
Escrito por Cecilio Panella
La crisis política desatada en Uruguay por el ocultamiento de datos a la Justicia por un pasaporte entregado al narcotraficante Sebastián Marset, sigue impactando en el gobierno del presidente liberal Luis Lacalle Pou y en todo el sistema institucional del país vecino.
Ya tuvieron que renunciar el canciller Francisco Bustillo y el ministro del Interior, Luis Alberto Heber; su segundo, Guillermo Maciel, y el influyente asesor de comunicación de la Presidencia, Roberto Lafluf.
Pero esas dimisiones no fueron suficientes y el mandatario oriental fue duramente cuestionado en el Congreso por el opositor Frente Amplio de izquierda, e incluso por sectores de la coalición de gobierno, como el partido derechista Cabildo Abierto.
La crisis detonó el 31 de octubre pasado con la renuncia de Bustillo, tras filtrarse audios de una conversación telefónica suya en noviembre de 2022 con la entonces vicecanciller Carolina Ache.
En ella el canciller presuntamente le sugería que “pierda” el celular para evitar darle a la Justicia conversaciones vinculadas a la entrega del pasaporte uruguayo a Marset.
Finalmente, Ache entregó a la Fiscalía los chats cruzados con Bustillo.
Además, aportó documentación para probar que el asesor presidencial Lafluf destruyó un acta notarial de la Cancillería que contenía chats que mantuvo sobre el tema con el subsecretario de Interior Maciel, y le pidió a ella que borrara los mensajes y certificara con una escribana que no estaban en su celular.
Sobre la reunión donde se habrían borrado pruebas que pedía la Justicia, el presidente Lacalle Pou dijo: “sí, estuve dos minutos, saludé. Pedí que se convoque. Estuve, pero no participé”.
Mientras tanto, en el Frente Amplio y aun con matices, también en los partidos Nacional y Colorado, los socios mayores de la coalición de gobierno, hay sectores que consideran que el escándalo es suficiente como para impulsar más relevos.
El jefe frenteamplista, Fernando Pereira, dijo que “nadie se explica por qué en el Uruguay se le dio un pasaporte a un narcotraficante pesado y peligroso”.
Agregó que «los uruguayos esperaban algo más que las renuncias». El senador Guillermo Domenech (Cabildo Abierto) juzgó que “el país, y no ya el sistema político, se merece explicaciones sobre lo que ha sucedido”.
Por su parte, el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Pablo Mieres, jefe del oficialista Partido Independiente, pidió ir “hasta el hueso” con quienes “cruzaron la línea de la legalidad”.
En cambio, Álvaro Delgado, secretario de la Presidencia, se mostró «sorprendido» por la «suspicacia» opositora a la hora de sugerir un posible vínculo entre el narcotráfico y la política.
“No vale todo”, aseveró Delgado en nombre del gobierno uruguayo.
¿Quién es el narco beneficiado?
El uruguayo Sebastián Marset tiene 32 años y lidera la organización Primer Cartel Uruguayo (PCU), una organización narco con ramificaciones en la región.
En 2021, Marset fue capturado en Dubai después de ingresar a Emiratos Árabes Unidos con un pasaporte paraguayo falso.
Presuntamente contactó a funcionarios del gobierno uruguayo y recibió un nuevo pasaporte de su país, por lo que fue liberado de inmediato.
Requerido por Interpol, este narco también figura como presunto líder de una red dedicada al narcotráfico en Paraguay, y su nombre aparece asociado al asesinato del fiscal paraguayo antimafia Marcelo Pecci, ocurrido en Colombia en mayo de 2022 durante su luna de miel.
Marset, Luis Amorim o Gabriel De Souza Beumer – los tres nombres con que se hacía llamar según el país que frecuentara – hoy es una incógnita. Nadie sabe dónde está, pese a que su rastro es seguido por la DEA, Interpol y al menos tres países: EE.UU, Paraguay y Bolivia.
Otros hechos cuestionables
La gestión de Lacalle Pou ya enfrentó varias situaciones críticas, pero quizás precisamente por eso la reacción de los socios del gobierno (partidos Nacional, Colorado, Independiente y Cabildo Abierto) fue esta vez más dura.
Entre esos casos, figuran la venta de pasaportes a rusos por una organización que encabezó el exjefe de Seguridad de la Presidencia, Alejandro Astesiano; las presuntas irregularidades con contratos de publicidad del Ministerio de Turismo; la concesión por 80 años del puerto de Montevideo; la contratación directa de un hotel propiedad del esposo de una senadora oficialista para alojar a gente en situación de calle durante la pandemia.
Antes de estallar el caso Marset, el oficialismo se quedó sin uno de sus hombres claves en el Senado: Gustavo Penadés, quien fue separado de la banca por las denuncias sobre el pago de favores sexuales a menores.
A un año de irse del Gobierno
Al gobierno de Lacalle Pou le queda un año de mandato (en Uruguay los períodos presidenciales son de 5 años sin reelección inmediata), con elecciones previstas para fines de octubre de 2024.
¿El escándalo Marset podría cambiar el estado de ánimo del electorado? ¿Hay chances de que se rompa la coalición gobernante, lo que sería un golpe político para la derecha uruguaya? ¿El Frente Amplio va a tener la posibilidad de sacar ventaja y volver al poder?
Todo dependerá de cómo evolucione esta crisis política e institucional que afecta al Uruguay. Hay una investigación judicial en curso que nadie sabe cómo terminará.
Y una perlita para la comidilla de la política rioplatense: el eyectado canciller Francisco Bustillo es íntimo amigo del presidente argentino Alberto Fernández.
La relación entre ambos se remonta a cuando Bustillo era embajador en Argentina y Alberto era jefe de Gabinete de Néstor Kirchner. Durante esos años las relaciones entre Argentina y Uruguay se tensaron por la instalación de la pastera UPM (Ex Botnia).
Ambos mantuvieron extensas reuniones para intentar solucionar el conflicto. De ahí nació una amistad que se mantiene hasta el día de hoy.
Bustillo, conocido como «Pancho», es tan amigo de Fernández que lo tuvo como huésped en Madrid cuando era embajador uruguayo en España y el argentino era candidato presidencial.
Alberto quería evitar al embajador de Mauricio Macri en España, el dirigente peronista misionero Ramón Puerta.
Como devolución de gentilezas, el argentino lo invitó a celebrar en Olivos en la primera de sus noches presidenciales. Cuando asumió como presidente, “Pancho” no solo estuvo en aquel festejo íntimo, sino que con su esposa durmieron en Olivos.



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