
Escrito por Miguel Ángel De Renzis
Cracia, palabra de origen griego, es un sustantivo femenino que significa “gobierno” o “poder”.
Así como democracia es el gobierno del pueblo, la deudacracia sería el gobierno de los endeudadores.
El primero en esta lista sería Bernardino Rivadavia, a quien como homenaje se le puso su nombre y apellido a la calle más larga de Buenos Aires.
Hemos narrado varias veces la responsabilidad de los radicales Eugenio Blanco y Raúl Prebisch como responsables durante la fusiladora de hacernos socios del Fondo Monetario Internacional.
Los que nacimos en la década del 40 hemos vivido históricamente manejados por los dueños de la deudacracia. Así vimos a otros dos radicales como Alfonsín y De la Rua declarar el default. Y al último radical, Nicolás Dujovne, haber firmado durante el tiempo de macrilandia, la deuda más grande por un préstamo de la entidad internacional.
Cuando Alfonsín entró en cesación de pagos debíamos 44.000 millones de dólares, la misma cifra que el correligionario Dujovne con algunas chirolas más, evaporó en macrilandia.Durante el gobierno de Cristina Fernandez el pueblo argentino pagó más de 200.000 millones de dólares solamente en intereses de la deuda.
Ahora, con el intento del nuevo acuerdo se legaliza una nueva deuda para los tiempos donde, como de costumbre, al pueblo argentino no le llegó nada.
LA DEUDA ES CON EL PUEBLO
Los argentinos somos los deudos de la deuda, porque al margen del desastre de macrilandia, durante ese desgobierno se firmó otro préstamo a cien años, y el máximo irresponsable, Mauricio Macri, autorizó el envió de las reservas de oro a Londres.
Son los auténticos representantes de la deudacracia. El mentiroso de Dujovne que decía vivir en un terreno baldío para no pagar impuestos y que como columnista de un editorialista de La Nación, mientras tomaba wiski daba consejos económicos, tiene más de 16 causas judiciales abiertas, pero todavía no fue citado en ninguna.
El otro endeudador, Caputo, que le habló al país diciendo del crédito que gozaba el gobierno de Macri y enterró a cuatro generaciones durante un siglo, ni siquiera fue molestado.Martínez de Hoz se murió sin ir preso, Cavallo goza de prensa para dar consejos y el país tiene el 40% de la población en la pobreza.
Los votantes del Frente de Todos, mayoritariamente, esperaban que a esta altura los endeudadores pagaran las consecuencias. Nada de eso. El gobierno quiere honrar la deuda, pero se está legalizando la estafa.
El gobierno hace el esfuerzo de decir que no va a haber ajuste, pero durante dos años y medio habremos perdido la soberanía porque nuestras decisiones serán vigiladas trimestralmente por los cómplices del desastre, el FMI.
Es cierto que se va a comenzar a pagar dentro de cuatro años, y durante diez, pero la negociación hubiera sido muy diferente si el presidente Alberto Fernandez Perez le hubiera dicho el primer día al pueblo argentino que Macri dejaba una quiebra y si se lo hubiera dicho al Fondo que el país se sentaba a negociar desde la propia cesación de pagos.
Es cierto que la pandemia influyó para no tomar esta actitud, pero dos años después volveremos a ver trimestralmente a los que nos tomarán examen de cómo manejamos la propia economía.
Todavía faltan cosas. Es una semana donde el FMI hará su memorándum y luego todo deberá pasar por el Parlamento.Macri, para endeudarnos, no le pidió permiso a nadie. El cobrador, ahora, quiere la garantía parlamentaria.
Es el tiempo que la calle Rivadavia se llame Alejandro Olmos para que en lugar de homenajear al primer endeudador hagamos preguntarse a la sociedad quién fue Alejandro, el tucumano patriota de Palabra Argentina.
En su memoria, como deudos de la deuda, nos acordamos del único argentino que hizo una causa penal contra la deudacracia.
Cuando un país pierde el respeto a su signo monetario y asume como propio el billete que no imprime, comienza a claudicar en la independencia económica, perdiendo la soberanía política y cayendo en la injusticia social.
Perón nunca fue socio del Fondo Monetario. Isabel bajó la deuda externa considerablemente. Néstor canceló con el FMI. Algunas excepciones a la deuda de la deudacracia.

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