El fútbol y el poder: el Mundial ya no se juega solo en la cancha

Gianni Infantino junto al trofeo del Mundial en medio de la crisis institucional de la FIFA por el proyecto de incorporar fondos privados al negocio del fútbol mundial.

Gianni Infantino lleva años transformando a la FIFA, buscando que sea más una empresa privada que una organización deportiva.

La expansión del Mundial, el nuevo Mundial de Clubes, la búsqueda permanente de nuevos patrocinadores y la cercanía política con ciertos personajes como Donald Trump forman parte de una misma estrategia: convertir al fútbol en el mayor negocio del planeta.

Pero esa estrategia acaba de provocar la mayor crisis institucional en décadas.

La resistencia al proyecto comenzó a extenderse entre las confederaciones. La UEFA fue la primera en cuestionarlo públicamente y ahora la Concacaf se sumó con un rechazo institucional que profundiza la crisis política que atraviesa la FIFA.

La UEFA rompió públicamente con la FIFA después de que Infantino impulsara un proyecto para vender una participación de la empresa que administrará comercialmente los Mundiales a fondos privados encabezados por Thrive Capital, firma vinculada a la familia de Donald Trump. Para el organismo europeo, la Copa del Mundo dejaría de ser un patrimonio del fútbol para convertirse en un activo financiero.

La respuesta fue inédita.

La UEFA denunció que el proyecto fue elaborado sin consulta, acusó a la FIFA de privilegiar el interés de los inversores por encima del deporte e incluso anunció un boicot mientras la propuesta siga vigente. Nunca antes el organismo europeo había llegado tan lejos contra la conducción de la FIFA.

Pero la oposición ya no se limita a Europa. Rápidamente, la Concacaf, que reúne a las 41 asociaciones nacionales de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, también rechazó oficialmente la iniciativa impulsada por Infantino. En un duro comunicado, la confederación cuestionó la falta de transparencia. Denunció la ausencia de los procesos de gobernanza previstos en los estatutos de la FIFA. Criticó que se intentara avanzar con un plazo “artificialmente corto” para analizar una propuesta que implicaría vender participaciones del principal activo económico del fútbol mundial a inversores privados.

Además, sus asociaciones miembro resolvieron rechazar el proyecto, solicitar que los fondos de reserva de la FIFA se utilicen para fortalecer el programa FIFA Forward y exigir que cualquier decisión de esta magnitud respete los mecanismos institucionales de la organización. El comunicado concluye con una definición política contundente: “el futuro del fútbol, y su mayor activo, debe permanecer en manos de nuestra familia del fútbol”.

Como si no fuera suficiente la oposición a Infantino, la Confederación Asiática de Fútbol comunicó que la propuesta no puede “lograr de forma realista el amplio consenso y la unidad necesarios para seguir adelante.” Además, critícó fuertemente la gobernabilidad de Infantino: “Tres confederaciones en contra, torneos en riesgo y una crisis de gobernanza que el mundo del fútbol no puede ignorar.”

Recientemente, se sumó la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL). Con un comunicado que llama “a la unidad de toda la familia del fútbol y a anteponer siempre el fútbol por encima de cualquier otro interés”.

A pesar de esa contundente frase, se mostró más colaboracionista que las otras confederaciones y enviará especialistas a evaluar la propuesta: “La CONMEBOL continuará actuando con prudencia, responsabilidad y espíritu de colaboración, contribuyendo al fortalecimiento del fútbol mundial”

Por ahora, la única federación que no mostró resistencia fue la Confederación Africana. Según su comunicado, su presidente junto al comité examinará el proyecto. “El presidente de la CAF, Patrice Motsepe, mantendrá una reunión del Comité Ejecutivo de la CAF la próxima semana. El objetivo, entre otros, es examinar y evaluar la iniciativa propuesta ‘FIFA Forward Enterprise”.

Según trascendió, Motsepe vería con buenos ojos la estrepitosa suma de dinero que le ingresaría a su federación en caso de aceptar.

Patrice Motsepe, presidente dela Confederación Africana de Futbol y Gianni Infantino, presidente de la FIFA

La discusión no es solamente deportiva. Detrás aparece un negocio gigantesco.

Según la propuesta conocida, el nuevo vehículo comercial tendría una valoración cercana a 20.000 millones de dólares, mientras que los inversores esperan que ese valor alcance alrededor de 37.000 millones hacia 2030. La propia FIFA proyecta ingresos cercanos a 15.000 millones de dólares para el ciclo 2023-2026. Es decir: el Mundial ya no sería únicamente un torneo; sería un activo financiero.

La relación entre Infantino y Donald Trump tampoco pasa inadvertida.

En los últimos años, el presidente de la FIFA acompañó a Trump en actos oficiales, respaldó iniciativas conjuntas para el Mundial de 2026 y recibió fuertes críticas por esa cercanía política. Ese vínculo volvió a quedar bajo la lupa por la posible participación de inversores relacionados con el entorno del mandatario estadounidense.

A este escenario económico se suman las polémicas deportivas.

El Mundial dejó una larga lista de decisiones arbitrales discutidas, reclamos por el trato desigual entre selecciones, cuestionamientos sobre la transparencia disciplinaria. Una de las críticas más fuertes hacia la organización del torneo fue anular sobre la marcha y por escritorio la expulsión del jugar por Estados Unidos que generó un intenso debate sobre la actuación del arbitraje.

Algunas decisiones fueron interpretadas por dirigentes, como señales de una FIFA cada vez más discrecional, alimentando la percepción de que el peso político de ciertas federaciones puede influir en el desarrollo del campeonato. Sin embargo, muchas de esas acusaciones siguen siendo objeto de debate y no han sido demostradas oficialmente.

¿Quién controla el fútbol?

El clima de controversia también se alimentó fuera de la cancha. En los últimos días, circularon versiones sobre un supuesto interés de Donald Trump en impulsar a Gianni Infantino para el cargo de secretario general de Naciones Unidas (ONU), un cargo internacional de alto nivel, aunque esas informaciones no fueron confirmadas oficialmente.

Trump manipuló el trofeo durante la ceremonia de premiación, un gesto que despertó críticas por romper con el protocolo tradicional que reserva ese privilegio a los campeones del mundo y a las máximas autoridades de la FIFA.

La pregunta de fondo es mucho más grande que una tarjeta roja o un fallo arbitral. Es ¿Quién controla el fútbol? Durante décadas la FIFA administró el negocio del Mundial.

Hoy parece buscar otra cosa: administrar un conglomerado económico global donde bancos, fondos de inversión y grandes actores financieros tengan un lugar permanente en la mesa de decisiones.

Si ese camino prospera, el conflicto con la UEFA será apenas el primer capítulo de una disputa mucho mayor: la pelea entre quienes entienden al fútbol como patrimonio deportivo y quienes lo consideran uno de los activos más rentables del mundo.

Publicado en todaladata.com.ar

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