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Los juegos del poder que definen el plan económico de Milei

Escrito por Miguel Ángel De Renzis

Los ejemplos que deja al descubierto la nueva relación que habrá a partir del 10 de diciembre entre el poder económico y el gobierno nacional.

¿Quién definirá la política económica?

Una cara nueva para el público desembarca en la economía, Joaquín Cottani. De Wall Street al Palacio de Hacienda.
No hacen falta definiciones precisas para ir conociendo el perfil que va a tomar el nuevo plan económico.
Demasiadas definiciones confunden, como las que suele arrojar Diana Mondino.

Hay otros gestos que resultan más elocuentes. Que Javier Milei elija a Luis Caputo como futuro titular del Palacio de Hacienda, y que este convoque de inmediato a Joaquín Cottani a acompañarlo en la aventura.

Que YPF haya quedado en manos de un alto funcionario de «Tecpetrol», que el Banco Central haya vuelto a ceder ante la presión extorsiva que practica Marcos Galperín.

Que la industria automotriz haya lanzado un masivo plan de reducciones de personal de plantas, que justifica sonriente Cristiano Rattazzi, con su desparpajo habitual.

Lo qué tienen en común estos ejemplos es que en cada uno de ellos, está el poder económico escondido y agazapado mostrando las garras. Haciendo valer de antemano el papel que van a ocupar en el gobierno por asumir y en su política económica.

El lobo con piel de oveja

Los analistas apuntan a Luis Caputo y Joaquín Cottani mostrando como antecedente más destacado, las funciones que cumplió el primero en el gobierno de Mauricio Macri y el segundo en la primera etapa de la gestión de Domingo Cavallo en los aciagos tiempos de Menem.

Por lo que convendría no descuidar sus respectivos pasos en la actividad privada, porque estamos poniendo al zorro a cuidar el gallinero.

Caputo fue Jefe de Trading para América latina del JP Morgan (líder mundial en servicios financieros) entre 1994 y 1998. Tuvo el mismo rol en el Deutsche Bank de 1998 a 2003, y luego fue presidente de la filial argentina de la entidad alemana desde 2003 a 2008.

En ese último año creó su propia sociedad de inversiones, Axis, traficando con títulos privados y públicos hasta el mismo día que fue designado secretario de Finanzas bajo las órdenes de Alfonso Prat Gay.

Jamás trabajó a favor del estado, siempre para los intereses foráneos.

En uno de los informes sobre cuentas ocultas conocidos como «Paradise Papers», aparece vinculado a fondos de inversión radicados en las Islas Cayman, Delaware y Miami.

Argentina es el único país del mundo en el que no es incompatible fugar divisas y ser, o volver a ser, funcionario del gobierno como si fuese una blanca palomita.

Cottani, pasó la mayor parte de su carrera profesional en Nueva York. Tuvo importantes funciones operativas para Lehman Brothers (la banca de inversión que quebró en 2008, desatando la crisis financiera internacional en los Estados Unidos).

También fue funcionario del Citibank, Standard & Poros, Global Tradings, Lat Am Credit y Leading Edge GC Corp.

Se puede decir que ambos son especialistas en finanzas y mercados, pero desde la visión de la banca internacional y los intereses corporativos dominantes, ambos formados en el principal centro financiero mundial.

Caracterizarlos como «macrista» o «cavallista» es minimizar el rol que van a cumplir. Son soldaditos del sistema de poder financiero mundial desde siempre, a cuya lógica y escala de valores adhieren tiempo completo.

Con ese curriculum a cuestas, uno tuvo un rol importante en el gobierno de Menem y el otro, en el gobierno de Macri. Ambos, ahora, desembarcan en el gobierno de Milei.

La nueva economía

Las novedad de esta semana fue la apertura de listas de retiros voluntarios. Una invitación al despido consensuado y promovido por grandes empresas, en varias automotrices y algunas autopartistas. Un botón de muestra de cómo se mueven los factores de poder en coyunturas económicas cambiantes y sacar provecho.

La industria automotriz es un rubro fuertemente concentrado. No hay terminales chicas, ni medianas, ni tampoco nacionales. Son una docena de filiales de multinacionales que, localmente, cumplen el rol que les asigna la casa matriz.

No se los ve muy preocupadas por los anuncios de que Argentina no adherirá al BRICS, ya que eso no significa que se corten las relaciones comerciales con Brasil.

Saben muy bien que los acuerdos entre ambos países benefician a la industria automotriz (en Brasil y en Argentina son las mismas multinacionales) y no se verán afectados ni sufrirán ninguna acción gubernamental en su contra.

Cristiano Rattazzi, «ex» industrial del sector, explicó las reducciones de personal en las plantas automotrices como «un ejemplo de la gran capacidad de adaptación» a situaciones que tienen y agrega que «una empresa tiene que poder desprenderse de una persona si no la está utilizando».

Lo dijo hace unas horas, aunque parezca una sentencia de varios siglos atrás. Momentos antes, se había declarado «totalmente encantado» con los planes económicos de Milei.

Rattazzi se olvida que el patriarca de las empresas de automóviles, Henry Ford, fue el impulsor de la jornada laboral de 8 horas. Y los buenos salarios, porque los trabajadores tendrían que ser compradores de lo que producían.

Las multinacionales automotrices avizoran un futuro cercano recesivo, en el que la venta de autos de alta gama no sufrirán el impacto, pero no se expandirá. Habrá menos demanda de autos medianos por el deterioro de la clase media, por lo cual la «mejor forma» de adaptarse a la situación es reducir turnos de trabajo y planteles.

Traducido a buen porteño, echar trabajadores para achicar los egresos y mejorar sus resultados.

Ya no hay un gobierno que les cuestione la metodología, porque el gobierno que defendía al trabajador está en retirada y el que viene no objeta, por el contrario, apoya esas modalidades patronales.

Si esto no les abre los ojos para reconocer el funcionamiento de la economía que se viene, es hora de ir al oculista, y al psicólogo, salvo que usted sea del mismo poder económico y político que Rattazzi.

Marcos Galperín con su Mercado Pago ve como muy provechoso que las cuentas bancarias de sus clientes estén atadas a la billetera electrónica de su marca.

A Galperin no le importa si el Débito Inmediato pone en riesgo de estafas al sistema por la facilidad que le otorga a otras aplicaciones para acceder a las cuentas bancarias de sus clientes, sin conocimiento de estos.

Rechaza cualquier solución que le imponga una molestia a su propio negocio y sabe lo que tiene para poner en juego y ganar la batalla. Esta semana lo volvió a hacer.

Otra lección de la nueva economía: si a la empresa monopólica le molestaba una regulación de la autoridad monetaria, ya no habrá regulación. Es la propia empresa monopólica quien dispondrá la desregulación.

Es muy clarito ver en el horizonte quién ejerce el poder real en la economía, simplemente miremos los últimos hechos que afectaron los precios de góndola. No fue el mercado, fueron los formadores de precios, que es la misma industria alimenticia.

En la letra escrita, siguen vigentes los acuerdos de Precios Cuidados para noviembre y los ya fijados para diciembre. Pero las empresas líderes en alimentos decidieron desconocerlos, porque interpretan que el gobierno actual «ya no existe» y el que está por llegar anticipó su oposición a toda forma de «regulación o control» de precios.

Con ese convencimiento, remarcaron encantados y en un mes acumularon subas del 30 al 50 por ciento, y en algunos productos en particular de hasta el 100 por ciento.

Los empresarios sabían qué habría ninguna crítica de las futuras autoridades, aludiendo a «abusos» ni pidiendo prudencia en esta transición en el caso de precios y tampoco en las suspensiones o despidos de personal.

Darle la cancha libre a la capacidad de ejecución a los factores de poder económico es una decisión política.
¡Era sabido lo que sucedería, pero ahora se está empezando a verificar en la práctica!

Es importante saber la metodología política y empresaria que llevo Milei a la Rosada. Ahora a llorar a la Iglesia. Un 50% votó esta nueva Argentina y la vamos a sufrir el 100% de los argentinos.