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Cadenas sobre el Paraná: el eco eterno de la Vuelta de Obligado

El 20 de noviembre de 1845, siendo el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, encargado de las Relaciones Exteriores de la entonces Confederación Argentina, tuvo lugar el combate con las fuerzas anglofrancesas conocido como La Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro.

La escuadra imperial intentaba obtener la libre navegación del río Paraná para poder comerciar tanto con Paraguay como con las provincias del litoral y auxiliar a Corrientes, provincia enfrentada al gobierno de Rosas.

La defensa estuvo a cargo del general Lucio N. Mansilla, quien tendió de costa a costa barcos “acorderados” sujetos por cadenas. La escuadra invasora contaba con fuerzas muy superiores a las locales.

A pesar de la heroica resistencia de las fuerzas argentinas, la flota extranjera rompió las cadenas colocadas de costa a costa y se adentró en el Río Paraná.

La Vuelta de Obligado es una de las mayores epopeyas militares de nuestra patria. Una gesta victoriosa en defensa de nuestra soberanía política, económica y territorial que puso a prueba exitosamente el coraje y el patriotismo de argentinas y argentinos, lamentablemente silenciada por la historiografía liberal escrita por la oligarquía porteñista, antipopular y europeizante, vencedora de nuestras guerras civiles del siglo XIX. (1)

Gran Bretaña y Francia se habían unido para expandir sus mercados aprovechando el invento de los barcos de guerra a vapor, que les permitían internarse en los ríos sin depender de los vientos y así alcanzar nuestras provincias litorales, el Paraguay y el sur del Brasil.

Esas intenciones eran confirmadas por los casi cien barcos mercantes que seguían a las naves de guerra.

La pretensión imperial era independizar Corrientes, Entre Ríos y lo que es hoy Misiones, formando un nuevo país, la “República de la Mesopotamia”, que empequeñecería y debilitaría aún más a la Argentina.

Este hecho fue ocultado por más de un siglo y medio de la historiografía oficial. Solo fue registrado por las versiones “revisionistas” de nuestra historia.

La Batalla de Obligado tuvo su primer reconocimiento oficial en 1973 con el gobierno del general Juan Domingo Perón, que sancionó el 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional, lo que fue nuevamente enterrado por la dictadura en 1976, y recién vuelto a rescatar en 2010 por el gobierno de Cristina Fernández.

El carácter popular y anticolonialista de la gesta de Obligado

El 23 de setiembre de 1845, Francia e Inglaterra, conjuntamente, declararon el bloqueo de todos los puertos argentinos y uruguayos. Y en noviembre, las flotas inglesa y francesa en el Río de la Plata comenzaron a remontar el Paraná, con la intención de abrir el río para su tráfico directo con Corrientes y Paraguay.

La actitud del gobierno de Rosas de defensa de la soberanía nacional concitó el apoyo popular

Ni el reino del terror impuesto por Rosas –cuando el puñal de la Mazorca asesinaba sin miramientos a todos sus enemigos políticos– ni su carácter de “Restaurador de las Leyes” (de las leyes feudales, habría que decir) justificaron el que la mayoría de los unitarios se hayan ubicado del lado del bando francés o anglo-francés, según el caso, contra nuestro país. Esto los divorciaría totalmente de las masas populares que, a pesar de estar divididas frente a la tiranía de Rosas y de su contradicción objetiva con ella, la apoyaron contra las agresiones francesa y anglo-francesa. (2)

Las flotas arribaron a San Pedro el 18 de noviembre. En la mañana del 20 el general Lucio N. Mansilla, cuñado de Rosas y padre del genial escritor Lucio Víctor, arengó a las tropas: “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”. (3)

Mientras las fanfarrias todavía tocaban las estrofas del himno, desde las barrancas del Paraná, nuestras baterías abrieron fuego sobre el enemigo. La lucha, claramente desigual, duró varias horas hasta que por la tarde la flota franco-inglesa desembarcó y se apoderó de las baterías. La escuadra invasora pudo cortar las cadenas y continuar su viaje hacia el norte. En la acción de la Vuelta de Obligado murieron doscientos cincuenta argentinos y medio centenar de invasores europeos.

Las palabras del General Don José de San Martín

El padre de la patria escribió desde su exilio francés: “Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside a la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y el resto de las demás provincias, y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido, que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero; ello es que la totalidad se le unirán (…). Por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya mostrado) que el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América la misma influencia que lo sería en Europa; este solo afectará a un corto número de propietarios, pero a la mesa del pueblo que no conoce las necesidades de estos países le será bien diferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante sus hostilidades, es decir, declarar la guerra, yo no dudo que con más o menos pérdidas de hombres y gastos se apoderen de Buenos Aires (…) pero aun en ese caso estoy convencido, que no podrán sostenerse por largo tiempo en la capital; el primer alimento o por mejor decir el único del pueblo es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en muy pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado, imposible de ser atravesado por una fuerza europea; estoy persuadido será muy corto el número de argentinos que quiera enrolarse con el extranjero, en conclusión, con siete u ocho mil hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería volante, fuerza que con una gran facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires”.

La posición de San Martín en esa oportunidad, enviándoles el sable corvo a Rosas y ofreciendo sus servicios para la defensa de la patria, fue una bofetada que aún hoy arde en las mejillas de nuestra oligarquía liberal.

La firme actitud de Rosas durante estos episodios le valió la felicitación del general San Martín y un apartado especial en su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

Fuentes

(1) Una epopeya largamente ocultada – Pacho O’Donnell

(2) Historia Argentina (tomo II, págs. 51/55) de Eugenio Gastiazoro

(3) El Historiador – Felipe Pigna