El cierre del Estrecho de Ormuz
Por Eduardo Mariano Lualdi
Irán declaró formalmente el cierre del estrecho de Ormuz el 2 de marzo de 2026, tras la muerte del líder supremo Alí Khameneí y en medio de enfrentamientos con Estados Unidos e Israel.
Desde esa fecha, Teherán anunció que “ni una sola gota de petróleo” saldría del Golfo Pérsico y amenazó con atacar cualquier embarcación que intentara cruzar. Luego, modificó en su beneficio este anuncio. Decidió el pago de un peaje soberano en yuanes y prohibió la circulación de cualquier nave de EEUU o de aliados de su agresión militar.
El cierre del Estrecho de Ormuz: una decisión estratégica de Irán
Fue una decisión clave de Irán ante la agresión combinada de EEUU e Israel. Una decisión de peso estratégico, tanto militar como político. Es una medida que afecta a otos países de Medio Oriente, socios o aliados de EEUU e Israel.
Transcurridas cinco semanas de la guerra, Trump habló oportunamente de una propuesta de “paz”, de alto el fuego por treinta días de 15 puntos. No se trata, desde ya, de una propuesta de paz, sino de una propuesta que permitiría a EEUU mejorar su situación bélica. Para Irán sería la autopista a su rendición y derrota.
Esa propuesta tiene tres puntos principales:
- alto el fuego por 30 días
- el fin de los ataques a las infraestructuras energéticas de la región
- apertura total del Estrecho de Ormuz.
¿Por qué Irán rechazó la propuesta de EEUU?
Porque esos tres puntos fundamentales no sirven a Irán para su defensa; solo sirven para que EEUU gane tiempo y refuerce su fuerza militar, baje el precio del petróleo y se calmen los mercados financieros. Irán no ganaría nada con la aceptación de esos tres puntos fundamentales de los 15 diseñados por el gobierno de Trump.
La República Islámica de Irán aprendió de lo ocurrido en la llamada guerra de los doce días. En aquel momento, Irán aceptó el alto el fuego y eso solo redundó en el mejoramiento de los planes militares de ofensiva de EEUU e Israel contra Irán, que, como hemos repetido, tienen como objetivo destruir a Irán, derrocar su gobierno y partir Irán en cuatro porciones débiles e inofensivas.
Irán negoció en 2025 y en 2026 con EEUU, y Trump, en dos oportunidades, traicionó a Irán y atacó a esta nación a pesar de que en las últimas negociaciones, Omán, como intermediario, anunció que se habían alcanzado acuerdos significativos.
Estados Unidos destruyó así toda posibilidad diplomática. Es cierto que Netanyahu no apoyaba esta puesta en escena. Tanto Trump como Netanyahu sobreestimaron los disensos internos en Irán, y creyeron que su ataque sería el preámbulo de una extendida y poderosa rebelión popular. Nada de esto ocurrió.

La guerra de los doce días y el fracaso de la estrategia de EEUU e Israel
Por el contrario, el ataque y el asesinato de Ali Khamenei y parte de su familia empujaron la unidad nacional en Irán. La contradicción principal cambió brutalmente, y la oposición nación-imperialismo pasó a predominar.
La brutalidad del ataque alentó, además, la unidad religiosa. El martirio del líder supremo es una señal poderosa para toda la mancomunidad chiita. EEUU e Israel creyeron que asesinar a Khamenei equivalía a eliminar un CEO de una empresa imperialista. Nada más alejado de la realidad.
La contrapropuesta iraní: sanciones, reparaciones y soberanía sobre Ormuz
La República Islámica de Irán hizo una contrapropuesta. Exigió:
- el levantamiento total de todas las sanciones;
- el pago de reparaciones de guerra por el ataque de EEUU e Israel que alcanza cifras varias veces multimillonarias
- el reconocimiento de la soberanía de Irán en el Estrecho de Ormuz con garantías múltiples de que no se producirán nuevas agresiones futuras.
Es obvio que EEUU e Israel no pueden aceptar estas propuestas de Irán, que nunca pensó en que así ocurriría. Entramos entonces en un conflicto de “tierra de muerte”. Solo se sale de él por el aniquilamiento de una de las partes o la rendición de una parte de los contendientes.
Por ello, Trump amenazó a Irán con mandar a esta nación a la edad de piedra. Porque sus estrategas políticos y militares saben que desencadenaron una guerra que no tiene salidas negociadas medianamente aceptables para los contendientes.
Al rechazar la propuesta de EEUU, Irán no le da el tiempo que Trump busca para sacar ventajas en el terreno político, diplomático, militar, energético y financiero.
Queda planteado un conflicto binario en el que Irán sufre destrucción de sus capacidades civiles, pero no pierde en lo fundamental, hasta ahora, sus capacidades militares, y EEUU no puede mejorar su situación militar, ni bajar el precio del petróleo, ni aliviar la presión financiera mundial que sigue incubando una conmoción.
El cierre del estrecho es una clara ventaja para Irán. No solo por cómo afecta el suministro de petróleo de manera global. Además, afecta el flujo financiero al alimentar la disputa dólares-yuanes (que es la disputa interimperialista de EEUU vs. China), al provocar alzas en las tasas de interés y declinación de bonos de EEUU.
También afecta directamente a Europa y otras naciones, en especial de Asia, para apurarlas con gran costo a desprenderse de la subordinación al petróleo administrado por EEUU y sus socios en Medio Oriente, a buscar alternativas de energía que estaban previstas para muchos años adelante, y a desvincularse sin prisa, pero sin pausa del dominio del dólar como moneda de cambio a nivel mundial.

El impacto global del cierre del Estrecho de Ormuz
El cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán enlaza de manera estratégica la capacidad militar de esta nación, la crisis energética y la crisis financiera. Es una medida, a todas luces, fundamental y atinada de parte de una nación que se está defendiendo de una brutal agresión.
La República Islámica de Irán cerró el Estrecho de Ormuz y cobra un peaje en yuanes chinos, un peaje equivalente a dos millones de dólares. Nunca antes en la historia política, militar y financiera de Asia Occidental y Asia Central, en realidad de la historia global, se vivió una situación semejante.
El peaje en yuanes y el golpe al sistema de petrodólares
No se trata de una medida táctica, un peaje circunstancial limitado por el tiempo que dure la guerra de agresión de EEUU e Israel. La medida está vinculada a la exigencia del reconocimiento de soberanía de Irán sobre el Estrecho. Por lo tanto, vino para quedarse.
Irán cobra peaje, pero además exige manifiestos de carga completa y ruta de viaje íntegra. Así tiene la capacidad no solo de cobrar para permitir el tránsito de buques, sino de conocer en su totalidad y con anticipación, qué se importa y qué se exporta por esa vía navegable.
Por el estrecho circulan entre 50 y 150 buques por día, incluso, en oportunidades, ha alcanzado la cifra de 200 buques. El cálculo económico es simple. Solo con una fracción de esos 50, 150 o 200 buques a dos millones de dólares por cada uno, se tiene una aproximación a los ingresos que obtendrá Irán. Son miles de millones de dólares que van a dar a las arcas iraníes sometidas a un bloqueo desde hace años.
El cobro de peaje con yuanes mina el sistema de petrodólares. Abre una grieta financiera que golpea a EEUU. Ya hay varios buques que han pagado el canon en yuanes.
El sistema basado en petrodólares implica, por un lado, que siempre el petróleo se vende en dólares y no en otra moneda. Por otro, que esos miles de millones de dólares se reinvierten en bonos del tesoro de EEUU.
Así se retroalimenta la dependencia de los países petroleros de Asia occidental y central con EEUU. No solo de esos países, sino de todos los demás, porque el petróleo es un bien necesario para todos los países del mundo.

La estrategia militar iraní y el ataque a bases de EEUU
Los países del golfo aceptan entonces la instalación de la fuerza militar de EEUU, con lo que, hasta ahora, se sentían seguros e invulnerables. Son esas bases militares de EEUU que han sido atacadas y muchas destruidas por completo, por Irán.
Esta destrucción era y es esencial al plan de cierre del estrecho de Ormuz y al cobro de peaje en yuanes.
Como se ve, no se trata solo de una medida económica coercitiva, sino de una estrategia bien elaborada por parte de la República Islámica de Irán. Es una estrategia que se retroalimenta cada día.
Irán ataca las bases de EEUU y las estructuras energéticas de los países aliados a EEUU e Israel, cierra el Estrecho de Ormuz y permite su tránsito a buques de naciones que no apoyan la agresión militar y están dispuestos a pagar en yuanes el peaje.
Trump no puede hacer otra cosa que amenazar con destruir por completo a la República Islámica de Irán. El riesgo de esta aventura militar de EEUU e Israel está a la vista.
Guerra asimétrica y expansión del sentimiento antiimperialista
La resistencia iraní alimenta el sentimiento antiimeperialista de muchas otras naciones y pueblos. En la medida que la guerra se prolonga, las complicaciones para EEUU e Israel irán creciendo. Es cierto e indudable, que Irán sufrirá una escala aún mayor de destrucción de sus estructuras vitales fundamentales. Así es la ecuación en la guerra que el imperialismo impone a pueblos y naciones. Es lo que hay se llama “guerra asimétrica”.
Queda el análisis de una serie de acuerdos energéticos y comerciales en los que China impulsa el uso del yuan como moneda de pago en transacciones de hidrocarburos y minerales, desplazando al dólar. Se trata de una política que se está concretando y que puede perjudicar aún más a EEUU y su creencia de que bastan sus capacidades militares para subordinar a todas las naciones del mundo.
Imagen de portada: vista aérea del puerto iraní Bandar Abbas en el estrecho de Ormuz.

