El pan, el voto y el intento de agravio

Por Ricardo Banega (*)

La dignidad docente en Entre Ríos: cuando la política insulta al trabajador

“Se ha sometido a la más triste de las humillaciones a las que se puede someter a un hombre, que es trabajar los 30 días del mes y no poder llevar el pan a su mesa los 30 días del mes”, sentenció Raúl Alfonsín hace 40 años, definiendo con crudeza el fracaso de un sistema que debe garantizar dignidad.

Si uno toma esta frase y la proyecta sobre la realidad actual de Entre Ríos, el contraste es brutal. Nos encontramos ante una crisis de representación que no solo es política, sino profundamente sindical y social. La clase trabajadora, especialmente la docente, vive en carne propia esa humillación que describía Alfonsín: salarios que no alcanzan, despidos, cierre de cargos, recortes presupuestarios, descuentos por días de lucha en un contexto inflacionario que devora el esfuerzo de treinta días en apenas una o dos semanas.

El llamado a la unidad frente a una dirigencia que agravia

Únanse. Sean hoy más hermanos que nunca”, exclamó Juan Domingo Perón hace 80 años, en un claro llamado a la solidaridad colectiva.

Pero lo que realmente hace ruido, lo que rompe ese mandato de unidad que pedía Perón, es ver quiénes están del otro lado de la mesa.

Hace ruido, y duele, que un dirigente político con procesamiento por corrupción se refiera con desprecio e insultos hacia los docentes. Duele porque la docencia no es un sector más; es la columna vertebral de la provincia, la que sostiene la escuela pública, la que en los pueblos del interior es muchas veces el único estado presente. Insultarlos no es solo una falta de respeto, es un síntoma de una dirigencia que ha perdido total capacidad de empatía y que tal vez envidia, de manera reaccionaria, la democracia gremial y la dignidad de los sindicatos docentes, principalmente AGMER.

Pero el agravio se vuelve insoportable cuando proviene de alguien que transita los pasillos de la política con el peso de estar procesado por corrupción. Esa es la contradicción que explota en la cara de la sociedad entrerriana.

La dignidad como eje del debate

¿Con qué autoridad moral se insulta al trabajador que sostiene el sistema educativo, cuando sobre uno pesa la sospecha de haberse servido del presupuesto que debería garantizar mejores condiciones para los trabajadores de Entre Ríos?

Un dirigente señalado por la Justicia por hechos de corrupción, insultando a quienes todos los días ponen el cuerpo en las aulas, es el espejo más fiel de lo rota que está la representación. No hay posibilidad de construir hermandad ni unidad cuando desde el poder político se mira al que labura como un enemigo al que hay que humillar, y no como un ciudadano al que hay que garantizarle el pan en su mesa los treinta días del mes.

Esta situación nos interpela como sociedad. Nos lleva a preguntarnos: ¿cómo es posible que personajes cuestionados por la Justicia sigan teniendo micrófonos para agraviar, mientras los docentes tienen que salir a la calle a manifestarse para que les paguen lo que les corresponde?

¿Dónde quedó la política como herramienta de transformación, si hoy se limita a una pulseada entre un poder judicial que tarda y un poder político que insulta?

En Entre Ríos, el debate ya no puede ser solo por el monto del salario. El debate es por la dignidad. Es por terminar con la humillación de tener que mendigar lo que por derecho corresponde. Y es, sobre todo, por exigir que quienes nos representan tengan la estatura ética para no agraviar a quienes todos los días, pese a todo, siguen yendo a las escuelas a batallar con el día a día.

Sí, esas seños que salen a las 4 de la mañana a hacer dedo y que encaran la tarea docente con amor, profesionalismo y compromiso. Porque brindan cariño a sus estudiantes, preparan sus clases con lo mejor que tienen y se preocupan por la ropa, el calzado y demás necesidades de sus alumnos.

(*) Profesor. Técnico Mecánico c/or. en máquinas agrícolas

Fuente: riobravo.com.ar

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