
Escrito por Cecilio Panella
El fin de semana pasado, el mundo estuvo en vilo por el ataque de Irán a Israel, que llevó al escenario que más se temía y que se buscaba evitar tras el atentado de Hamas del 7 de octubre: una escalada del conflicto en Medio Oriente.
El lanzamiento de más de 300 misiles y aviones no tripulados disparados contra Israel condujo a una exitosa acción militar israelí, que tuvo el apoyo de Estados Unidos para repeler el ataque.
La operación de Teherán fue en represalia por el ataque del 1° de abril al consulado iraní en Damasco (Siria), donde Israel mató a dos generales de la Guardia Revolucionaria iraní, además de otras 14 personas.
Irán lleva años financiando y armando a grupos aliados que han jurado destruir Israel, como los palestinos de Hamas en Gaza y los chiítas de Hezbollah en Líbano.

Pero el sábado fue la primera vez desde la Revolución Islámica de 1979 que Irán lanzó un ataque directo contra Israel. Por lo tanto, independientemente de cómo se interprete la operación militar, se ha cruzado un límite.
Ahora, el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu advirtió que «el Estado de Israel hará lo necesario para defenderse”, mientras el presidente de Irán, Ebrahim Raisi, amenazó con una respuesta “dura, amplia y dolorosa” a la “mínima” acción contra su país.
Hay una fuerte presión internacional a Israel para que evite una represalia a Irán, ya que se teme que podría desatar un conflicto regional de rumbo imprevisible.
Mientras tanto, cualquier acuerdo de alto el fuego en Gaza pende de un hilo. La ofensiva de Israel en la Franja para eliminar a Hamas durante los últimos seis meses ha dejado tierra arrasada.
Ya han muerto casi 34 mil palestinos y más de 75 mil han resultado heridos; más del 70% de las zonas residenciales del territorio gazatí –uno de los más densamente poblados del mundo– se encuentran destruidas y el 80% de la población ha sido forzosamente desplazada.
Alineamiento automático
Lo había prometido en la campaña electoral y lo está cumpliendo como presidente: la Argentina de Javier Milei, a nivel internacional, está alineada sin matices con Estados Unidos e Israel.
Al momento del ataque de Irán, Milei estaba en Estados Unidos tras reunirse con el magnate Elon Musk, en la sede de su empresa de vehículos eléctricos “Tesla”.
Inmediatamente, canceló su viaje a Dinamarca (donde iba a firmar el acuerdo para la adquisición de 24 aviones caza F-16) y emprendió el regreso a Buenos Aires.
El presidente constituyó un Comité de Crisis y el domingo a la noche convocó a una reunión de gabinete, a la que sumó al embajador de Israel, Eyal Sela, en un gesto de alineamiento total.

La decisión no registra antecedentes en la Argentina y generó ruido en el mundillo diplomático. Lo consideran una sobreactuación para enfatizar su alineamiento con el Estado de Israel.
Ante la lluvia de críticas, Milei sostuvo que el diplomático dio «la visión oficial de Israel» y que se retiró antes de que se trataran temas sobre seguridad interior.
Pero antes, el vocero presidencial Manuel Adorni se había mostrado en un mensaje grabado junto al embajador Sela, quien hizo uso de la palabra para agradecer la actitud del gobierno argentino.
Además, en una foto que distribuyó el Gobierno, se ve al diplomático israelí sentado al lado de la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Sobre estos hechos, el Consejo Nacional del Foro Patriótico y Popular emitió un documento donde expresa que “el gobierno de Milei-Villarruel ha impulsado una decidida política de alineamiento con EE.UU., el Reino Unido e Israel, que llevan a la Argentina como furgón de cola de los planes militares de EE.UU. y sus aliados”.
“Es una política irresponsable que solo puede traer a la Argentina mayores y peores sufrimientos, cuando ya se profundiza una crisis brutal producto de ajuste y liquidación del patrimonio nacional del gobierno de Milei-Villarruel”, agrega el documento.

La ministra habló de más
Al día siguiente de la polémica reunión de gabinete con el embajador israelí, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, habló de la supuesta presencia iraní en nuestra región, repitiendo argumentos de la inteligencia israelí y estadounidense.
“La Argentina está en una zona donde hay presencia activa de dos fuerzas que son aliadas, una directa y otra aliada, a Irán. Una es Hezbollah, que está en la triple frontera de Paraguay, Brasil y la Argentina. También se ha visto presencia en el último tiempo en Iquique, al norte de Chile; el año pasado en San Pablo, Brasil, y hace pocas semanas en Perú”, afirmó la funcionaria.
Las declaraciones desataron el malestar chileno y boliviano, que protestaron con sendas notas formales a las embajadas argentinas en Santiago y La Paz.
Chile dio por superada la crisis con “las disculpas” del gobierno argentino, ofrecidas por Bullrich en una comunicación telefónica con su colega chilena, Carolina Tohá.
No obstante, el presidente chileno, Gabriel Boric, expresó que “si una autoridad de otro país tuviera antecedentes sobre actividades ilícitas en el nuestro, lo que corresponde es que lo plantee vía diplomática, no por la prensa”.
Cabe destacar que Chile tiene la mayor comunidad de palestinos fuera de Israel y del mundo árabe. Se calcula que unas 500 mil personas pertenecen a esa colectividad.
En tanto, el gobierno boliviano de Luis Arce también pidió explicaciones a la embajada argentina, y rechazó “enfáticamente que Bolivia proteja en sus fronteras a personas que siembren el terror, la inseguridad y la zozobra.
Estas acusaciones carecen de evidencia o documentación y se realizan sin fundamento alguno”.
Bullrich había asegurado que en Bolivia “hay presencia de miembros iraníes de las fuerzas Quds, una de las ramas armadas”, y que el gobierno argentino está viendo en las fronteras si ingresan «personas que no hablan español y que tienen pasaportes bolivianos”.
Después tuvo que aclarar: «No hemos visto entrar a ninguno de ellos, pero es una hipótesis que manejamos como una posibilidad”. Si no registraron ningún caso, ¿por qué mencionar pasaportes de Bolivia?
Bolivia, a diferencia de Chile, no mereció las excusas de la ministra de Seguridad.
Finalmente, por si fuera poco, la Embajada iraní en Bolivia, emitió un comunicado desmintiendo “categóricamente” las acusaciones de lo que llamó “las autoridades argentinas”.
Afirmó que “no hay ningún miembro del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en Bolivia, y que la población total de iraníes residentes en este país es menor a 200 personas”.
Después, sin nombrarlo, acusó al gobierno argentino y a “sus partidarios en la región” de intentar “crear una iranofobia en la región”, y de arrastrar el “alcance de las tensiones de Asia Occidental a América del Sur”.

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