La ciencia advierte y el gobierno está en otra cosa…
Por Horacio Micucci
Frente a la avaricia sin límites del sector social hegemónico de latifundistas y empresariado de la dependencia y de la inacción consecuente del gobierno nacional, el único escudo para defender nuestra vida, nuestro territorio y nuestra soberanía es la organización patriótica y popular, combinada con la Defensa Civil y la Defensa Nacional y con la ayuda de la ciencia y la técnica nacional.

El Niño 2026 en Argentina: qué advierten los organismos meteorológicos
Los organismos meteorológicos señalan la alta probabilidad de un fenómeno grave
El Niño está presente en el Pacífico ecuatorial desde junio de 2026.
El CPC (Climate Prediction Center), el Centro de Predicción Climática de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) elevó a más del 90% la probabilidad de que El Niño alcance intensidad “muy fuerte” —un RONI (Relative Oceanic Niño Index) igual o superior a 2°C— entre octubre y diciembre de 2026.
El RONI es el índice que la NOAA utiliza para comparar la intensidad de El Niño entre décadas, corrigiendo el calentamiento de fondo del océano tropical; a diferencia del ONI tradicional, que se usa para declarar el inicio del fenómeno, el RONI permite establecer si un evento puntual es excepcional en términos históricos.
Según el pronóstico oficial del CPC, además, existe un 69% de probabilidad de que este episodio supere en magnitud a todos los registrados desde 1950, un umbral más exigente, que requiere un RONI trimestral de +2,5°C o más.
Se trata, entonces, de dos probabilidades distintas: una mide persistencia y fuerza; la otra, récord histórico. Combinadas, ambas apuntan en la misma dirección: crecen las chances de que El Niño se convierta en uno de los eventos más intensos jamás registrados.
El diagnóstico de la OPS/OMS coincide con este escenario (Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud. Análisis de la Situación de Salud Pública sobre el fenómeno de El Niño (2026-2027). Washington, D.C.: OPS/OMS; 2026), publicado el 7 de julio de 2026.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de Argentina confirma la presencia del fenómeno de El Niño, el cual se encuentra actualmente en una etapa de intensificación. El Niño está activo y las condiciones comenzaron a fortalecerse durante agosto de 2026. El SMN estima una probabilidad cercana al 100% de que la fase cálida de El Niño continúe durante el trimestre agosto-septiembre-octubre de 2026. Los especialistas esperan que los efectos del fenómeno se extiendan durante varios meses, pudiendo llegar incluso hasta el verano 2026/2027. Algunos advierten que podría alcanzar una intensidad histórica.
La cuenca del Plata —Paraná, Uruguay, Paraguay y sus afluentes— enfrentará excesos hídricos severos desde la primavera hasta todo el verano 2026/2027.
El impacto no será uniforme en todo el país, pero en términos generales se espera:
- Lluvias y Tormentas: El Niño suele favorecer mayores precipitaciones en sectores del centro y norte del país. La primavera será un periodo clave para observar con mayor claridad estos efectos.
- Temperaturas: Se anticipan cambios en las temperaturas, con una tendencia a valores superiores a la media en algunas regiones (como La Rioja) y menor frecuencia de frío persistente. No obstante, no impide que ocurran ingresos de aire frío o jornadas con temperaturas bajas.
- Variabilidad Climatológica: Se prevé una mayor variabilidad meteorológica, con la posibilidad de que se alternen períodos secos con episodios de precipitaciones muy abundantes.
Las Zonas y Sectores con Mayor Riesgo son:
- Litoral y Noreste: Alto riesgo de lluvias abundantes que pueden favorecer crecidas de los ríos Paraná y Uruguay, generando inundaciones en zonas cercanas.
- Región Pampeana y AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires): Riesgo de episodios de precipitaciones intensas que provoquen fuerte acumulación de agua en zonas urbanas y saturación de suelos, especialmente en periodos cortos. Las autoridades de la provincia de Buenos Aires y gobiernos y municipios de otras provincias ya analizan escenarios de riesgo.
En el AMBA la probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal es, en este momento, del 45% (por encima del 33,3% tomado como línea de base climatológica para el sistema de terciles que es la metodología real que aplica el SMN), que es una señal húmeda moderada-alta muy relevante. Mientras, las probabilidades más elevadas se concentran en La Pampa, el sudoeste bonaerense y el norte del Litoral.
- Patagonia: Se observa un ingreso frecuente de sistemas de baja presión desde el Pacífico sur, favoreciendo inestabilidad, precipitaciones y nevadas, pero el riesgo es, todavía, menor a los ya mencionados. La señal de El Niño ahí es históricamente más débil e inconsistente que en el centro-norte del país, pero en el norte patagónico (área de transición pampeana) El Niño sí suele incrementar la frecuencia de tormentas en primavera, a diferencia del extremo austral donde la correlación cae abruptamente.
- Campo y Producción: El aumento de humedad puede beneficiar algunos cultivos, pero los excesos hídricos podrían complicar las tareas de siembra y cosecha.
No es una previsión alarmista: es la lectura sobria de los datos disponibles. Dicho sea de paso, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el INTA, el CONICET y las Universidades Nacionales son los que validan localmente estos datos frente (y a pesar) del desguace presupuestario del gobierno.
Lo que este ALERTA busca demostrar no es si va a llover más de lo normal, sino la necesidad de la organización popular y patriótica para prevenir desastres sociales y económicos en una Argentina que ya está golpeada por una crisis que desespera a una amplia franja poblacional.

Qué es El Niño y por qué puede alcanzar una intensidad excepcional
Lo que dice la ciencia, sin vueltas
El Niño y su fase opuesta, La Niña, son las dos caras de un mismo mecanismo: el ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), un vaivén periódico entre el océano Pacífico ecuatorial y la atmósfera que se repite cada dos a siete años. En condiciones normales, los vientos alisios soplan de este a oeste y empujan el agua cálida superficial hacia Asia y Oceanía, mientras en la costa sudamericana asciende agua fría desde las profundidades. Cuando esos vientos se debilitan, la masa de agua caliente se derrama hacia el este y se instala frente a las costas de Sudamérica. Ese derrame es, en esencia, El Niño.
Para monitorear el fenómeno, la comunidad científica internacional divide el Pacífico ecuatorial en varias regiones clave que, además, se relacionan entre sí (VER MAPA):
- Región Niño 3.4 (Pacífico central): Funciona como el termómetro global del fenómeno. De su temperatura se extrae el Índice Oceánico El Niño (ONI), la medida oficial para declarar el evento.
- Región Niño 1+2 (Costa de Ecuador y Perú): Mide el llamado “Niño costero”, capaz de generar lluvias torrenciales de forma localizada e independiente del Pacífico central.
El diagnóstico de julio de 2026 es contundente: el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) declaró el “Alerta El Niño”: las temperaturas del mar están por encima del promedio en el Pacífico central y oriental, la circulación atmosférica ya responde en consecuencia, y el pronóstico oficial es que el fenómeno se fortalecerá hasta fin de año. Los modelos experimentales de julio del Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos de la NOAA proyectan, en sus treinta simulaciones, un pico de intensidad que podría ser comparable a los eventos más fuertes del último siglo.
Los modelos del Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos de la NOAA corrieron el mismo pronóstico climático treinta veces, variando levemente el punto de partida de cada corrida —una técnica estándar para medir la incertidumbre—. Las treinta coincidieron en proyectar una intensidad comparable a los eventos más fuertes del registro histórico, lo que indica un alto grado de confianza en el pronóstico.
La Organización Meteorológica Mundial evita hablar oficialmente de “Súper Niño” o “Niño Godzilla” — no son categorías técnicas normalizadas— pero eso no cambia el dato de fondo: la magnitud proyectada exige prepararse para un evento severo, y hacerlo ya.
El Niño 2026: el motor climático que reordena el mapa sudamericano
El Niño no golpea a todo el continente por igual y exige respuestas distintas en simultáneo.
El calentamiento en la región costera (Niño 1+2) desata lluvias torrenciales e inundaciones en Ecuador y el norte de Perú, y golpea a la pesca al desplazar a la anchoveta de la corriente de Humboldt.
El calentamiento en la región central (Niño 3.4) —el que más nos interesa— produce un cuadro doble: por un lado, sequías severas, escasez de agua e incendios forestales en Colombia, Venezuela y el norte de Brasil; por otro, precipitaciones muy superiores a lo normal e inundaciones en el sudeste del continente: noreste argentino, Uruguay, sur de Brasil y Paraguay. El Altiplano boliviano y el sur peruano, por su parte, tienden a sufrir déficit hídrico.
El calentamiento en la región costera (Niño 1+2) desata lluvias torrenciales e inundaciones en Ecuador y el norte de Perú, y golpea a la pesca al desplazar a la anchoveta de la corriente de Humboldt.
El calentamiento en la región central (Niño 3.4) —el que más nos interesa— produce un cuadro doble: por un lado, sequías severas, escasez de agua e incendios forestales en Colombia, Venezuela y el norte de Brasil; por otro, precipitaciones muy superiores a lo normal e inundaciones en el sudeste del continente: noreste argentino, Uruguay, sur de Brasil y Paraguay. El Altiplano boliviano y el sur peruano, por su parte, tienden a sufrir déficit hídrico.
Para la Argentina, los relevamientos del SMN y del INTA coinciden en que, desde la primavera de 2026, se consolidará una señal húmeda en el noreste con anomalías de precipitación por encima de los promedios anteriores.
Durante el verano 2026/2027, el núcleo de lluvias se concentraría sobre Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y el noroeste bonaerense, con crecidas de los ríos Paraná y Uruguay que, según los antecedentes de los eventos de 1982/83 y 1997/98, pueden derivar en inundaciones de gran magnitud en toda la Mesopotamia y en el este de la provincia de Buenos Aires.
Argentina ante El Niño: infraestructura, prevención y vulnerabilidad
Cuando la naturaleza se encuentra con carencias estructurales de mucho tiempo
Ningún fenómeno geofísico se desarrolla en el vacío social. El cambio climático global y la creciente recurrencia de eventos extremos no son un castigo divino ni una fatalidad ciega: se montan sobre territorios con infraestructuras postergadas durante décadas, con cuencas y colectores sin mantenimiento, con caminos rurales que no soportan una crecida y con un Estado que, ajuste tras ajuste, recorta las partidas de obra pública preventiva para privilegiar el pago de la deuda fraudulenta, odiosa, ilegítima y usuraria o la especulación financiera.
Se debe reaccionar antes que el agua entre en las casas, se inunden campos o se destruyan y bloqueen rutas o caminos. Se debe evitar lo que ocurrió en recientes desastres con la puntualidad de un ritual: se reacciona cuando el agua ya entró a las casas.
O, simplemente, no se actúa, como en Bahía Blanca.
El 7 de marzo de 2025, Bahía Blanca recibió cerca de 400 mm de lluvia en apenas ocho horas —casi dos tercios de su promedio anual—, un caudal que ninguna obra de la ciudad estaba preparada para absorber: el sistema de desagües databa de un diseño que no toleraba lluvias mayores a 30 mm, el arroyo Napostá carecía de capacidad suficiente y el canal aliviador que hubiera evitado buena parte del desastre directamente no existía.
El resultado fue de 18 muertos, decenas de miles de evacuados y pérdidas materiales estimadas en el orden de los cientos de miles de millones de pesos. Lo más grave no fue la lluvia: fue que, según denunciaron concejales de distintos bloques políticos, la mesa de seguimiento de obras hídricas del municipio estaba discontinuada desde noviembre de 2024, cuatro meses antes de la tragedia.
No era la primera advertencia ignorada: ya en 2021 se habían anunciado licitaciones por 3.000 millones de pesos para infraestructura hídrica en la ciudad, buena parte de las cuales nunca se completó. Recién después de contar los muertos se puso en marcha un plan de obras —reconstrucción de sumideros, refuncionalización del Canal Maldonado, intervención sobre el propio Napostá— que pudo haberse ejecutado antes. Ese, exactamente, es el patrón que este ALERTA busca que no se repita.
Un enfoque riguroso, para los intereses del pueblo y la Patria argentina, exige lo contrario: anticipar medidas preventivas antes de que la catástrofe ocurra. Eso implica ejecutar de inmediato, y no en el papel, un programa integral de obras de infraestructura preventiva, saneamiento hídrico y de preparación sanitaria y ambiental antes de que sea tarde.
Las obras preventivas que deberían realizarse antes de las lluvias
Algunas tareas que no admiten demora son:
- Limpieza, dragado y canalización: de colectores urbanos y rurales, arroyos y cuencas medias y bajas, para evitar el colapso por saturación del suelo.
- Mantenimiento y refuerzo de defensas: terraplenes, diques de contención y estaciones de bombeo en los municipios ribereños del Paraná y del Uruguay y las costas de la provincia de Buenos Aires.
- Infraestructura vial rural: enripiado y elevación de caminos secundarios y vecinales, para garantizar el tránsito de la producción y el ingreso de asistencia médica y suministros básicos durante la emergencia.
- Acopio y reserva estratégica de forraje, granos, agua potable, alimentos, medicamentos y refugios en las zonas de mayor riesgo hídrico.
- Preparación de la infraestructura sanitaria para cubrir las necesidades que surjan.
Nada de esto es una lista de deseos técnicos: es lo mínimo que separa una lluvia intensa de un desastre social.
El Niño y el cambio climático
Como se dijo más arriba, el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) es el principal modo de variabilidad climática interanual del planeta, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales en el Pacífico ecuatorial y su acoplamiento con la atmósfera.
De acuerdo con las evaluaciones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) y la literatura científica consolidada, el calentamiento global de origen antropogénico —cuya raíz estructural remite al modo de producción dominante— no altera el origen del fenómeno en sí, pero actúa como un amplificador termodinámico de sus impactos.
Existe todavía incertidumbre moderada sobre si el cambio climático aumentará la frecuencia con que ocurren los eventos El Niño. Lo que la evidencia científica sí confirma, con alta confianza, es otra cosa: una atmósfera más cálida —capaz de retener más humedad y con un ciclo hidrológico más intenso—provoca un aumento drástico en la variabilidad de las precipitaciones asociadas al ciclo ENSO.
Esto se traduce en un incremento significativo en la severidad de los eventos meteorológicos extremos regionales: sequías más agudas en zonas como el sudeste asiático o el norte de Sudamérica, e inundaciones más destructivas por precipitaciones extremas en el Pacífico oriental y el hemisferio sur.
A esto se suma un factor que no es climático sino territorial: la deforestación, el desmonte en la cuenca alta y el monocultivo reducen la capacidad de absorción de los suelos, y con eso multiplican el riesgo de inundación ante una misma lluvia. La inundación, entonces, no es sólo un hecho climático “natural“: es también el resultado del modelo productivo dependiente y primarizado.
Un desastre que no se reparte por igual
El impacto de un evento de esta magnitud no es democrático ni igualitario. No golpea de la misma manera a los monopolios exportadores, al “Círculo rojo”, al “Establishment”, a los timberos de las finanzas, (que diversifican riesgo y tienen espalda económica) que a las familias trabajadoras de los barrios populares, al campesinado pobre o a los pequeños y medianos productores de la ciudad y el campo.
En los barrios, las inundaciones urbanas y periurbanas provocan anegamientos prolongados, voladura de techos por tormentas severas y colapso de las redes de agua y cloacas, con la consiguiente proliferación enfermedades vectoriales (dengue), hídricas (leptospirosis, afecciones gastrointestinales) y asociadas al hacinamiento (respiratorias). Son las familias con menos capacidad de reposición las que pierden en horas lo poco acumulado durante años y las que terminan desplazadas.
En el campo, la saturación hídrica impide sembrar o cosechar en término, y el barro y las napas freáticas altas pudren las raíces de leguminosas y cereales. La pérdida de pasturas en campos anegados obliga a evacuar la hacienda hacia zonas altas o a malvenderla a precio de remate. A esto se suma la destrucción de infraestructura productiva: caminos rurales intransitables que impiden el retiro de leche en los tambos, pérdidas en instalaciones hortícolas y daños por granizo en galpones e invernaderos. El pequeño y mediano campesino queda atrapado entre el agua y el mercado.
Todo lo anterior en medio de otro desastre social: la política del actual gobierno.
El Niño en Argentina: las zonas con mayor riesgo
¿Dónde podría golpear con más fuerza?
El cruce entre la proyección climática y la vulnerabilidad estructural del territorio permite anticipar, con razonable precisión, tres grandes zonas de riesgo:
- Litoral y Cuenca del Plata (Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Chaco y Formosa): localidades como Concordia, Gualeguaychú y Paraná; Reconquista, Santa Fe Capital y Rosario; Paso de los Libres, Goya y Bella Vista; Resistencia y Barranqueras; Clorinda; Posadas y Eldorado.
- Pampeana Central y cuencas de escasa pendiente o drenaje deficiente: la cuenca del Salado bonaerense, el sudeste, centro y noroeste de la provincia de Buenos Aires, el sur y sudeste de Córdoba y el noreste de La Pampa.
- Noroeste Argentino y Cuyo (Tucumán, Salta, Jujuy, Mendoza, San Juan): riesgo de desbordes de ríos de montaña, deslaves (desplazamiento repentino de una gran masa de tierra, rocas o escombros que baja por una ladera o montaña) y granizadas intensas sobre economías regionales como la frutihorticultura, la vitivinicultura y la caña de azúcar.
Cómo prepararse ante El Niño: comités de crisis y organización preventiva
La respuesta no puede quedar en manos de una oficina
Frente a la magnitud del fenómeno y la lentitud crónica de este gobierno (siempre insensible a los dramas del pueblo), el conocimiento científico tiene que salir del laboratorio y encontrarse con la organización de quienes van a sufrir la emergencia en carne propia.
Es urgente conformar y poner en funcionamiento, ya, comités de crisis multisectoriales en cada municipio, departamento, provincia y a nivel nacional, integrados por tres patas igualmente necesarias:
- Organizaciones de trabajadores, pequeño y mediano comercio urbano y rural y campesinos: sindicatos, cooperativas agrícolas, federaciones de pequeños y medianos productores y movimientos sociales territoriales.
- Comunidad científica y profesional: meteorólogos, ingenieros agrónomos, médicos, epidemiólogos, bioquímicos, farmacéuticos, enfermeros, veterinarios, trabajadores de la salud en general, geólogos y técnicos del INTA, el CONICET y las universidades nacionales, estudiantes y docentes, etc.
- Servicios de emergencia y entes públicos: Defensa Civil, bomberos voluntarios, áreas de salud pública y transporte. Es un caso de Defensa Nacional.
Qué deberían hacer los comités de crisis
Estos comités no pueden limitarse a ser órganos consultivos que firman actas de buena voluntad. Tienen que ser instancias de decisión, control y ejecución popular, con capacidad real de:
- Auditar el destino de los fondos de emergencia y la ejecución efectiva de las obras preventivas.
- Relevar manzana por manzana y chacra por chacra las necesidades prioritarias de cada familia.
- Coordinar la evacuación, el abastecimiento de víveres y agua potable, y la atención médica primaria.
- Reclamar la suspensión del cobro de impuestos y retenciones a los pequeños y medianos productores de la ciudad y el campo que se vean afectados, con subsidios directos y créditos a tasa cero para la reconstrucción productiva.
- Exigir la suspensión del pago de la deuda externa para girar esos fondos a tareas de prevención, ayuda y reparación.
- Crear un Fondo Nacional de Emergencia Hídrica y Sanitaria financiado con la suspensión de los pagos de la deuda y un impuesto extraordinario a las cerealeras exportadoras y monopolios financieros, energéticos y bancarios.
- Imponer impuestos a las grandes fortunas para obtener los fondos necesarios ya.
- Derogar toda legislación que se oponga al interés de la población y de la protección nacional.
Para cerrar – Prevenir antes de que llegue el agua
La naturaleza impone el desafío; eso no está en discusión y la ciencia lo mide con precisión creciente cada semana que pasa. Pero es el conjunto social el que decide si ese fenómeno se traduce en una catástrofe o si se lo enfrenta con prevención, rigor científico y la fuerza organizada del pueblo. Así como el rechazo de las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 abonó el camino hacia 1810, la preparación y acción ante el desastre de un Super Niño puede aproximarnos a un camino de independencia de toda dominación extranjera donde los derechos del pueblo se hagan efectivos.
Los datos de agosto de 2026 ya no dejan margen para la sorpresa: lo que resta es la decisión de organizarse antes de que llegue el agua.
Que no se repita la inacción de los desastres anteriores.
El pueblo argentino no lo debe admitir y tomar con sus manos las medidas necesarias.

