Más de 200 periodistas palestinos fueron asesinados desde el inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza, mientras centenares resultaron heridos, detenidos, desplazados o perdieron sus hogares. En un territorio prácticamente cerrado a la prensa internacional, los reporteros locales se convirtieron en los principales testigos de la guerra y denuncian una ofensiva destinada a silenciar sus voces. Al mismo tiempo, una controversia sobre las cifras y la condición profesional de algunas víctimas abrió otro frente en la disputa por la información.
Periodistas en Gaza: informar puede costar la vida
Portar una cámara, un teléfono o vestir un chaleco de prensa dejó de representar una garantía de protección en la Franja de Gaza. Para los periodistas palestinos, documentar lo que ocurre en el enclave se convirtió en una actividad de altísimo riesgo.
Según el Sindicato de Periodistas Palestinos, citado en uno de los informes, 265 periodistas, entre ellos unas 27 mujeres, fueron asesinados, cerca de 500 resultaron heridos y más de 34 fueron detenidos durante los mil días analizados. La Oficina de Medios del Gobierno de Gaza, por su parte, informó 262 periodistas asesinados y otros tres desaparecidos. Las fuentes no explicaron las diferencias entre ambos registros.
Las consecuencias alcanzan también a quienes continúan trabajando. Entre el 60% y el 75% de los periodistas sobrevivientes perdieron sus hogares o fueron desplazados por la fuerza. Sobre una comunidad de alrededor de 1.200 trabajadores de prensa, esto representaría entre 700 y 900 personas.
Además, más del 80% de las oficinas e instituciones de medios habrían sido destruidas total o parcialmente, provocando el colapso de buena parte de la infraestructura periodística del enclave.
Con electricidad intermitente, falta de combustible, carreteras destruidas y enormes dificultades para acceder a internet, hospitales, refugios, tiendas de campaña y espacios públicos terminaron transformándose en redacciones improvisadas.

El teléfono móvil como última herramienta para contar Gaza
La destrucción modificó radicalmente la manera de ejercer el periodismo. Muchos reporteros trabajan con poco más que un teléfono móvil, un micrófono y una conexión a internet inestable, desplazándose entre edificios destruidos, hospitales, escuelas y refugios.
Esta situación adquiere todavía mayor importancia porque los periodistas extranjeros tienen severamente restringido el acceso independiente a Gaza. Los reporteros palestinos que permanecen dentro del territorio son, por lo tanto, una de las principales fuentes de información directa sobre lo que sucede allí.
Para ellos, la cobertura no consiste solamente en registrar bombardeos. Significa entrevistar a familias inmediatamente después de perder a sus seres queridos, documentar el hambre y los desplazamientos y, simultáneamente, enfrentar esos mismos peligros.
Los periodistas asesinados que se convirtieron en símbolos
Entre los episodios mencionados se encuentra el bombardeo del 25 de agosto de 2025 contra el Hospital Nasser, en Jan Yunis, donde murieron los periodistas Mariam Abu Daqqa, Hussam al-Masri, Muhammad Salama, Muath Abu Taha y Ahmed Abu Aziz mientras desempeñaban su trabajo.
Días antes, el 10 de agosto, un ataque contra una tienda utilizada por periodistas cerca del hospital Al Shifa había provocado la muerte de seis trabajadores de prensa, incluidos los corresponsales de Al Jazeera Anas al-Sharif y Muhammad Qariqa.
Al-Sharif se había convertido en una de las voces más reconocidas desde el terreno. Continuó informando pese a las amenazas, la destrucción de su vivienda, la muerte de su padre y la separación de su esposa e hijos.
Su trabajo se prolongó hasta que fue asesinado en agosto de 2025 junto al Hospital Al Shifa.
Otro de los nombres que atravesó las fronteras de Gaza fue el del escritor, poeta y profesor universitario Refaat Alareer.
Alareer defendía la necesidad de preservar la narrativa palestina y enseñaba a sus alumnos el poder de contar sus propias historias. Fue asesinado durante un bombardeo israelí el 7 de diciembre de 2023 junto con miembros de su familia.
Su legado quedó condensado en una idea que adquirió una dimensión dramática después de su muerte: alguien debía sobrevivir “para contar mi historia”.

La disputa también se libra sobre quién puede ser considerado periodista
Pero la guerra sobre la información abrió otro debate.
El Sindicato de Periodistas Palestinos cuestionó al Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) después de que esa organización retirara 20 nombres de su registro de trabajadores de prensa asesinados en ataques israelíes.
El CPJ tomó la decisión después de que Hamás y la Yihad Islámica Palestina publicaran obituarios en los que señalaban vínculos de esas personas con sus organizaciones, particularmente mediante ramas dedicadas a medios y comunicación.
El sindicato rechazó ese criterio y advirtió que poner en duda la condición profesional de periodistas por supuestas afiliaciones políticas, opiniones o antecedentes ideológicos puede generar un precedente utilizado para justificar ataques contra trabajadores de prensa.
El CPJ, por su parte, sostiene que no incorpora a sus registros a personas que participen en combates o inciten a la violencia. Su listado citado en el material contabiliza 207 periodistas palestinos asesinados durante la ofensiva israelí, además de otros dos fallecidos en cárceles israelíes.
Las diferencias metodológicas explican por qué no existe una única cifra en los tres textos analizados: dependiendo de la fuente y del criterio utilizado, los registros presentan números distintos.

Una batalla por la información en un territorio cerrado
La controversia estadística no modifica un elemento central: Gaza se transformó en un escenario extraordinariamente peligroso para ejercer el periodismo.
La destrucción de medios de comunicación, las muertes, los desplazamientos, las detenciones y las restricciones para el ingreso independiente de periodistas internacionales producen además una consecuencia que trasciende a quienes trabajan allí: reducen la capacidad del resto del mundo para conocer directamente lo que ocurre dentro del enclave.
Los periodistas palestinos sobrevivientes continúan trabajando en esas condiciones.
Cada fotografía, video, entrevista o crónica que logra atravesar el bloqueo informativo constituye no solamente un documento periodístico, sino también un testimonio destinado a permanecer cuando los bombardeos hayan terminado.
La batalla en Gaza, por eso, también se libra sobre la memoria.
Y sobre quién podrá contar la historia.

