Cumbre Trump – Xi Jinping: ganar tiempo mientras aumenta la competencia estratégica

Donald Trump y Xi Jinping durante la cumbre en Washington sobre comercio y competencia estratégica entre Estados Unidos y China

Por Ernesto Migone

Donald Trump y Xi Jinping acordaron en Washington una extensión de la tregua comercial hasta el 10 de enero, un canje arancelario de 30.000 millones de dólares y un diálogo sobre inteligencia artificial. Los documentos oficiales de ambos gobiernos coinciden en lo comercial y divergen en Taiwán, las tierras raras y la seguridad.

Entre el 23 y el 25 de septiembre, Xi Jinping hizo su primera visita de Estado a Estados Unidos en once años. Fue su segunda cumbre con Donald Trump en cinco meses, tras la de Pekín en mayo. Trump lo recibió en persona en la base Andrews, algo que un presidente estadounidense no hacía desde 1962. Los resultados llegaron en declaraciones y documentos oficiales publicados.

Minutos después de la llegada de Xi a Estados Unidos y tras una reunión no programada con el viceprimer ministro He Lifeng, el secretario del Tesoro Scott Bessent informó que el acuerdo de Busan, que vencía el 10 de noviembre, se extiende hasta el 10 de enero de 2027, para tener “más tiempo para ver qué podemos hacer en el frente económico”. Se mantienen el arancel ligado al fentanilo en 10% y la suspensión de los controles chinos sobre tierras raras. 

De lo firmado en mayo, Pekín cumplió a medias. China compró cerca de la mitad de los 25 millones de toneladas anuales de soja comprometidas. De los 200 Boeing anunciados, unos 140 estarían encaminados, según el representante comercial Jamieson Greer, sin clientes ni plazos conocidos. Los envíos de imanes de tierras raras cayeron un 20% en agosto. Bessent admitió que hubo compromisos chinos “que no fueron perfectos”.

Donald Trump y Xi Jinping en la Casa Blanca.

El acuerdo de Washington, según Trump

El viernes 25, la Casa Blanca difundió su hoja informativa en la que informa la materialización de una Junta de Comercio bilateral con un trato arancelario por 30.000 millones de dólares de bienes no sensibles en cada dirección, una Junta de Inversión y la compra china de al menos 10 millones de toneladas anuales de carbón estadounidense en 2027 y 2028.

Sobre tierras raras, el texto sólo habla de seguir trabajando para “restablecer” los envíos, sin cifras ni fechas. Sobre el fentanilo, la administración trumpista anuncia que China puso bajo control una familia de opioides sintéticos, restringe dos precursores y colaboró en la detención de 21 personas vinculadas al narcotráfico hacia Estados Unidos.

Acerca de la inteligencia artificial, las partes crearon un “Diálogo” que Washington rebautizó “Superinteligencia”, con un canal para notificar incidentes y una nueva ronda en noviembre. El representante comercial estadounidense Jamieson Greer lo comparó con el teléfono rojo entre el Kremlin y la Casa Blanca. La comparación con la Guerra Fría es un diagnóstico de la situación.

En el tema “seguridad”, el documento publicado por Estados Unidos declara que Irán no puede tener armas nucleares y que ningún país puede cobrar peajes en vías marítimas internacionales. Reafirma la presencia militar estadounidense en el Indo-Pacífico y propone negociar un control de armas entre Estados Unidos, Rusia y China. No menciona a Taiwán.

La visión mandarín

Tras la reunión del jueves, la cancillería china difundió su parte oficial. Según ese texto, Xi propuso una relación en la que “la cooperación sea lo principal” y “la competencia se mantenga dentro de límites adecuados”. Pidió a Washington que “adhiera a la posición correcta de oponerse a la independencia de Taiwán” y que maneje la cuestión “con cautela”. El mismo parte atribuye a Trump la afirmación de que la relación “sin duda será un éxito”.

El sábado, Xinhua publicó los ocho puntos de consenso. Confirman el canje de 30.000 millones, el diálogo sobre inteligencia artificial, la cooperación contra el fentanilo, el apoyo mutuo para las cumbres de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y el G20. Coinciden con Washington en que Irán debe cumplir su compromiso de no desarrollar armas nucleares y en que nadie puede cobrar peajes en vías marítimas.

La lista china no menciona el carbón, las tierras raras, el Indo-Pacífico ni el control de armas. Agrega, en cambio, un punto ausente en la versión estadounidense, un memorando entre los dos ejércitos para reforzar la comunicación y la prevención de crisis. En su balance, el canciller Wang Yi habló de “nuevos avances” y sostuvo que el abuso de fentanilo en Estados Unidos “no es causado por China”.

La letra chica del acuerdo

El lunes 28, la oficina del representante comercial Jamieson Greer y el Ministerio de Comercio chino publicaron la letra chica del acuerdo. China rebaja aranceles a 1.619 productos estadounidenses, entre ellos maíz, trigo, sorgo, carne, lácteos, aceite y harina de soja, cuidado personal, equipos médicos y carbón. Estados Unidos lo hace con 77 categorías chinas, como juguetes, vajilla, fuegos artificiales y adornos navideños.

Según Pekín, más del 90% de los productos quedará solo con el arancel de “nación más favorecida”, sin los recargos de la guerra comercial. Chips, autos eléctricos y baterías quedaron afuera. No hay fecha de vigencia, cada país la aplicará cuando complete sus trámites internos.

La soja estadounidense quedó excluida. Sigue pagando en China un 13% de arancel, contra el 3% de la brasileña. Para la Argentina, que tiene unos 20 millones de toneladas de la cosecha 2025/26 sin vender, esa diferencia sostiene por ahora la ventaja sudamericana. En cambio, la carne, el sorgo y el maíz estadounidenses ganan acceso a un mercado donde la Argentina también compite.

Taiwán e Irán, lo que queda abierto

Taiwán no figura en ninguna de las dos listas de acuerdos. El embajador estadounidense en Pekín, David Perdue, afirmó que “no hay cambios” en la política hacia la isla. La cancillería taiwanesa respondió al parte chino que la soberanía de Taiwán “pertenece a todo su pueblo”. La venta de armas por 14.000 millones de dólares que Trump postergó en mayo sigue sin definición.

Sobre Irán, Xinhua informó que Xi respaldó un regreso al memorando de Islamabad. Perdue aseguró que Trump le dijo a Xi que cualquier ayuda china a Teherán es “totalmente inaceptable”. El viernes, Irán propuso reabrir el estrecho de Ormuz en siete días a cambio del fin del bloqueo y de las sanciones. Trump lo rechazó en público, dijo que ese acuerdo “no sería aceptable” y el domingo anticipó que espera retomar las conversaciones esta semana.

El bloqueo naval estadounidense en Ormuz recorta cerca del 12% de las importaciones petroleras chinas y la Casa Blanca pretende que Xi presione a Teherán. El senador republicano John Kennedy lo resumió a su manera, Xi “podría abrir ese estrecho con una llamada”.

Pekín administra esa influencia con cuidado. El 16 de septiembre, el canciller Wang Yi recibió a su par iraní Abbas Araghchi por cuarta vez en tres meses, reivindicó la “asociación estratégica integral” y pidió a “todas las partes” reabrir el estrecho, sin presionar a Irán ni ofrecer un plan de mediación. Difícilmente China haga el trabajo pesado por Trump.

CNN reveló, con cuatro fuentes oficiales anónimas, que imágenes satelitales de grupos chinos afinaron la puntería iraní contra bases y buques de Estados Unidos. Según “esas fuentes”, esos datos contribuyeron al ataque de julio contra una base en Jordania que mató a tres soldados estadounidenses. Washington ya había sancionado a tres empresas satelitales chinas. Ante versiones similares, Pekín rechazó los intentos de ‘echar barro’.

¿Paz fría o treguas parciales en la competencia estratégica?

Trump llegó a esta cumbre más débil que en mayo, por la inflación en alza, la aprobación en caída y una guerra impopular contra Irán, a semanas de las legislativas del 3 de noviembre que condicionarán los últimos dos años de mandato.

Mientras cede tiempo en Asia, empantanado en Irán, reafirma su dominio sobre América. Ante la Asamblea General de la ONU advirtió que usará el “poderío militar sin igual” en el continente y exhibió como antecedente el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro del 3 de enero pasado. Lo hizo en paralelo a una reunión del Escudo de las Américas, la coalición de seguridad que armó con gobiernos afines y en el marco de la doctrina de Seguridad Nacional presentada en la cumbre de Quantico.

Durante octubre serán las elecciones presidenciales en Brasil, un país clave en la disputa chino-estadounidense. En noviembre se reúne el “Diálogo” sobre inteligencia artificial y Xi recibe la cumbre de la APEC en Shenzhen. El 14 y 15 de diciembre, Trump será anfitrión del G20 en su club de golf de Doral. La tregua vence el 10 de enero.

Hay analistas que afirman que Washington y Pekín “fortalecerán la paz fría”, dado que ninguna de las dos potencias puede doblegar a la otra sin arriesgar una crisis global. Otros sostienen que esta tregua parcial parte de la necesidad de Estados Unidos y de la propia China de establecer mecanismos para regular su rivalidad a medida que aumenta su competencia estratégica.

La tregua táctica, signada por la debilidad de Trump y la inestabilidad de Estados Unidos, beneficia en el mediano y largo plazo a China. Es complejo saber si la posibilidad de superar la “trampa de Tucídides” expresada por Xi Jinping es un deseo o una artimaña. La historia demuestra que es difícil de evitar.

Publicado en tigresdepapel.com.ar

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