Milei miente y ofende la figura patriótica de Manuel Belgrano

Una vez más en el acto central por el Día de la Bandera en Rosario, el presidente Javier Milei tergiversó la figura de Manuel Belgrano para llevar agua para su molino. Manuel Belgrano, un patriota de verdad, nunca fue, nunca pensó, nunca hizo lo que dijo Milei en su discurso.

No es honesto tratar de emparentar a las ideas liberadoras de Belgrano con el pensamiento libertario, entreguista y extranjerizante de Milei.

Belgrano siempre predicó la protección de la industria nacional y eso no tiene ningún punto de contacto con un gobierno que propone, por ejemplo, blanqueo de capitales para evadir impuestos, que propicia estafas con criptomonedas o cuyo Jefe de Gabinete es un corrupto.

Belgrano siempre defendió la industria nacional, la educación pública y gratuita para mujeres y hombres en igualdad de condiciones. La generación de empleo y la idea central del trabajo como creador de valor y, además, criticaba al librecambio y al endeudamiento.

Manuel Adorni, junto al gabinete de ministros, durante el discurso presidencial en primera fila

En su discurso de hoy por el Día de la Bandera, el presidente Javier Milei volvió a presentar a Manuel Belgrano como un símbolo casi exclusivo de las ideas que hoy reivindica el oficialismo: la libertad individual, la supuesta austeridad en el manejo de los recursos públicos y la lucha contra la burocracia estatal.

Sin embargo, la lectura presidencial omite aspectos fundamentales de la trayectoria y del pensamiento del creador de la bandera.

Belgrano fue mucho más que un militar austero o un defensor abstracto de la libertad. Fue un impulsor de la educación pública, promovió la creación de escuelas, defendió la intervención estatal para fomentar el desarrollo económico y sostuvo ideas que hoy difícilmente encajarían en el ideario libertario.

Casi todos los historiadores coinciden en que concebía al Estado como una herramienta indispensable para construir una nación moderna y reducir las desigualdades sociales.

La insistencia de Milei en destacar únicamente aquellos rasgos compatibles con su proyecto político revela una tendencia cada vez más marcada: utilizar figuras históricas para legitimar debates contemporáneos.


Belgrano rechazaba la idea de que el Estado tomara deuda externa y así lo dijo: “El grueso interés del dinero convida a los extranjeros a hacer pasar el suyo para venir a ser acreedores del Estado. No nos detengamos sobre la preocupación pueril, que mira la arribada de este dinero como una ventaja: ya se ha referido algo tratando de la circulación del dinero. Los rivales de un pueblo no tienen medio más cierto de arruinar su comercio, que el tomar interés en sus deudas públicas”.


También propuso una verdadera reforma agraria basada en la expropiación de las tierras en desuso para entregarlas a los agricultores sin tierra y sostenía que era clave otorgar buenos salarios a los trabajadores.

Es llamativo que el Presidente presente a Belgrano como un rebelde enfrentado a la burocracia, cuando gran parte de la vida pública del prócer estuvo ligada precisamente a la construcción de instituciones.

Su actuación en el Consulado, en la Primera Junta y en el proceso independentista estuvo orientada a crear estructuras políticas capaces de sostener un proyecto nacional duradero.

La apelación permanente a la “libertad” como concepto ordenador del legado belgraniano simplifica una figura histórica que defendió simultáneamente la educación, la producción nacional, la ciencia y la integración territorial.

Reducirlo a un antecedente del liberalismo contemporáneo implica ignorar buena parte de su pensamiento. Lo preocupante no es que un gobierno reivindique determinados aspectos de su legado, sino que presente esa interpretación parcial como si fuera la única posible.

La historia argentina ofrece un Belgrano mucho más amplio que el retrato construido desde la Casa Rosada.

Por lo pronto, Milei fue repudiado en las calles y declarado persona no grata en Rosario por llevar adelante un gobierno de ajuste, entreguista, corrupto y servil de los imperialismos.

Eso a Manuel Belgrano, que murió en la pobreza total después de haber dado su vida por la Patria, no le hubiera pasado.

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