El Gobierno nacional dispuso un nuevo recorte presupuestario sobre el área de Defensa que impacta de lleno en el funcionamiento de las Fuerzas Armadas y profundiza la crisis operativa de las tres fuerzas. La medida fue oficializada mediante la Decisión Administrativa 20/2026 y representa una reducción del 2,6% en los recursos asignados al sector para este año, equivalente a más de $48.900 millones.
El ajuste llega apenas una semana después de la presentación del Plan ARMA, el programa oficial de modernización militar impulsado por la administración de Javier Milei, y genera fuertes cuestionamientos dentro del ámbito castrense por la contradicción entre los anuncios de reequipamiento y la reducción de fondos para el sostenimiento básico de las unidades.

Crisis operativa y alerta por alimentos en cuarteles
Fuentes del Ejército advirtieron que el recorte agravará una situación ya delicada en materia de abastecimiento. Muchos efectivos dependen de las comidas diarias en los cuarteles debido a salarios que continúan deteriorados frente a la inflación y que, en numerosos casos, no alcanzan el equivalente a mil dólares mensuales.
Según señalaron, la reducción presupuestaria compromete no solo las raciones alimentarias sino también el pago de servicios esenciales como electricidad, gas y agua en unidades militares distribuidas en todo el país.
La preocupación también alcanza a la operatividad general de las Fuerzas Armadas, ya que el ajuste afecta áreas sensibles vinculadas a logística, mantenimiento y sostenimiento.
Cómo se distribuye el recorte
La Fuerza Aérea Argentina aparece como la más perjudicada por la poda presupuestaria, con una reducción cercana a los $16.500 millones.
Detrás se ubican:
- Ejército Argentino: más de $12.622 millones menos.
- Armada Argentina: alrededor de $11.820 millones de recorte.
Además, el Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF), destinado a financiar reequipamiento militar y proyectos estratégicos, pierde aproximadamente $3.300 millones.

F-16, helicópteros y campaña antártica
Pese al ajuste, el Gobierno mantiene formalmente en pie la compra de los aviones F-16 adquiridos a Dinamarca. Sin embargo, fuentes consultadas señalaron que la continuidad efectiva de la operación dependerá del respaldo financiero y político de Estados Unidos.
Otro de los puntos sensibles es el impacto sobre la logística antártica. Parte de los recortes alcanzan partidas destinadas a combustibles y lubricantes utilizados para la campaña en la Antártida, una de las operaciones estratégicas más complejas que ejecutan las Fuerzas Armadas argentinas cada año.
También se eliminó una partida de crédito externo por $10.620 millones destinada a la incorporación de cuatro helicópteros navales livianos AW109M para la Base Naval Puerto Belgrano, considerado uno de los proyectos más esperados por la Armada en los últimos años.
Un presupuesto cada vez más reducido
El presupuesto destinado a Defensa viene perdiendo peso en relación con el Producto Bruto Interno desde hace años, independientemente del signo político de los gobiernos. Actualmente, cerca del 90% de los recursos del área se destinan al pago de salarios y pensiones, dejando un margen cada vez menor para inversión, mantenimiento y modernización.
Dentro de las Fuerzas Armadas crece la preocupación por el deterioro estructural del sistema de defensa y por el impacto que estos ajustes pueden tener en la capacidad operativa del país en el mediano plazo.

