argentina en Red para una Comunicación No Sexista (Red PAR), legisladoras, la ministra de mujeres y diversidad de la Provincia de Buenos Aires, representantes de sindicatos de prensa y otras periodistas que reconocieron en esos relatos que también vivieron experiencias similares en redacciones, estudios de radio, aulas estuvieron presentes.

El mecanismo con el que se produce la violencia contra las mujeres

“La máquina abusadora que describen estos testimonios tiene un mecanismo: Se activa por sorpresa, busca producir asco y humillación, enmudece y coloca a la afectada en una situación de degradación y culpa. ¿Qué hice yo para merecer esto? El mecanismo incluye que luego, al contarlo a otros —aquellos que son los responsables de poner límites o pueden ayudar a construirlos— no se dimensiona el daño, se naturaliza esa conducta y no se hace pública, lo cual permitiría a otras prevenirse y al responsable de esa conducta, limitarse”, puntualiza el informe de Periodistas Argentinas.

Por eso el título del documento leído “Cultura del Acoso: Punto y aparte” es una afirmación, para que el silencio, la impunidad, la naturalización de estas violencias basadas en género, la violencia institucional sea un problema a resolver.

El testimonio es el relato más personal de la experiencia, de la situación de acoso, de violencia.

El momento en que las mujeres comunican que atravesaron una situación de violencia- considerado el punto de partida de la ruta crítica- es un aspecto clave para comprender los modos de enfrentar la/s violencia/s. Así como analizar su entorno con mayor perspicacia, brindando apoyo a sus compañeras o incluso a sí mismas.

Por qué ahora, por qué -en algunos casos treinta años después, qué hicieron para denunciarlo. Son todas preguntas que ponen el acento en las mujeres que fueron violentadas y no en el acosador, en las instituciones donde sucedieron, en las personas que estaban en ese lugar y a quienes se les contó en varias de las situaciones lo sucedido.

No hay una respuesta única ni simple porque la violencia contra las mujeres tiene una complejidad que amerita detenerse a pensar más allá de una apreciación del momento.

El estudio de Rita Segato sobre las violencias machistas

La antropóloga argentina Rita Segato, estudiosa de las violencias machistas, voz de referencia internacional sobre estos temas señala que la violencia masculina es expresiva, porque expresa dominación; es un gesto discursivo posible por estructuras profundas que internalizamos y le confieren inteligibilidad. Brieger en lo formal o en lo simbólico, por ser jefe, profesor, o, por ser hombre, expresa en cada acto de acoso su poder.

Quien acosa, quien viola, quien golpea, quien mata no es un enfermo, introyecta desde edad temprana esa jerarquía que estructura las relaciones sociales entre mujeres y varones – fundamentalmente- llamada patriarcado. En palabras de la autora: “El patriarcado es un sistema opresor sobre lo femenino que está diseminado en hechos y prácticas sociales de modo capilar en las sociedades que vivimos”.

No caben las explicaciones patológicas, se trata de un proceso cultural que condiciona valoraciones, modos de actuar e imaginarios sociales compartidos.

El pedido de las víctimas de acoso sexual por Brieger

Las afectadas exigieron medidas de reparación “que garanticen la erradicación de estas conductas abusivas” y consideraron “imprescindible también” que Brieger pida disculpas públicas.

Asimismo que en los medios de comunicación donde se produjeron los hechos relatados, se implementen campañas de prevención y erradicación del acoso; en las universidades públicas y privadas donde Brieger acosó a sus alumnas, se organicen jornadas y campañas para la prevención del acoso y que en todos estos ámbitos se establezcan procedimientos para canalizar denuncias, a cargo de personas capacitadas para garantizar la no revictimización y la confidencialidad que requieren estos casos.

El pedido es reparatorio y necesario para que no vuelvan a reiterarse hechos como los narrados. Sin embargo, la eliminación del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidades en diciembre de 2023, devenido en Subsecretaría mientras se completaba su cierre definitivo, que se produjo el 6 de junio pasado, dejó sin posibilidad de atención específica de programas y líneas de trabajo que atendían la
especificidad de las violencias basadas en género, de las cuales el abuso y acoso sexual son alguna de sus tipos y modalidades.

El comunicado que anuncia el cierre de la Subsecretaría desconoce la especificidad de las violencias contra las mujeres y diversidades sexo-genéricas. Se evita usar el término “violencia de género” y se asegura que se continúa con el compromiso de proteger a la ciudadanía contra la “violencia. ”

El gobierno argentino incumple con sus obligaciones para erradicar la violencia contra las mujeres

Mariano Cúneo Libarona, ministro de Justicia de la Nación, explicó en redes sociales que se asistirá a todos los argentinos que atraviesen una situación de violencia y riesgo. Afirmación que no solo desconoce las desigualdades estructurales que sustentan las violencias basadas en género, sino que lleva al Estado argentino a incumplir con obligaciones internacionales de prevenir, atender y erradicar este tipo de violencia específico.

A nivel internacional Argentina adhirió a la Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU), de Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW)(11), Convención de Belém do Pará(12) (OEA) y el Protocolo Facultativo de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

También ratificó el Convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la violencia y el acoso en el mundo del trabajo.

En 2021, a un año de su ratificación, se conocieron los resultados de la Encuesta Nacional sobre Violencia y Acoso en el Mundo del Trabajo en Argentina. Estos indicaron que el 65,5% de las mujeres expresaron que habían sido víctimas de violencia en el ámbito laboral.

La encuesta corroboró que la violencia en el ámbito laboral se ejerce mayormente desde posiciones jerárquicas, amparada en las asimetrías de poder. Según los datos, los superiores jerárquicos ejercen, en mayor medida, violencia psicológica, discriminación y comentarios sexistas.

El escenario de desprotección es preocupante; la violencia de género, las violencias contra las mujeres afecta el ejercicio de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Afecta a la sociedad en su conjunto y, por lo tanto, exige una intervención estatal pronta y coordinada. El Estado debe intervenir, prevenir, sancionar, erradicarla y proteger a las víctimas.

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