
Hace 167 años comenzaba el andar de un tren por las calles de la Buenos Aires colonial.
Desde la Estación del Parque, actual Teatro Colón, hasta el barrio de Floresta.
Por Juan Carlos Cena
El 30 de agosto de 1857, nace el ferrocarril y los obreros y trabajadores ferroviarios. Es el día que comenzamos a andar. Pero antes hubo un período de gestación hasta su puesta en marcha en ese día señalado.
Son días olvidados. Los pocos que recuerdan esta fecha solo mencionan cuando la locomotora inicia su marcha recorriendo su primer metro de vías después del pitazo de partida, pero nunca nadie evoca a aquel que tomó el cordel del pito a vapor con una mano haciéndolo sonar, montando en los vientos el sonido vaporoso del inicio, y con la otra, aflojando el regulador del vapor para iniciar el movimiento esperado: era un ferroviario.
Nunca se menciona a los obreros y trabajadores ferroviarios.

Pero para que el tren arranque, antes, hubo un proceso de
construcción, por eso hay que interrogarse:
¿Quiénes fueron esos constructores?
¿Quiénes clavaron los primeros durmientes, quién o quienes lo yacieron en la tierra, o quienes tendieron rieles, o planificaron la traza del recorrido?
¿Quién o quiénes alistaron los coches de pasajeros, la locomotora, los vagones y esas cosas de los aprestos y de la puesta a punto de la formación y la verificación de las señales, cambios, terraplenes…?
La porteña
Procesos olvidados. Días olvidados.
Los olvidados conscientes, en ese día dividen los nacimientos, no se olvidan de dividir. Se oculta al constructor, que es nada más y nada menos que a los obreros y trabajadores ferroviarios.
Los olvidadizos siempre tratan de esconder el hacer de los proletarios en general. Los que generaron las riquezas de las naciones. En este caso, los ferroviarios, ¿por qué no?
Hay que ocultar la unión del hierro y la carne obrera. Es lo mágico que ocurre en la vida de los oficios, es lo real maravilloso de una identidad, producto de un lar proceso de germinación.
Ocurrió en un rico transcurso de construcción en que nos transformamos en el ferrocarril, fuimos la carnadura aferrada al hierro.

¿Quiénes?
¿Quiénes comunicaron el país, lo integraron y lo vertebraron?
¿Quiénes construyeron locomotoras, vagones, coches para transportar nuestras riquezas?
¿Quiénes diseñaron y montaron coches de pasajeros, dormitorios confortables oara llevar comodidad a nuestros ciudadanos?…
¿Quiénes acudieron a llevar solidaridad en tiempos de sequías o de inundaciones, en tiempos de plagas, como la lucha contra la langosta y la vinchuca, la tucura, la tuberculosis, la lepra, quienes?
¿Quiénes llevaron a la salud a través de los trenes sanitarios por toda la geografía nacional realizando vacunaciones masivas?
¿Quiénes construyeron los policlínicos y consultorios que atendieron, además de los ferroviarios y sus familias, a todos los pobladores del país, quienes?
¿Quiénes construyeron bibliotecas, centros culturales, clubes en las zonas más lejanas del país? Simplemente, contestamos: nosotros, los obreros y trabajadores ferroviarios.
Por ello, para terminar, les entrego una parte del poema del gran escritor Bertolt Brecht que nos ayuda a reflexionar…
¿Quién construyó Tebas, las de las siete puertas? En los libros figura solo nombre de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos los bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida.
¿Quién la volvió a levantar otras tantas?
¿Quiénes edificaron la dorada Lima, en que casa vivían?
¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla China…?
¿Sus albañiles? (…) A tantas historias. Tantas preguntas
Bertolt Brecht
Producción: Secretaría de Prensa: ELGB
Juan Carlos Cena nació en 1936, en Santa Fe, Argentina. En marzo de 1950, ingresó al ferrocarril como aprendiz calderero en los talleres Córdoba. Cursó sus estudios secundarios en la Escuela Fábrica del Ferrocarril. Se especializó en locomotoras diésel. Estudió en la Universidad Tecnológica Nacional de Córdoba. Fue delegado sindical de la Unión Ferroviaria y de la CGT de Córdoba. Fue miembro activo de la Resistencia Peronista. Participó de las huelgas ferroviarias de 1958 y 1961. Fue perseguido por el Plan Conintes en tiempos de Arturo Frondizi. Durante el gobierno de Juan Carlos Ongania, actuó en las Coordinadores Clandestinas Ferroviarias. Estuvo exiliado en México durante la última dictadura militar. Luego de ocupar distintos cargos gremiales, fue Secretario General de la Seccional Organismo Central de la Asociación del Personal de Dirección de los Ferrocarriles Argentinos (APDFA).
Formó parte del Movimiento Interseccional Ferroviario postdictadura militar. Fue activista en las huelgas ferroviarias de 1991 y 1992, año en que fue exonerado del ferrocarril. Su vida siguió asociada al ferrocarril, pero desde entonces su rol cambió. Fundó el Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos (Mo.Na.Re.FA).
Fue y es coordinador de varias escuelas sindicales de distintos gremios. Trabajó como investigador en la Comisión Provincial por la Memoria. Dictó clases en la Cátedra de Derechos Humanos de Filosofía y Letras de la UBA- segmento Movimiento Obrero. Desde fines de los años 90, dio entrevistas radiales, brindó charlas en distintos ámbitos, testimonió en documentales (La próxima estación -2008-, Los resistentes 2009), ofreció notas para la televisión y publicó numerosos artículos dedicados al ferrocarril y sus trabajadores. Algunos de sus libros sobre el tema son: El Guardapalabras. Memorias de un ferroviario (1998); El Cordobazo? Una rebelión popular (1999); El Ferrocidio (2003 y 2008); Crónicas del Terraplén (2007); Ferroviarios. Sinfonía de acero y lucha (2009); Ferrocarriles Argentinos. ¿Destrucción? Recuperación (2012); Historia (Viva) de la Resistencia Peronista (2016)

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