
Escrito por Cecilio Panella
El presidente Gustavo Petro cayó derrotado en las elecciones regionales y municipales llevadas a cabo el domingo pasado en Colombia, en lo que constituye un severo llamado de atención a su gobierno iniciado hace 15 meses.
Aunque no fue un plebiscito contra su gestión, el Pacto Histórico, la coalición de izquierda liderada por Petro, perdió en las principales ciudades de Colombia, entre ellas la capital, Bogotá.
Sin embargo, la oposición tampoco se puede declarar como la gran vencedora de estas elecciones.
La mayoría de los candidatos que ganaron se mostraron críticos del presidente, pero las diferencias entre ellos hace difícil pensar que integren un mismo frente político que amenace la gobernabilidad del país.
La mayoría de los candidatos que ganaron se mostraron críticos del presidente, pero las diferencias entre ellos hace difícil pensar que integren un mismo frente político que amenace la gobernabilidad del país.
Todos los alcaldes de las grandes ciudades serán ahora opositores a Petro: en Bogotá ganó la centroizquierda tradicional, en Medellín venció la derecha “uribista” (por el expresidente Álvaro Uribe 2002-2010), y en Cali y Barranquilla ganaron las centroderechas empresariales.
Petro, de 63 años, inició su mandato en agosto de 2022 en medio de grandes expectativas, luego de convertirse en el primer presidente de izquierda de Colombia con un programa de profundas reformas económicas y ambiciosos planes para reducir la violencia en el país.
El presidente es un ex guerrillero que integró el Movimiento 19 de Abril (M-19) hasta su desmovilización en 1990. A partir de allí Petro inició su carrera política, siendo Representante, Senador y Alcalde de Bogotá antes de alcanzar la presidencia.
Opositores en las grandes ciudades
En la alcaldía de Bogotá, Carlos Fernando Galán (Nuevo Liberalismo) se impuso al obtener el 49% de los votos en la capital colombiana.
El alcalde electo es hijo del político liberal Luis Carlos Galán Sarmiento, asesinado en 1989 por las mafias del narcotráfico cuando se perfilaba como favorito para ganar la Presidencia en las elecciones de 1990.
En Medellín, Federico «Fico» Gutiérrez (tercero en las presidenciales de 2022) obtuvo el 73,43% de los votos. «Fico» ya ejerció el cargo entre 2016 y 2020 y está alineado en el “uribismo”.
Igual de contundente fue la votación de Alejandro Char en Barranquilla, la principal ciudad de la costa atlántica colombiana, donde el candidato de Cambio Radical consiguió el 73,32% de los votos.
El triunfo no tomó por sorpresa a nadie, ya que, a pesar de que su hermano Arturo Char fue detenido hace unas semanas por compra de votos y corrupción electoral, la popularidad de los Char, una poderosa familia de empresarios y políticos, es notable.
En Cali, la tercera mayor ciudad de Colombia, Alejandro Eder, candidato por una coalición de varios partidos conservadores y de centroderecha, ganó la alcaldía con el 40,54% de los votos.
El Pacto Histórico no ganó ni apoyó al vencedor de ninguna de las ciudades grandes, mantuvo el poder en solo dos gobernaciones (Nariño y Magdalena) y no será mayoría en ninguna de las asambleas departamentales o concejos municipales.
Una luz amarilla
Es evidente que Petro ha recibido un llamado de atención de parte de los colombianos, aunque mantiene entre un 30% y un 40% de aprobación en las encuestas.
Los comicios llegaron en un momento incómodo para su gobierno: la alianza con la que llegó al poder se disolvió, los acuerdos legislativos se rompieron y algunos escándalos -incluyendo acusaciones de corrupción contra su hijo- erosionaron su gestión.
El 29 de julio pasado, Nicolás Petro Burgos, 37 años, fue capturado por la Fiscalía junto a su ex esposa, Daysuris Vázquez, acusado de lavado de activos y enriquecimiento ilícito.
El hijo del presidente reconoció haber recibido dinero de un narcotraficante y de sujetos de dudosa reputación, y que parte del mismo fue a parar a la campaña presidencial de su padre.
En cambio, el presidente Petro sí se anota un éxito en su política de «paz total», con la que busca acordar con los grupos ilegales que actúan en el país -guerrilleros y narcos-, porque las negociaciones avanzan, aunque con dificultades y un clima de violencia todavía alto.
Buena parte de esta violencia se atribuye a disidencias de las FARC- que quedaron fuera del acuerdo de paz del 2016-, e incluso al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y al Clan del Golfo, aun cuando mantienen conversaciones con el Gobierno.
Por si fuera poco, Colombia está conmocionada por el secuestro en la Guajira del padre del futbolista Luis Díaz, estrella del Liverpool de Inglaterra y héroe nacional, que encrespó aún más al país.
Desde el 28 de octubre pasado no se sabe nada de Luis Manuel “Mane” Díaz; en cambio, Cilenis Marulanda, la madre del futbolista capturada con él, fue liberada casi inmediatamente.
Mientras lo buscan intensamente por tierra y aire, el Gobierno no descarta que los secuestradores hayan cruzado la frontera hacia Venezuela.



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