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Escrito por Miguel Ángel De Renzis

Se encuentra muy avanzada la investigación del secuestro del león.

Según se supo, todo habría ocurrido en la noche del 23 de octubre pasado, en una casona estilo francés de ocho años de antigüedad, existente en la tranquila calle José C. Paz, en la localidad de Acassuso, partido de San Isidro, distrito del último integrante de la dinastía Posse.

A parecer, el inquilino de los más de 1200 m², de los cuales 620 m² son cubiertos y el resto un hermoso parque, paga 10.000 dólares norteamericanos por mes.

En esa propiedad se habría producido el secuestro del león. Eran las 20,30 cuando sonó el teléfono para poner en autos al inquilino que todo marchaba según lo planificado, y qué pasadas las 22.30 una conspicua integrante de la banda, Pepita la Pistolera, estaría por allí.

A esa hora, el inquilino y Pepita abrieron la puerta a Karina Elizabeth, a la que se investiga para saber si actuó como entregadora del león, o simplemente fue sorprendida por los embusteros de la banda.

Una hora después llegó otro integrante conocido como “el Colorado”, simultáneamente con el ingreso de dos personajes vinculados al secuestrado, un tal Guillermo Franco y otro que sería Santiago Caputo.

Momentos después llegó el león. Y también Cristian, un hombre muy vinculado en otros tiempos a un tal, Miguel Ángel, hombre relacionado con la inteligencia argentina y a la CIA.

Todo parecía desarrollarse normalmente. De pronto Pepita la Pistolera sacó una hoja con doce puntos de exigencia para perdonarle la vida al león, que la había tratado de “asesina pone bombas”.

El león saludó amablemente y se transformó en un gatito mimoso. Nadie podía creer lo que pasaba. El secuestro estaba casi demás. El león era un gatito.

Decidieron dejarlo seguir hablando pero con un nuevo maquillaje.

La banda giró la cabeza hacia el dueño de casa y ahí descubrieron que el inquilino era el Gato Mauri, conocido también como el “presidente reposera”, el “endeudador serial”, el “fundidor de las pymes”, el “nuevo Rivadavia”, el “vaciador del Correo”, el “contrabandista de los 90”, y “amateur del bridge”.

Todos estos seudónimos surgen cuando se investiga al multiprocesado, el Gato Mauri.

Luego de un cambio de opiniones al gatito mimoso lo convencieron de que tenía que cambiar la motosierra por una bandera y que usara sus capacidades de mistificador, negara el negocio del tráfico de órganos en el que está metido, y también el cuento de la dolarización.

Se pactó que el secuestro quedara tapado por un supuesto pacto y la banda del Gato Mauri respiró tranquila.

Un día después, el 24 de octubre, la sociedad se enteró de lo que presentaron como un pedido de disculpas entre la pone bombas y el león.

Pepita la Pistolera terminó enredada en una pelea absurda con la vaca que da la leche y el gatito mimoso, revolcado en la casta de la banda de la fiebre amarilla.

Las últimas investigaciones llegaron hasta el viejo departamento del Gato Mauri, donde un tal Gustavo vive de arriba por haber sido cómplice del Gato en un negociado de despojo a un importante club deportivo argentino, cuando se quedaron con la comisión de la venta de un Apache.

Cuando más atrás se va, más engorrosa es la vida de la banda.

Derrotados y vapuleados en sus incursiones políticas, la banda organizó el secuestro para copar a un exitoso que rugía como león y que hoy pide la teta como gatito amamantado.

Se sigue investigando y seguiremos informando.

La seguimos el lunes a las 6, por AM 650 Radio Belgrano.