
Por Cecilio Panella
La violencia estatal extrema en Río de Janeiro produjo al menos 120 muertos (entre ellos cuatro policías) y más de 80 detenidos, en un megaoperativo contra el narcotráfico en los complejos de favelas de Alemão y Penha.
Participaron 2500 policías de grupos especiales de las policías Civil y Militar de seguridad, atacando supuestas posiciones del grupo criminal Comando Vermelho (CV) en la zona norte de la ciudad.
El objetivo del operativo era ejecutar órdenes de arresto contra miembros del CV, 30 de los cuales son de fuera de Río, que se esconden en los dos complejos de favelas.
El panorama a lo largo del día mostraba helicópteros sobrevolando la zona, vehículos blindados avanzando por las calles y drones vigilando desde el aire.
Los criminales respondieron con violencia: incendiaron autos, bloquearon avenidas y lanzaron explosivos desde drones, una táctica inédita en el país. Cada rincón del complejo se convirtió en un escenario de tensión y riesgo extremo.
El gobierno carioca reportó que se trata de «la mayor operación en la historia» de la ciudad contra el narcotráfico.
La reacción del Comando Vermelho paralizó la ciudad. Vías principales como la Avenida Brasil y la Línea Amarela quedaron bloqueadas, afectando el transporte público y dejando a miles de personas atrapadas.
Más de 45 escuelas suspendieron clases y decenas de líneas de autobuses fueron desviadas.
El miedo se extendió entre los vecinos, que vivieron horas de incertidumbre mientras las fuerzas de seguridad trabajaban para restablecer el orden.


Cruce entre gobiernos
La incompetencia e irresponsabilidad del gobernador bolsonarista de Río de Janeiro, Cláudio Castro (Partido Liberal), ha sumergido a la región metropolitana de Río en un profundo caos.
Las fuerzas de seguridad produjeron un baño de sangre en los complejos de favelas Penha y Alemão, lo que provocó reacciones y disturbios callejeros ante la ausencia total del Estado.
El mandatario carioca decidió ir a fondo y realizar una mega operación anti narco sin respaldo federal, y después le echó la culpa al gobierno nacional por no autorizar la participación de militares en el operativo.
El gobernador Castro calificó la operación como una guerra contra el “narcoterrorismo” y destacó la necesidad de mayor apoyo federal.
“La operación de hoy tiene muy poco que ver con la seguridad pública. Es una operación de defensa del Estado. Para una guerra como esta, que no tiene nada que ver con la seguridad urbana, deberíamos contar con mayor apoyo, incluso de las Fuerzas Armadas. Río está solo en esta guerra”, afirmó Castro.
La declaración de Castro resaltó la necesidad de la intervención del gobierno federal, incluyendo la posibilidad de desplegar a las Fuerzas Armadas.
Según el mandatario derechista, su solicitud de asistencia con vehículos blindados de la Marina y el Ejército fue denegada tres veces.
Miembros del gobierno de Lula creen que las declaraciones del gobernador carioca, culpando a la falta de apoyo federal por la crisis de seguridad son una maniobra política de Castro para anticipar las elecciones del próximo año.
Un detalle no menor: el operativo se materializó con el presidente Lula fuera del país, volviendo de su gira por el sudeste asiático, donde tuvo una reunión con su par estadounidense, Donald Trump.


Repudio al operativo
El diputado y pastor evangélico Henrique Vieira denunció en X que el gobierno estatal «trata a la favela como territorio enemigo, con licencia para tirar y matar».
Exigiremos «explicaciones sobre la acción, que convirtió nuevamente a las favelas de Rio en escenario de guerra y barbarie», dijo a su vez la diputada Dani Monteiro, presidenta de la comisión de derechos humanos de la asamblea legislativa.
A todo esto, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) afirmó estar horrorizada por los hechos.
«Esta operación mortal refuerza la tendencia de consecuencias letales extremas de las operaciones policiales en las comunidades marginadas de Brasil», indicó la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Por su parte, Human Rights Watch Brasil calificó de desastre el operativo policial y pidió a la Fiscalía investigar las circunstancias de cada muerte.
«Una operación policial que resulta en la muerte de más de 60 residentes y policías es una enorme tragedia«, expresó el director de HRW en Brasil, César Muñoz.
«La sucesión de operaciones letales que no resultan en una mayor seguridad para la población, sino que en realidad generan inseguridad, revela el fracaso de las políticas de Río de Janeiro», afirmó.


Qué es el Comando Vermelho
Edgard Alves Andrade, alias “Doca” o “Urso” (Oso), de 55 años, es el cabecilla del Comando Vermelho. Está acusado de cometer más de 100 asesinatos. Tiene más de 20 órdenes de captura en su contra y ofrecen 18 mil dólares como recompensa.
El monto ofrecido por el capo narco es igual a la recompensa a cambio del narcotraficante Luiz Fernando da Costa, conocido como Fernandinho Beira-Mar, quien, a pesar de estar en prisión desde hace 20 años, sigue siendo el actual jefe del CV.
Nacido en la década del 70 en una prisión carioca, el Comando Vermelho se ha convertido en una de las principales organizaciones delictivas del país, considerado una amenaza en la región.
Actualmente, es considerado una amenaza nacional y trasnacional, en constante guerra con otros grupos criminales brasileños como el carioca Terceiro Comando Puro y el Primeiro Comando da Capital, de San Pablo.
Abandonados sus orígenes de delitos menores y robos de bancos destinados a financiar la vida carcelaria de sus presos, el Comando Vermelho incursionó en la década de los 80 en el tráfico de cocaína, encontrando socios en los cárteles de droga colombianos.
Al mismo tiempo, la organización empezó a ocupar los lugares a los que el Estado brasileño no llegaba, estableciendo un sistema paralelo de gobierno de varias favelas y barrios pobres de Río y ofreciendo incluso empleo a muchos de sus habitantes.
En 2020, la Corte Suprema de Brasil impuso algunas restricciones a los operativos policiales en las favelas que buscaban controlar el accionar del grupo criminal, como limitar el uso de helicópteros y las acciones en áreas próximas a escuelas o centros de salud.
Sin embargo, estas medidas fueron levantadas este año por decisión del supremo, lo que se vio reflejado en los enfrentamientos de este martes.

Operativos letales
En la última década, las autoridades cariocas han intensificado sus ofensivas contra el narcotráfico, en particular el Comando Vermelho, marcando una dramática escalada en la violencia.
La estrategia de «mano dura» se ha traducido en operativos con una letalidad sin precedentes.
En 2024, Río de Janeiro registró aproximadamente 758 muertes por disparos durante operaciones o enfrentamientos armados (un promedio de casi dos por día).
Casualidad o no, hace cinco días, el senador Flávio Bolsonaro sugirió que Estados Unidos bombardee embarcaciones en Río de Janeiro para combatir el narcotráfico, como lo ha hecho en el Caribe y en el Pacífico.
«¡Qué envidia! He oído que hay barcos en Río de Janeiro, en la bahía de Guanabara, inundando Brasil de droga. ¿No les gustaría pasar unos meses aquí ayudándonos a combatir a estas organizaciones terroristas?», escribió en X el hijo mayor del expresidente detenido.

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