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Escrito por Miguel Ángel De Renzis

Hace veinte años en el sistema de Cablevisión existía un canal llamado “Política y Economía”. Se lo conocía como P&E, y tenía una nutrida programación durante las 24 horas, dedicada exclusivamente a esos temas. De 0.30 a 1.30 hacíamos en vivo nuestro programa, de singular suceso. Es decir, estábamos de lunes a viernes, pero en realidad era de martes a sábados.

De 0 a 0,30 estaba Eduardo Feinmann; de allí nosotros hasta la 1.30. Tenía gran audiencia en los propios políticos, muchos de los cuales a esa hora suelen estar despiertos y otros no pueden dormir por conciencia.

Cuando se producen los hechos del 2001 un asistente de producción, Jesús Rodriguez, ingresa al camarín y me dice textualmente: “…Miguel, mucha gente por Corrientes y mucha más por Callao…”

El estudio de televisión estaba ubicado en lo que había sido el Teatro Picadilly, a metros de la intersección de estas avenidas, donde convergían las multitudes que iban hacia el Congreso.

Por entonces, a las 12 de la noche, por una cuestión casi económica, la mayoría de los canales terminaba la cobertura de sus noticieros. Faltaban 15 minutos para salir al aire; el programa se hacía con tres cámaras en el piso y una cuarta llamada grúa, que toma panorámica desde arriba, que la utilizábamos nosotros pero no el programa anterior. De inmediato pedí una cámara para salir a la calle y salir en directo. Esto era imposible. No había tiempo para el armado, por lo que salí con una cámara a grabar.

Y parados en el medio de la multitud entrevistamos al pueblo a sabiendas que solo nos quedaban 15 minutos para mandarlo al aire.

Desde el gerente operativo del canal que se quejaba por la ruptura de la estética, al dueño del estudio de televisión que reclamaba por haber sacado una cámara sin seguro a la calle, hasta un televidente de Bahía Blanca que nos inició una causa porque decía que nosotros volteamos a De la Rua, todo fue sucediendo de manera vertiginosa.

Nunca imaginamos que esas iban a ser las primeras imágenes de la tragedia. El título en pantalla era DIA DE LA DIGNIDAD NACIONAL. Jamás imaginamos la audiencia de ese momento y mucho menos que éramos el único medio televisivo en vivo en el aire que contaba lo que estaba pasando.

Al terminar el programa y aun con el maquillaje puesto, regresando hacia la zona de mi domicilio, pasé primero por la residencia presidencial de Olivos. Cuando bajé del automóvil y me mezclé con los más de 2.000 vecinos que protestaban a las 2 de la mañana en la puerta de la Quinta, comprobé algo maravilloso: la mayoría se había enterado por nosotros que muchos vecinos se dirigían a la residencia del presidente De la Rua.

Una señora se me cuelga del cuello y me besa, y ahí me di cuenta que tenía el maquillaje puesto. Otros comienzan a aplaudir. Y un grupo de jóvenes, a gritar “Argentina” y “que se vayan todos”. Después llegó el estado de sitio, la renuncia de Cavallo, y al otro día los teléfonos se saturaron con llamados de todo el país. Había sido el portador de un momento único de la historia.

Ese día cerramos el programa con otra placa que decía: “DE LA RUA PIENSA EN RENUNCIAR”. Ya no éramos los únicos. Todo el periodismo ahora si estaba de guardia las 24 horas. Después el helicóptero, 30 muertos y los políticos escondiéndose de su pueblo.

Hoy parece que nada hubiese ocurrido.

TN lo lleva a Cavallo. La ministra de Trabajo y de Seguridad Social de Fernando de la Ruina, Patricia Bullrich, preside el PRO. Lopez Murphy que siguió en Economía a José Luis Machinea, denunciado en la Causa Olmos como el mayor endeudador, fue reemplazado por el corralito de Cavallo. Hoy se sienta como diputado de Juntos por el Cambio. Federico Storani nunca más habló de su rol como ministro del interior del 2001.

Lopez Murphy y Jaunarena fueron también ministros de defensa. Y Machinea, además, ministro de Infraestructura, donde también estuvo el infaltable Lopez Murphy.

Ricardo Gil Lavedra, ministro de Justicia y Derechos Humanos, que fue reemplazado por Jorge De la Rua, nunca habló de la violación de la tumba de Perón ni de la masacre del 20 y 21.

Patricia Bullrich como ministra de Trabajo, le bajó el 13% del sueldo a los trabajadores del Estado y a los jubilados, y reemplazó a Alberto Flamarique, el que pretendió comprar con la Banelco a los senadores.

Graciela Fernandez Meijide salió de la escena y nunca habló de los escándalos de desarrollo social.

Juan Pablo Cafiero, el padre del actual canciller, también fue participe desde el FREPASO y fue ministro de desarrollo social.

Hernán Lombardi, el hoy diputado nacional de Cambiemos, fue el ministro de turismo, cultura y deportes de Fernando de la Rua y el responsable de manejar los medios en el gobierno de Macri. El ingeniero civil Hernán Lombardi fue fiel al otro ingeniero civil, Mauricio Macri y echó a 357 trabajadores de Telam porque no eran ni radicales ni liberales.

Para que esto no sea tan largo, pasaron veinte años. Y parece que el tango tiene razón, veinte años no es nada.

Los que masacraron al pueblo, los que permitieron que bancos extranjeros sacaran por Ezeiza las reservas del país, los que dejaron dos incendios, el del 2001 y el de Macri, resulta que hoy no quisieron aprobar el presupuesto.

Política y Economía dejó de funcionar porque la Productora Pramer de origen norteamericano no quería una señal de política y economía donde nos expresábamos todos con libertad.

Aquellos aplausos en la residencia de Olivos para este periodista eran una caricia al espíritu de los que siempre luchamos por una Patria Justa, Libre y Soberana.