A dos años del mensaje de Francisco al Foro Económico Mundial de Davos

Para el Papa Francisco, nuestro Cardenal Bergoglio, la reunión cumbre de Davos 2024 “tuvo lugar en un clima muy preocupante de inestabilidad internacional”, Destacaba el pontífice que esperaba que “sus debates tuviesen en cuenta la urgente necesidad de avanzar en la cohesión social, la fraternidad y la reconciliación entre grupos, comunidades y Estados, con el fin de abordar los retos que tenemos ante nosotros”.

Sostuvo que “al mirar a nuestro alrededor, nos encontramos con un mundo cada vez más lacerado, en el que millones de personas -hombres, mujeres, padres, madres, niños-, cuyos rostros nos son en su mayoría desconocidos, siguen sufriendo, entre otras cosas por los efectos de conflictos prolongados y guerras reales”.

Francisco reconoció que estos sufrimientos se ven exacerbados por el hecho de que “las guerras modernas ya no tienen lugar únicamente en campos de batalla claramente definidos, ni implican únicamente a soldados“. “En un contexto en el que parece que ya no se respeta la distinción entre objetivos militares y civiles, no hay conflicto que no acabe de alguna manera golpeando indiscriminadamente a la población civil”.

Francisco, con su experiencia y sabiduría, y haciendo referencia al profeta Isaías, sostuvo que “la paz que anhelan los pueblos de nuestro mundo no puede ser sino fruto de la justicia y no basta con dejar a un lado los instrumentos bélicos, sino que hay que afrontar las injusticias que son la raíz de los conflictos” y sostuvo que “entre las más significativas está el hambre, que sigue asolando regiones enteras del mundo, mientras otras se caracterizan por un excesivo desperdicio de alimentos”.

Destacó además que “la explotación de los recursos naturales sigue enriqueciendo a unos pocos mientras deja a poblaciones enteras, que son las beneficiarias naturales de esos recursos, en un estado de indigencia y pobreza”. “Tampoco podemos ignorar la explotación generalizada de hombres, mujeres y niños obligados a trabajar por salarios bajos y privados de perspectivas reales de desarrollo personal y crecimiento profesional”.

Y se preguntaba Francisco de forma contundente: ¿”Cómo es posible que en el mundo actual la gente siga muriendo de hambre, sea explotada, condenada al analfabetismo, carezca de atención médica básica y se quede sin techo”?

“Este proceso de globalización, que ya ha demostrado claramente la interdependencia de las naciones y los pueblos del mundo, tiene, por tanto, una dimensión fundamentalmente moral, que debe hacerse sentir en los debates económicos, culturales, políticos y religiosos que pretenden configurar el futuro de la comunidad internacional“, afirmó.

Un anhelo de Francisco: prioridad a los pobres y a los más necesitados

“En un mundo cada vez más amenazado por la violencia, la agresión y la fragmentación, es esencial que los Estados y las empresas se unan para promover modelos de globalización con visión de futuro y éticamente sólidos”, enfatizaba el Papa argentino.

Francisco deseaba y entendía, que esto implicaba subordinar la búsqueda del poder y el beneficio individual, ya sea político o económico, al bien común de nuestra familia humana, dando prioridad a los pobres, los necesitados y los que se encuentran en situaciones más vulnerables”.

Bergoglio pedía que las propias empresas se guíen cada vez más no solo por la búsqueda de un beneficio justo, sino también por elevadas normas éticas, especialmente con respecto a los países menos desarrollados, que no deberían estar a merced de sistemas financieros, abusivos o usureros.

Permanentemente, afirmaba que este enfoque previsor de estas cuestiones “resultará decisivo para alcanzar el objetivo de un desarrollo integral y solidario de la humanidad”. El auténtico desarrollo debe ser global, compartido por todas las naciones y en todas las partes del mundo, o retrocederá incluso en áreas marcadas hasta ahora por un progreso constante.

Cada nueva generación debe retomar las luchas y las conquistas de las generaciones pasadas

El Papa Francisco siempre recordó que “es evidente la necesidad de una acción política internacional que, mediante la adopción de medidas coordinadas, pueda perseguir eficazmente los objetivos de paz mundial y auténtico desarrollo“.

El Papa Francisco en esta misiva al presidente del Foro de Davos 2024, sostuvo que “espero que los participantes en el Foro sean conscientes de la responsabilidad moral que cada uno de nosotros tiene en la lucha contra la pobreza, la consecución de un desarrollo integral para todos nuestros hermanos y la búsqueda de una convivencia pacífica entre los pueblos”.

Cerró el pontífice el documento sentenciando: “Este es el gran desafío que nos plantea el tiempo presente. Y si, en la persecución de estos objetivos, nuestros días parecen mostrar signos de un cierto retroceso, no es menos cierto que cada nueva generación debe retomar las luchas y las conquistas de las generaciones pasadas, poniendo las miras aún más altas… El bien, junto con el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de realizarse cada día”.

Un nuevo mundo sin Francisco, y con un futuro impredecible

Este es un momento marcado por profundos cambios geopolíticos, tecnológicos y sociales. Con profundas crisis sociales y humanitarias, producto de desigualdades e imposiciones imperiales.

El desafío del presente está en las palabras finales de Francisco, y plantea en su interrogante una salida para la crisis humanitaria mundial: ¿Esta nueva generación retomará las luchas de las generaciones pasadas? ¿Serán capaces de obtener el bien, junto con el amor, la justicia y la solidaridad?

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