INTA: denuncian el desmantelamiento del organismo tras la pérdida de casi 2.000 trabajadores

Alertan por un daño que llevará décadas reparar

El proceso de ajuste que atraviesa el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) continúa generando una creciente preocupación entre investigadores, productores, exautoridades del organismo, dirigentes rurales, sindicatos y gobiernos provinciales. Todos coinciden en un diagnóstico: el recorte no sólo implica una reducción presupuestaria, sino que pone en riesgo uno de los principales sistemas públicos de investigación y transferencia tecnológica del país.

Según distintas estimaciones, desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei el organismo perdió entre 1.800 y 2.000 trabajadores, producto de retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas y la paralización de ingresos de personal. Solo durante junio, alrededor de 900 agentes abandonaron el organismo mediante un nuevo programa de retiros voluntarios.

Exautoridades del INTA advierten sobre una pérdida irreversible

Los expresidentes del INTA Carlos Cheppi, Carlos Paz y Susana Mirassou, junto al exdirector nacional Roberto Bocchetto y representantes de organizaciones de productores y Consejos Locales Asesores, difundieron una carta pública en la que alertan que el país está perdiendo capacidades científicas, tecnológicas y territoriales construidas durante casi siete décadas.

“La cuestión de fondo son las capacidades que el país deja de tener para generar conocimiento, innovación tecnológica y acompañamiento para el desarrollo de uno de los sectores más dinámicos y estratégicos de la economía argentina”, sostiene el documento.

Los firmantes remarcan que gran parte del personal que dejó el organismo posee maestrías, doctorados y décadas de experiencia en investigación aplicada, extensión rural y desarrollo tecnológico junto a productores, cooperativas, universidades y gobiernos locales.

Advierten además que las pérdidas impactan especialmente en regiones estratégicas como la Patagonia, el Nordeste y la región pampeana, donde el INTA desempeña un rol clave para el desarrollo de las economías regionales.

Agencias cerradas y menos asistencia a los productores

Uno de los aspectos más sensibles del ajuste es el debilitamiento de las Agencias de Extensión Rural, históricamente el principal vínculo entre la investigación científica y los productores.

El cierre de oficinas y la reducción del personal afectan directamente tareas de capacitación, asistencia técnica, organización de productores, transferencia tecnológica y articulación con municipios, cooperativas, escuelas y organizaciones sociales.

Las Estaciones Experimentales Agropecuarias también perdieron profesionales especializados en producción vegetal, ganadera, manejo de recursos naturales y desarrollo rural.

Entre los antecedentes recientes figuran el cierre de 14 agencias de extensión en Buenos Aires y Córdoba, además del avance sobre establecimientos experimentales y proyectos para desprenderse de más de 42.000 hectáreas pertenecientes al organismo.

Un organismo que transformó el agro argentino

Los especialistas recuerdan que el INTA fue protagonista de algunas de las mayores innovaciones del agro nacional.

Entre sus principales desarrollos destacan:

  • La introducción de la siembra directa.
  • El desarrollo de variedades nacionales de soja, trigo y alfalfa.
  • Los avances del INTA Manfredi en agricultura de precisión y maquinaria agrícola.
  • El mejoramiento genético del algodón impulsado por INTA Sáenz Peña.
  • Investigaciones sobre lana Merino y Mohair en Pilcaniyeu.
  • Tecnologías para agricultura familiar, captación de agua, almacenamiento de granos, cultivos andinos y manejo sustentable de recursos naturales.

Los investigadores advierten que detrás de cada profesional que abandona el organismo desaparecen años de conocimiento acumulado, difícil de reconstruir.

“No es sólo un ajuste fiscal”

El histórico dirigente de Federación Agraria Argentina y exconsejero del INTA, Pablo Paillole, considera que el proceso responde a una redefinición del modelo agropecuario impulsado por el Gobierno nacional.

Según explicó, la política oficial prioriza maximizar las exportaciones de commodities por encima del desarrollo territorial, las economías regionales y el agregado de valor.

“Para un modelo productivo extractivista, primarizante e hiperconcentrador, el INTA como fue concebido no sirve”, afirmó.

Paillole sostuvo que la creciente concentración de la producción agropecuaria modifica también el rol que el Gobierno pretende asignarle al organismo.

“Para entender lo que pasa en el INTA hay que entender qué está pasando con la política agropecuaria. A medida que avanza la concentración —antes producían 200 mil productores y ahora producen 3 mil— hay una adecuación del organismo a esa nueva realidad, que deja mucha gente afuera, tanto en el campo como en los pueblos”.

“Hoy muchas agencias quedaron prácticamente unipersonales. El especialista que atendía a los productores ya no está. El organismo comienza a paralizarse”, señaló.

También advirtió sobre la desaparición de programas históricos como Cambio Rural, la interrupción de proyectos de riego en Mendoza y el freno a desarrollos tecnológicos destinados a la agricultura familiar.

“La verdad que para nosotros es un dolor muy grande ver que, a través de los retiros voluntarios, se va gente con maestrías, doctorados, posgrados, que viajó al exterior para especializarse y en la que el Estado invirtió muchísimo dinero. Todo ese conocimiento se pierde en una planilla de Excel, porque los criterios son fiscales y no las necesidades del INTA”.

La situación en las provincias

En La Pampa, el secretario general de APINTA, Roberto Maldonado, definió el presente del organismo como “el peor momento de su historia”.

Según explicó, la Estación Experimental Agropecuaria de Anguil pasó de contar con 154 trabajadores a apenas 96, luego de que 30 empleados aceptaran retiros voluntarios.

“Les llaman retiros voluntarios, pero son despidos encubiertos”, afirmó.

El dirigente alertó que la salida de investigadores pone en riesgo ensayos científicos que llevan entre 15 y 30 años de desarrollo y cuestionó la posibilidad de vender tierras experimentales.

“Hay investigaciones que requieren décadas de trabajo. Si desaparecen los equipos, ese conocimiento no vuelve por decreto”, sostuvo.

Un golpe para la ciencia y el desarrollo regional

Diversos especialistas señalan que el ajuste sobre el INTA forma parte de un escenario más amplio de reducción de la inversión pública en ciencia y tecnología.

Recuerdan que durante 2024 la inversión estatal en investigación cayó cerca del 33%, alcanzando uno de los niveles más bajos de las últimas décadas.

En ese contexto, advierten que la pérdida de capacidades científicas compromete no sólo al sector agropecuario sino también a la competitividad futura del país.

Diversos estudios internacionales sostienen que cada peso invertido en investigación agropecuaria pública genera retornos que pueden multiplicar entre tres y veinte veces esa inversión mediante mejoras en productividad, innovación y exportaciones.

Provincia de Buenos Aires: “El INTA es estratégico”

Durante una jornada técnica realizada en el Instituto de Floricultura del INTA Castelar, el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez, volvió a cuestionar el proceso de ajuste.

“Sabemos de la enorme tarea que hace el INTA en materia de desarrollo científico y tecnológico. Lamentamos profundamente el proceso de vaciamiento y achicamiento que está sufriendo porque significa frenar el desarrollo que necesita la Argentina”, afirmó.

Rodríguez sostuvo que los recursos genéticos nacionales constituyen un patrimonio estratégico y defendió el trabajo conjunto entre el Ministerio y el organismo para desarrollar nuevas variedades vegetales, fortalecer la biodiversidad y promover la innovación productiva.

Según el funcionario, desde el inicio de la actual gestión nacional ya se perdieron alrededor de 2.000 trabajadores entre investigadores, técnicos y personal de apoyo.

“La Argentina necesita más inversión en ciencia y tecnología, no menos. Esta política le está pegando un tiro en el pie a las posibilidades de desarrollo futuro del país”, concluyó.

Un debate que trasciende el presupuesto

Quienes cuestionan el ajuste coinciden en que la discusión excede la reducción del gasto público.

Sostienen que el verdadero impacto radica en la pérdida de conocimiento estratégico, la desaparición de redes de extensión rural, el debilitamiento de la asistencia técnica para pequeños y medianos productores y la interrupción de investigaciones construidas durante décadas.

La advertencia que sintetiza el diagnóstico de exautoridades, científicos, trabajadores y productores resume el eje del debate: las capacidades del INTA pueden perderse en pocos meses, pero reconstruirlas demandará muchos años y comprometerá el futuro del desarrollo agropecuario argentino.

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