Por Ernesto Migone
El documento final de Nueva Delhi refleja la estrategia del bloque para debilitar la arquitectura financiera, política y militar en la que se basa buena parte del poder de Estados Unidos en el actual orden mundial en crisis. Un posicionamiento que prepara el escenario para un posible choque en la próxima cumbre del G20.
Los BRICS celebraron en Nueva Delhi una nueva cumbre atravesada por las disputas entre China e India. Lograron una declaración de 140 puntos aprobada por unanimidad en la reclamaron “máxima contención” en Medio Oriente, rechazaron las sanciones económicas y los aranceles como mecanismo de presión y abogaron por reformas en la ONU y en su Consejo de Seguridad. La Cumbre sesionó doce días después que la Organización de Cooperación de Shanghái criticara a Estados Unidos e Israel en la reunión de Bishkek.
Las negociaciones encabezadas por China, India y Rusia consiguieron lo que los cancilleres no habían logrado en mayo, una declaración conjunta con el precio de no nombrar explícitamente a Estados Unidos ni la guerra en Ucrania. Con Putin, Xi Jinping y Masoud Pezeshkian en la misma mesa, los BRICS ampliados mostraron también las limitaciones que tiene la alianza.

Ciento cuarenta puntos por una “reforma del orden mundial” contra Estados Unidos e Israel
La Declaración de Nueva Delhi se aprobó por unanimidad el primer día, con 140 puntos y 45 páginas. Sobre Medio Oriente expresa preocupación por la escalada y reclama “máxima contención” y “moderación”, sin mencionar a Estados Unidos e Israel. Sí manifiesta su “profunda preocupación por los ataques deliberados contra infraestructuras civiles e instalaciones nucleares pacíficas bajo salvaguardas del Organismo Internacional de Energía Atómica”.
En materia económica el procedimiento es idéntico, manifiesta preocupación por las medidas arancelarias unilaterales y condena las sanciones secundarias no autorizadas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Queda claro hacia donde está dirigida la crítica sin necesidad de nombrar a Washington, que aplicó aranceles a China, a Rusia y a India y amenazó con castigar a cualquier país alineado con el bloque.
En el terreno institucional, la Declaración incluyó un reclamo central: la reforma integral de las Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad para aumentar la representación de los países “en desarrollo”. Con el respaldo de China y Rusia a las aspiraciones de India y Brasil, el documento exigió corregir el “anacronismo” del máximo órgano de decisión global y dar mayor peso al “Sur Global” en la gobernanza internacional.
A su vez, la Declaración respalda la membresía plena del Estado palestino en la ONU, exige el fin del desplazamiento forzado de su pueblo y recoge las medidas provisionales de la Corte Internacional de Justicia en la causa que Sudáfrica inició contra Israel.
De Bishkek a Nueva Delhi: de la condena explícita a la cautela estratégica
Doce días antes, en Bishkek, capital de Kirguistán, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) había hecho exactamente lo contrario. Su declaración por los 25 años de la organización condenó de manera explícita los ataques militares sobre territorio iraní como violaciones del derecho internacional, expresó condolencias por la muerte del líder supremo Alí Jameneí y defendió el derecho de Teherán a un programa nuclear pacífico. Xi Jinping firmó ese texto y, apenas doce días después, avaló en Nueva Delhi un documento mucho más moderado.
Esta diferencia de tono no es únicamente por la heterogeneidad de la composición del BRICS, que sitúa en la misma mesa a Irán junto a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, aliados militares de Estados Unidos. La cautela de la Declaración de Nueva Delhi es, por sobre todo, una decisión política deliberada. Responde a una estrategia impulsada principalmente por China, orientada a no escalar innecesariamente la tensión diplomática con Estados Unidos.
Una cosa es una plataforma política de escala asiática, en la que el peso relativo de Rusia es mayor, y otra es el contrapeso mundial que implican los BRICS. Para Beijing, el debilitamiento de la hegemonía occidental, de Estados Unidos en particular, y la transición hacia un “nuevo orden” capitaneado por China avanzan a paso firme. Por lo tanto, no existe ninguna necesidad estratégica de precipitar un choque frontal.
La ampliación del BRICS acrecentó su enorme peso demográfico y económico, los miembros reúnen cerca de la mitad de la población mundial y alrededor del 40% del producto bruto global, pero implicó también administrar los tiempos diplomáticos. Como señalamos al analizar las cumbres paralelas de la OTAN y los BRICS, son dos formas distintas de coordinación entre grupos de potencias, aunque sólo una tiene comando unificado, al menos de momento.

Los mandarines chinos toman el timón
Xi Jinping llegó a India por primera vez en siete años. Se reunió con Modi, habló de encarar el vínculo desde una “perspectiva estratégica y de largo plazo” y ambos se comprometieron a buscar una solución a la disputa fronteriza que estalló en 2020. Eso sí, Xi faltó a la cena de gala del anfitrión.
El líder chino cerró su paso por Nueva Delhi proponiendo cinco iniciativas para los BRICS ampliados, en inteligencia artificial, facilitación de comercio e inversiones, industria digital, manufactura inteligente y formación de cuadros técnicos. Xu Feibiao, del Instituto de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China, las describió como un sistema donde “el talento es la base, la tecnología el motor”.
Pero no es cooperación desinteresada. China asume la presidencia del bloque en 2027 y ya fija la agenda para una “década dorada”. En su disputa con Estados Unidos, los BRICS son una de las plataformas más poderosas desde donde la desarrolla. China es una potencia socialimperialista, socialista de palabra e imperialista de hecho, que esconde su voracidad detrás del discurso de un nuevo orden mundial cooperativo y “win-win”. La relación con India lo ilustra, el déficit comercial con China llegó a un récord de 112.000 millones de dólares en 2025-2026.

Ruidos por los barriles de petróleo y los dólares
La Declaración “valora” el trabajo técnico realizado en las negociaciones por una moneda de intercambio, habla de “interoperabilidad entre canales de pago” y de “promover liquidaciones en monedas locales” con la advertencia expresa de que no hay un enfoque único para todos. Aquí India marcó un límite, reducir la exposición al dólar no es reemplazarlo.
Esto motivó un choque importante. Putin denunció que el mundo “multipolar” encuentra resistencia en países “acostumbrados a pensar en categorías coloniales”. India, en la presidencia temporal del BRICS, fue la que en febrero acordó con Trump bajar sus aranceles del 50% al 18% a cambio de comprometer compras por 500.000 millones de dólares y reducir sus importaciones de crudo ruso. La falta de reparos de China podría leerse como una pausa táctica más, en la serie que abrió la tregua comercial de Busan.
De fondo está la crisis energética abierta por la guerra contra Irán y el alto el fuego que no se sostuvo. El Brent superó los 100 dólares el 9 de septiembre y trepó a 107 al día siguiente, tras la mayor tanda de ataques contra buques desde que empezó la guerra. Irán reivindicó golpes sobre diez naves después de que Estados Unidos hundiera cinco petroleros iraníes. Por Ormuz pasaban unos cien barcos diarios antes de febrero y ahora circulan menos de diez.

Venezuela, ausente
El punto 27 reafirma a América Latina y el Caribe como zona de paz, sostenida en la solución pacífica de controversias y la no injerencia, y reclama el fin del bloqueo contra Cuba. En ese mismo punto no aparece Venezuela.
La omisión es elocuente. Luego de la captura ilegal del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores en enero, recientemente Washington anunció un acuerdo petrolero sobre 17 campos con un potencial declarado de 65.000 millones de barriles. La ficha del Departamento de Estado no disimula el objetivo: reafirmar la Doctrina Monroe y expulsar del hemisferio a las empresas rusas y chinas que operaban esos yacimientos, la aplicación práctica de la doctrina presentada en Quantico. Los BRICS, que dedicaron un punto entero a Cuba, no dedicaron una línea a la intervención en curso.
Brasil tampoco ayudó. Lula no viajó, retenido por la campaña electoral a menos de un mes de las presidenciales, y delegó la representación en el canciller Mauro Vieira. La Argentina eligió hace años la vereda opuesta: Javier Milei rechazó el ingreso al bloque y alineó al país con Washington.
Un mensaje desde Nueva Delhi al campo de golf de Trump
El punto 116 es el más filoso de los 140 que componen la Declaración. Defiende al G20 como foro principal de cooperación económica, subraya la condición de Sudáfrica como miembro fundador y advierte que es inadmisible la revisión arbitraria de su membresía. Es la respuesta directa al anuncio de Donald Trump de que Sudáfrica no recibirá invitación para la cumbre que Estados Unidos presidirá el 14 y 15 de diciembre en Trump National Doral, su propio complejo de golf en Miami. Un G20 que llegará con la agenda recortada, porque para el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el foro “se convirtió en el G100”.
El desafío de los BRICS a la hegemonía de Estados Unidos está en curso, pero la cumbre de Nueva Delhi también dejó a la vista sus límites. La arquitectura que construye el bloque ampliado para debilitar a Washington avanza, pero choca constantemente contra sus propias inconsistencias, como las desconfianzas bilaterales, el límite que marca la dependencia del dólar y el pragmatismo puro de socios como India.
Los silencios deliberados del documento final confirman que la anunciada multipolaridad no es un frente anti-estadounidense monolítico ni cohesionado. Es, al menos por ahora, una alianza transaccional donde potencias con intereses divergentes, junto a países “en desarrollo”, acuerdan puntos de presión en la disputa con Estados Unidos.
Con este entramado de ambiciones y debilidades a cuestas, el bloque se encamina a un posible choque de diciembre. Sin embargo, el tablero no estará estático hasta entonces. Hay por delante una inminente reunión bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping, sumada a los resultados de las elecciones legislativas en Estados Unidos y las presidenciales en Brasil, tienen el potencial de alterar la relación de fuerzas globales. Cuando la agenda de Nueva Delhi aterrice en el G20 de Miami en diciembre, habrá que ver si el desafío a Estados Unidos pasará de las declaraciones conjuntas a la confrontación directa, frente a un anfitrión decidido a retener su lugar, pero crecientemente cuestionado, como hegemón mundial.
Publicado en tigresdepapel.com.ar

